Lagunas de Ruidera y Tablas de Daimiel

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Con dos grandes viajes previstos para este año, las vacaciones de verano se han visto reducidas a fines de semana largos y pequeñas escapadas por los alrededores de Madrid. Una de esas escapadas de fin de semana ha sido a Albacete y Ciudad Real, donde hemos visitado dos lugares que llevábamos tiempo queriendo conocer: las lagunas de Ruidera y las tablas de Daimiel. A menos de 250 km de Madrid, se trata de una zona perfecta para pasar un fin de semana y desconectar un poco del ritmo de la ciudad. Mucha naturaleza, posibilidad de bañarte en las lagunas y de disfrutar de la gastronomía local. Un plan perfecto, ¿no?

Lagunas de Ruidera

No teníamos nada claro lo que nos íbamos a encontrar al llegar a las lagunas y, la verdad, lo que vimos nos sorprendió muy gratamente. A mí, personalmente, me recordaba a la zona de Mammoth Lakes en Yosemite (con sus evidentes diferencias). Es una zona preciosa, con unos paisajes espectaculares, donde se combinan el bosque mediterráneo y el bosque de rivera con el ecosistema de las lagunas de manera increíble.

El agua que fluye a lo largo de las 14 lagunas procede de un acuífero subterráneo, por lo que incluso cuando las lluvias escasean el conjunto puede tener agua. Esta se va filtrando desde la primera laguna -la laguna blanca (la única que se seca cuando el acuífero baja de nivel-  desbordándose de unas a otras. Este desbordamiento se produce sobre las barreras tobáceas o travertinos (acumulaciones de sedimentos que se formaron hace 10.000 años) que separan las lagunas, haciendo que cada una de ellas tenga unas características propias: mayor o menor visibilidad, distintos tipos de flora (e incluso árboles sumergidos), colores turquesas o azules intensos, etc. De la flora, destaca sobre todo la masiega que crece en las orillas: es una planta bastante vulnerable que solo crece en aguas muy limpias y que da una idea de la calidad medioambiental que tiene el parque. También se pueden encontrar muchas eneas y carrizo (que, bien compactado, se utilizaba para hacer los techos de las casas), entre los que nadan multitud de peces, patos y reptiles varios.  En cuanto a las márgenes, el árbol típico de la zona es la encina, aunque ciertas zonas se han repoblado con pinos.

La pena es que todo este entorno no fue declarado Parque Natural hasta 1979. Para entonces ya se habían construído multitud de viviendas y comercios en la zona. Hay lagunas más retiradas que están intactas, pero otras están rodeadas de casas pegadas a la orilla. Una lástima porque no solo estropean un paisaje impresionante, sino que propician actividades humanas que claramente alteran el medioambiente: aunque hay zonas de playa/baño delimitadas en varias las lagunas, no es complicado ver gente bañándose donde no se puede o saltando desde donde está prohibido. También grupos con música altísima asustando a los pobres patos. Hay un plan para tratar de controlar todo este turismo «salvaje» en la zona, pero los vecinos están bastante en contra. De hecho, durante nuestra visita, vimos muchos carteles rechazando la iniciativa. 

Para visitarlas se pueden realizar varias rutas a pie, aunque recomendamos buscar las que no pasan por viviendas y se limitan a zonas de naturaleza (normalmente en la orilla de las lagunas opuesta a la carretera). Nosotros hicimos una visita guiada que recomendamos porque, aparte de poder ver prácticamente todas las lagunas, nos sirvió para comprender cómo se había formado la zona y la importancia de la misma. Además, como punto final a la ruta visitamos la cueva de Montesinos: el lugar dentro del parque donde Cervantes hizo pasar una noche a Don Quijote.

Tablas de Daimiel

Aproximadamente a una hora de Ruidera, están las Tablas de Daimiel. Ubicado dentro del Parque Nacional del mismo nombre, este humedal es también Reserva de la Bioesfera. 

El humedal se forma en la confluencia de los ríos Guadiana y Cigüela, por el desbordamiento de estos, y es uno de los ecosistemas más importantes de la península por fauna y vegetación, además de un punto clave para las aves migratorias. Las Tablas de Daimiel están ubicadas sobre un acuífero, uno de los más grandes  de la península. La roca caliza de la superficie permite que el agua se filtre al subsuelo y la capa impermeable que hay debajo la retiene, formando una gran bolsa de agua bajo la tierra. De ahí la importancia de este lugar y, también, su mayor problema.

Y es que la agricultura de la zona sobreexplota estos acuíferos, dejando sin agua las tablas. En 2000 fuimos expedientados por la Comisión Europea y la UNESCO amenazó con retirar el título de Reserva de la Bioesfera a las Tablas. Como puedes imaginar, esto se traduce en retirada de fondos y subvenciones, además de una importante multa. Pero, ¿por qué? Bueno, pues por esto. Desde 2004 las Tablas se enfrentaban a una importante sequía, provocada por los pozos, legales e ilegales, que agotaban el agua del acuífero. Por la naturaleza de la zona, esta sequía provocaba que el terreno se agrietara y que el aire comenzara a circular por estas grietas… pero la turba, formada en ausencia de oxígeno, comienza a oxidarse y se calienta. Se calienta tanto que entra en autocombustión y entonces, literalmente, arde el suelo. 

Estamos hablando de una zona de gran importancia ecológica y medioambiental, vital para la supervivencia de miles de aves migratorias. De uno de los mayores humedales de Europa. Y se estaban quemando. Tras el toque de atención de Europa, y más por miedo a una multa que por verdadera conciencia medioambiental, se decide hacer algo al respecto. Europa nos da tres meses de plazo para extinguir el incendio y recuperar el agua de la zona. Se consigue en tiempo récord. ¿Por qué? Bueno, porque al final tenemos suerte y se pone a llover. La naturaleza decide echarnos una mano para salvar esta pequeña joya. 

Desde entonces, el parque se está recuperando. Poco a poco el nivel del agua a subido, las aves han regresado a la zona y parece que se empieza a comprender su importancia y valor como ecosistema. La agricultura sigue amenazando este lugar y los pozos ilegales no han desaparecido, pero las cosas han cambiado mucho en diez años y quiero pensar que seguirán cambiando. 

La pena es que no aprendemos y esto mismo que sucedió en las Tablas de Daimiel está pasando en Doñana

La visita

Las Tablas se pueden visitar por libre y, además, la entrada es totalmente gratuita. Existen tres circuitos, de diferentes tamaños, que recorren toda la zona del parque que se conoce como «las pasarelas», por sus pasarelas de madera que, curiosamente, fueron en su origen construidas con la madera que se retiraba de las vías del tren. 

Aunque, a nosotros lo que más nos gustó no fue esta zona, sino las zonas de protección que solo se pueden visitar con guía y que nos permitieron comprender mejor el valor medioambiental de la zona. Nosotros lo hicimos con esta agencia y la recomendamos totalmente. Quedamos encantados con el recorrido y con las explicaciones de nuestros guías. Recomendamos realizar la visita, sobre todo en verano, al atardecer o al amanecer. La luz es impresionante a esa hora y no hace tanto calor, por lo que se disfruta mucho más de la visita.