Diario de Rumania (4): Las iglesias de madera de Maramureș
Diario de Rumania (4): Las iglesias de madera de Maramureș

Diario de Rumania (4): Las iglesias de madera de Maramureș

 

Empezamos otro día de iglesias y monasterios. Lo primero en la lista es el monasterio de Humor, que además lo tenemos bastante cerca. Nos despedimos de María, que sale para decirnos adiós, pese a que hace un frío que pela y es tempranísimo. Una mujer encantadora, sin duda.

Monasterios de Humor, Sucevița y Moldovița

Tenemos suerte porque están en plena liturgia, así que no solo pasamos gratis, si no que podemos presenciar cómo es una misa ortodoxa. Una de las principales diferencias con la católica es que la zona del altar se encuentra tras unas puertas, a las que solo tiene acceso el sacerdote. Las monjas se encuentran fuera, realizando cánticos que retransmiten con un altavoz.

Realizamos algunas fotografías, también desde la torre que hay justo en frente, lo que nos da una perspectiva muy chula del monasterio. Estamos un rato, queremos esperar a que acabe la misa para poder ver bien la parte interior, ya que nos da un poco de apuro estar ahí de turismo con la misa en curso… pero parece que no van a acabar nunca, así que nos marchamos. Esto lo descubriremos más tarde, pero las misas pueden llegar a durar hasta cuatro horas.

 

El siguiente destino es el monasterio de Sucevița, donde nos toca pagar aparcamiento. No es caro, son 3 leu más los 10 que cuesta la entrada por persona. Este monasterio lo tienen muy cuidado, no es que el resto no lo esté, pero me gusta especialmente el entorno. Hay unos rosales preciosos alrededor. Aquí, eso sí, nos encontramos con más turistas. Y también unos fotógrafos aparentemente profesionales, que deben estar haciendo algún trabajo de documentación de los pinturas exteriores, a los que aprovechamos para pedir una foto… y es que no suele ser fácil que alguien nos haga fotos con nuestra cámara y que queden bien.

Este monasterio tiene como curiosidad que se conoce el nombre del autor de sus pinturas, algo al parecer nada común en el mundo ortodoxo. Concretamente,  la iglesia fue pintada por los monjes Ion y Sofronie y su taller.  Las pinturas datan de alrededor de 1601, que convierten a Sucevița en uno de los últimos monasterios en ser decorados en el famosos estilo moldavo de pinturas exteriores.

 

Seguimos la ruta, pasando por un mirador desde el que tenemos una vista preciosa del hayedo que nos rodea, hasta llegar al monasterio de Moldovița. El último de la ruta, construido por Esteban el Grande, rey de Moldavia. El estado de conservación posiblemente sea de los mejores, sobre todo la representación del “Asedio de Constantinopla”, que nos parece espectacular. Se supone que la entrada son también 10 leu, pero no hay nadie en la taquilla y las monjas que se ven van como con prisa, así que optamos por dejar un donativo en el cepillo.

Y ahora ya, concluida la ruta por los monasterios pintados, nos vamos a ver iglesias de madera.. siguiendo por los interminables y preciosos bosques de esta zona.

Las iglesias de madera

Hacemos una pequeña parada en la iglesia de madera de Carlibaba, que no es que sea histórica, de hecho tiene pocos años, pero pasamos por delante y nos parece que el trabajo de madera de la puerta es una maravilla, así que bajamos a verla. Por fuera, eso sí, porque está cerrada.

Luego continuamos hasta Leud, la primera iglesia pintada de nuestra ruta. Está cerrada, pero en la puerta hay un cartel donde ponen un teléfono. Llamamos y decimos la palabra mágica “biserica”, y en 10 minutos un señor aparece para abrirla. Biserica signfica iglesia, no es ningún conjuro. La iglesia por dentro es muy diferente de lo que hemos visto en Bucovina. Para empezar, es todo madera, y la pintura sobre madera es otra cosa completamente diferente. Los dibujos además son mucho más infantiles, más simples, con un contenido más para todos los públicos… en Bucovina hemos visto hasta decapitaciones. A ver, se supone que son martirios de los santos y todo eso, pero aún así, la diferencia es abismal. Por último, no están tan bien conservados, aunque no están en absoluto mal, pero obviamente la madera es bastante más compleja de preservar.

Estas iglesias de madera también son Patrimonio Mundial de la Humanidad, se construyeron durante los siglos XVII y XVIII, en el lugar de iglesias más antiguas. En ese momento estaba prohibido construir iglesias de piedra, así que las hicieron de madera.

 

Al acabar la visita, el señor nos regala un cuadrito pequeño de una virgen. No nos cobra entrada, pero nosotros dejamos un donativo en el cepillo. Solo por la molestia de venir a abrirnos, bien lo merecen.

Los alrededores de la iglesia no son menos curioso que esta. Obviamente, hay un cementerio, pero uno con mucha vida. Concretamente hay un par de mujeres limpiando las tumbas y un grupito de niños jugando en ellas. Dos niñas pequeñas, de unos 7-8 años, limpian con agua y jabón la tumba de una niña que murió con su misma edad, hará unos 9 años. Nos da mucha pena porque suponemos que será de su familia, pero no deja de llamarnos la atención la relación de estos niños con el cementerio, jugando entre sus tumbas, limpiándolas… conviviendo con algo que es tan tabú en nuestra sociedad como es la muerte.

Seguimos hasta la iglesia de Bogdan Voda, pero solo conseguimos verla por fuera. Está cerrada y no hay ningún teléfono. Hay un señor que está recogiendo hierbas del cementerio jardín que la rodea, pero no sabe nada… o no nos entiende. Así que nos vamos.

En la lista sigue la iglesia de Rozavlea, pero también está cerrada y el señor al que llamamos nos dice que no va a abrir hasta mañana a las 9. Esta tiene el cementerio más grande de todos alrededor, queda muy chula la imagen de la torre de madera con el atardecer de fondo además.

La última parada es el monasterio de Barsana, que contra todo pronóstico está abierto. Es un conjunto bastante grande, con varias edificaciones, de entrada gratuita. Parece más un templo balinés que un monasterio ortodoxo, aunque no es tan antiguo como las iglesias que hemos visitado hasta ahora. Los jardines son muy bonitos y el atardecer no hace más que mejorarlos.

Ponemos rumbo a nuestro alojamiento, nuevamente la casa de invitados de una familia rumana. El dueño, que también es simpatiquísimo aunque es su mujer la que medio chapurrea inglés, nos recomienda un sitio para cenar que está a unos 5 kilómetros. Vamos, pero desafortunadamente está lleno… y es una pena porque tiene una pinta estupenda. Vamos a otro sitio que encontramos en Google pero no tienen comida, se les ha agotado nos dicen. Así que acabamos en el supermercado, comprando algo de embutido rumano para cenar.