EUROPA EN CAMPER (2, 3 y 4): La Selva Negra
EUROPA EN CAMPER (2, 3 y 4): La Selva Negra

EUROPA EN CAMPER (2, 3 y 4): La Selva Negra

 

Empezamos la mañana en el parking del castillo de Liechtenstein. Hemos dormido sorprendentemente bien en la camper, también es cierto que solo había una autocaravana en el parking y que el ruido del lugar es nulo. Pero estamos contentos porque nos preocupaba que fuéramos a pasar frío o que el colchón fuera incómodo. Eso sí, al asomarnos a la ventana vemos que está lloviendo.

El castillo de Liechtenstein

 Tras el desayuno, nos vamos a visitar los jardines del castillo. La entrada cuesta 4€ para visitar la parte exterior, si quisiéramos entrar dentro ya tendríamos que pagar otra entrada de 8€ adicional, pero por lo que hemos leído no merece la pena salvo que estés muy interesado en la colección de armas y armaduras que alberga en su interior, que no es nuestro caso.

El castillo que vemos hoy día no es medieval, aunque pueda parecerlo. En esta ubicación existió un castillo en torno al año 1200, lógico por otro lado porque el enclave es bastante estratégico, pero en un punto de su historia se abandonó y al final los años hicieron que quedara en ruinas. Fue en 1837, cuando el castillo acabó en manos de Guillermo de Urach, conde de Wurtemberg, que se reconstruyó el castillo… pero no como era originalmente, sino como el conde pensó que deberían ser los castillos medievales, inspirado por la novela Liechtenstein, de Wilhelm Hauff. Así que lo que hoy podemos visitar no es un castillo medieval, es la idea de un castillo medieval que tenía un escritor de finales del siglo XIX. Curioso.

Con la lluvia apetece poco pasear por el jardín, la verdad, pero es cierto que la niebla da una atmósfera bastante chula al lugar y la vista del castillo desde el mirador que hay dentro es preciosa. Hacemos varias fotos y regresamos a la camper, rumbo a nuestro siguiente destino.

Schiltach

Seguimos la ruta hasta el que es considerado uno de los pueblos más bonitos de la Selva Negra. Tenemos la suerte, o mala suerte fotográficamente hablando, de encontrarlo en pleno mercadillo. Esto implica que las calles están llenas de puestecitos y hay mucha actividad, pero también que hay muchísima gente y los toldos de los puestos hacen que hacer fotos sea bastante difícil. Es algo que hablamos mucho en viaje, sobre todo cuando llegamos a un lugar y la luz es muy mala o no se dan los factores que harían que una fotografía en ese sitio fuera espectacular, como por ejemplo un atardecer. Cuando viajas no tienes opción, pasas a la hora que pasas por los sitios y el hecho de esperar a la luz adecuada en un lugar puede implicar perderte otro… y nosotros somos más de aprovechar, por mucho que nos encante la fotografía.

Aprovechamos para comer, probamos el dlammkuchen, que es una especie de pizza muy típica de la zona, con una masa muy fina y crujiente. De postre cogemos un banofee en otro puestecito, que nos comemos ya en la camper porque tampoco está el tiempo para comer en la calle. Luego arrancamos de nuevo.

La siguiente parada son las cataratas de Triberg, a las que al final no pasamos porque la verdad es que nos parece un poco timo que cobren 8€ por verlas y porque con la que está cayendo tampoco es que nos entusiasme la idea de estar paseando bajo la lluvia. Pasamos a una tienda que tiene una colección de relojes de cuco inmensa, bastante chula, hay algunos que son una auténtica pasada. Muy horteras, eso sí, pero curiosos de ver.

Luego pasamos por el lago Titisee, pero la decepción es grande. Es tremendamente turístico y está hasta arriba de barcas y de gente, vamos que parece una playa de interior. No ayudan mucho tampoco las construcciones que hay alrededor y el hecho de que siga lloviendo a mares, claro está.

Acabamos el día en la frontera con Suiza, en un pueblecito que encontramos… y ojo porque el teléfono de D se conecta automáticamente a la red suiza antes de que nos dé tiempo a quitar los datos y la broma nos sale por 30€.

Las cascadas del Rin

 

Empezamos el día cruzando la frontera con Suiza, pero vamos que no se nota en absoluto. No hay controles y no hay nada, más allá de los carteles que así lo indican. Maravilloso. Bueno, también se nota en que el diésel pasa a valer 2’3€… que no es que en Alemania, a 1’9€ estuviera barato, pero esto ya es pasarse.

Llegamos a las cascadas del Rin. El precio del parking es mejor de lo esperado, 5€ por una hora, que da de sobra para hacer todo el recorrido. Hay dos zonas, una a la izquierda del castillo, desde donde se tienen las mejores vistas porque se ve el propio castillo y otra que está en el castillo, desde donde se ve la que para nosotros es la parte más fea de las cascadas, ya que se tiene la panorámica de los edificios de la ciudad de fondo, que no son nada estéticos.

Este es el salto de agua más grande de la Europa central, porque obviamente si contamos con Islandia pues se quedan solos. Tienen 150 metros de anchura y 23 de altura, que tampoco está nada mal, aunque sí que debemos reconocer que no son las cataratas más impresionantes en las que hemos estado. Eso sí, el recorrido lo tienen muy bien montado y es muy agradable la zona para pasear.

Steim an Rhein

La siguiente parada es este pueblecito, típico de la zona, donde conseguimos aparcar en la entrada por tan solo 1€. Es un pueblo muy bonito, del que destacamos sus fachadas pintadas. No hay mucha gente, lo cual es fantástico para poder disfrutarlo con tranquilidad y, además, parece que de momento no nos llueve, otra cosa de agradecer.

La siguiente parada prevista era San Galo, pero el tráfico es horrible y no encontramos ningún sitio para aparcar, estamos un buen rato dando vueltas pero nada, imposible aparcar la camper. Al final nos vamos porque no nos apetece que nos multen  o que se lleve la furgoneta la grúa, que sería un problema serio.

Seguimos bordeando el lago Constanza, que es inmenso, tanto que parece casi un mar. Nuestro destino final es otro país, concretamente Liechtenstein.

Liechtenstein

Llegamos a Vaduz, que es la capital de este país. Una ciudad muy pequeña y fácilmente recorrible a pie, donde los puntos de interés principales son la catedral, el parlamento, su castillo y el puente de madera que hay a su entrada. Vamos, que no tiene realmente mucho, salvo el hecho de ser un microestado, que es algo que nos llama muchísimo la atención. Como todos los microestados, y como es fácilmente imaginable, estamos ante un paraíso fiscal. Es el cuarto país más pequeño de Europa, y aún así hay más de 73.000 empresas con sede en este territorio… podéis imaginar por qué.

Tras este breve paso por este pequeño país, nos vamos de nuevo a Austria, donde nos hacemos con la viñeta que necesitamos para poder utilizar las autopistas del país. Tenemos que pasar por aquí para llegar a nuestro siguiente destino: el Castillo de Neuschwanstein, más conocido como el castillo del Rey Loco. Un sitio que teníamos muchas ganas de ver y que no decepciona en absoluto, más porque llevamos al atardecer y verlo surgir iluminado en medio de la oscuridad es una pasada.

Muy cerquita se encuentra el castillo de Hohenschwangau, que tampoco está nada mal. La vista de los dos es bastante espectacular, así que aprovechamos para hacer algunas fotos. La parte mala es que al ir a reservar las entradas para la visita de por la mañana descubrimos que se encuentra en obras y que varias estancias están cerradas o cubiertas de andamios, por lo que acabamos descartando la idea, ya que no es precisamente barata la visita y, la verdad, nos da bastante rabia verlo de esa manera.

Aparcamos la camper para dormir en el parking de un restaurante, en el que no vemos a nadie, pero pone que cobran 10€ por el día completo, así que imaginamos que no habrá ningún problema. En los parking del propio castillo sí que está específicamente prohibido pernoctar.

El castillo de Neuschwanstein

No hemos acertado mucho con el momento para visitar este castillo porque, cuando llegamos arriba después de hacer una caminata de unos cuarenta minutos, nos encontramos con que su mirador más famoso está cerrado por obras. Se trata del mirador de Marienbrücke, el mejor para ver el castillo. Nos quedamos con las ganas, aunque nos hacemos obviamente todo el recorrido a pie para bordear el castillo y tener otras perspectivas.

Este castillo fue construido por Luis II de Baviera en 1869. Si sois fans de Disney, os sonará porque es el castillo que inspiró el de La Bella Durmiente. Y no nos extraña nada porque, la verdad, verlo emerger entre la niebla es todo un espectáculo.

Cruzando fronteras

Nos cuesta un buen rato marcharnos del castillo, de hecho en la ruta de salida paramos un buen rato varias veces a hacer fotografías. Desde luego las mejores vistas se dan cuando te alejas del castillo y puedes verlo ubicado en su entorno natural. Realmente nos sorprende que Luis II fuera calificado como «loco» por haber construido algo así… bueno, y por pasar absolutamente de toda la parte bélica de su reinado y haberse preocupado únicamente de la cultura y el arte. Bendita locura la suya que nos ha dejado algo tan bello para disfrutar.

Nuestra siguiente parada es el lago Eib. El día está terrible, nublado y lluvioso, no es el día más agradable del mundo para pasear por un lago. Al llegar al aparcamiento vemos que nos piden como 10€ por aparcar. D le pregunta al vigilante si podemos parar un segundo a sacar una foto, porque realmente no apetece mucho más, y nos dice que detrás de las vías hay un aparcamiento gratuito. Maravilloso. Además está muy cerca, apenas tres minutos más de paseo, ni eso.

No estamos mucho en el lago porque la lluvia lo hace complicado. Estamos teniendo mala suerte con el tiempo y Alemania, está claro. Imaginamos que este lago en un día soleado tiene que tener bastante más gracia.

Nuestra siguiente parada es Innsbruck, en Austria. Nueva frontera cruzada y nueva viñeta que tenemos que adquirir para nuestra furgo. La verdad es que el sistema está bastante bien, una vez que lo piensas, pagas esto y ya te olvidas de peajes para el resto de viaje. A ver, que es mejor el sistema alemán de no pagar nada, claro está…

Aparcamos en la calle, en una plaza ancha en la que la camper entra perfectamente, a razón de 2€ la hora. Bien. Innsbruck es bastante bonito y nos sorprende muy agradablemente, las vistas de la ciudad con las montañas de fondo son bastante impresionantes y, bueno, la ubicación en general de la ciudad es un espectáculo. Más aún con todos los picos nevados como están. Una maravilla.

Seguimos hacia Hall in Tirol, muy cerquita de Innsbruck. Es un pueblecito más pequeño, pero precioso, también rodeado de montañas y perfectamente recorrible en media hora. Nos cuesta un poco aparcar porque la máquina no funciona y estamos un rato tratando de sacar el ticket con otros dos señores, hasta que descubrimos que hay otra unas calles más allá y por fin lo sacamos.

Nuestra ruta nos lleva a cruzar otra frontera, esta vez la italiana. Estamos a la busca y captura de gas para la camper, pero no hay manera. Lo que encontramos nos sale más caro que la bombona que nos dejaron los del alquiler (a razón de 32€) y el chico nos dijo que deberíamos encontrarla por unos 15€ sin dificultad. Lo que no preguntamos fue dónde… pero bueno, aún tenemos gas en la bombona que amablemente nos dejaron los anteriores usuarios. Suerte la nuestra.

Hoy vamos a dormir en St. Magdalena, en un aparcamiento para campers que cuesta 12€ por noche. Tenemos un pequeño drama porque solo admite monedas y no tenemos, pero por suerte averiguamos que en la máquina de más abajo si aceptan tarjetas de crédito. Como llegamos con todo a oscuras, no vemos bien dónde nos encontramos.