Bilbao

 

No es ningún secreto que nos encanta nuestro país: siempre que podemos, ya sea en fines de semana o en puentes, aprovechamos para descubrir rincones nuevos y, lo mejor de todo, es que siempre encontramos algo sorprendente para visitar. Tenemos la suerte de vivir en un país que nunca deja de asombrarnos.  Esta vez le toca el turno al País Vasco, concretamente a Bilbao. Teníamos pendiente conocer esta ciudad desde hacia tiempo y no nos ha defraudado en absoluto. Si algo tiene el norte, es que enamora. 

Bilbao

Bilbao es la capital de Vizcaya  y la ciudad más grande del País Vasco. Una ciudad industrial que todo el mundo que estuvo antes de los 90 recuerda gris, pero que sufrió una brutal transformación con la llegada del museo Guggenheim, convirtiéndose en una ciudad cosmopolita y moderna por la que es un verdadero lujo pasear (¡cuando no está lloviendo!). Nosotros tuvimos suerte y pudimos descubrirla con un sol deslumbrante y unas temperaturas perfectas para disfrutar de sus calles y sus pintxos 🙂

Centro histórico

Esta ciudad fundada por Diego López de Haro en 1300 nació como una villa con tres calles («la de las tiendas», «la del medio» y «la de arriba», no son gente de complicarse a la hora de poner nombres) casi pegadas a la ría. Se amplió la villa al poco tiempo con cuatro calles más («la de la carnicería», «la de la ronda», «la de allí» y «la de más allí») y se rodeó con una muralla, dando lugar a lo que hoy es el casco viejo de Bilbao: las siete calles.

La villa fue creciendo gracias a su puerto fluvial -más a resguardo que el de Getxo, el más importante de la época-, que hizo que Bilbao fuera un enclave estratégico para el comercio con los ingleses. Esto se tradujo en riqueza para la villa rica y en constante crecimiento. Sin embargo, la verdadera explosión de Bilbao fue en el siglo XIX a raíz de la revolución industrial: las minas de hierro cercanas hicieron que surgieran multitud de altos hornos a lo largo de la ría, que trajeron una prosperidad nunca vista antes: el nuevo ayuntamiento, el teatro Arriaga (el primero en el País Vasco con luz eléctrica y con retransmisión por teléfono!) y la reforma del Arenal datan de esa época, y se nota en el cuidado y la delicadeza con la que están construidos.

También en el casco viejo de encontramos la Catedral de Santiago, el mercado de la Ribera, la Plaza Nueva, la plaza de Unamuno con sus escaleras. Sin embargo, sin duda alguna, lo mejor es el pasear por sus calles (casi todas peatonales): el centro de esta ciudad anima perderse por sus callejuelas y conocer sus tradiciones, como la de los txiquiteros, a la que no llegamos por poco, ya que esta fiesta tiene lugar cada 11 de octubre. Durante este día, los txikiteros recorren la ciudad con sus txikitos de vino y cantando bilbainadas hasta llegar a la la Virgen en la ‘kutxa’, en la esquina de la Calle Santa María con Pelota, el único lugar de todo el Casco Viejo desde donde se ve la Basílica de Begoña, amatxu de la ciudad.

Para descubrir el centro histórico de Bilbao optamos por realizar un Free Tour que sale todos los días a las 12 desde el teatro Arriaga. Para nosotros es una de las mejores formas de conocer una ciudad, ya que suelen ser bastante completos e interesantes. El único problema es que en festivos suelen masificarse, pero no se puede pedir todo.

El Bilbao moderno

Si algo destaca en esta ciudad es, sin duda, el museo Guggenheim y a la transformación urbana a la que este museo dio lugar. Este edificio que convirtió a Bilbao en lo que es hoy: cuando en 1991 la fundación Guggenheim empezó a buscar un emplazamiento en Europa para su colección, Bilbao era una ciudad puramente industrial, gris y con muy poco turismo. La parte que ocupa hoy el museo y todo el paseo que lo acompaña estaba ocupada por muelles y puerto. Sin embargo, tras las terribles inundaciones de 1983 y con la crisis del petróleo y las minas en ciernes, la ciudad decidió que necesitaba un cambio y lo apostó el todo por el todo con este proyecto.

Si bien el propio edificio del museo -diseñado por el canadiense Frank Gehry e inaugurado en 1997-, es joya arquitectónica, perfectamente integrada con la ciudad (y con la universidad de Deusto, que tiene enfrente), el proyecto de regeneración derivado de el incluye mucho más: a lo largo de la ría se han sustituido los muelles y atraques por un paseo peatonal muy agradable, que enlaza el arenal y la zona del teatro Arriaga con la parte nueva del museo.  Todo el margen está salpicado de parques, fuentes y árboles, que convierten en una delicia -si el tiempo te respeta- pasear por allí. Además,  la fundación Guggenheim ha sacado varias obras y performances a la calle -Puppy de Jeff Kuns, El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor, Mamá de Bourgeoise, etc-, permitiendo a bilbainos y visitantes disfrutar de la atmósfera del museo sin entrar en él.

Nosotros recorrimos toda esta zona -junto con la parte del ensanche Abando y sus nuevas y amplias avenidas- con otro Free Tour, esta vez el del Bilbao Moderno, que parte todos los días a las 16:30 desde el Ayuntamiento. Fue todo un acierto, porque tuvimos la suerte de contar con una guía que nos contagió su pasión por la arquitectura y el arte, algo que siempre se agradece en este tipo de recorridos. Además, nos indicó cuando se puede disfrutar de la escultura de la niebla de Nakaya (cada hora en punto) o de las fuentes de fuego de Klein (de 21 a 22 en verano y de 19 a 20 en invierno). En cuanto al propio museo, la entrada cuesta 16€ (o menos, según las exposiciones que tengan en ese momento) y se puede visitar todos los días de 10 a 20h, salvo los lunes. También, puede estar bien visitar el Museo de Bellas Artes (¡la tercera mayor pinacoteca de España!), que es gratuito todos los días de 18 a 20h.

Otro lugar que nos encantó -fuera del recorrido del tour, pero dentro de la parte moderna- fue el centro cultural de La Alhóndiga, un espacio de ocio y cultura en un edificio que combina la arquitectura original del siglo XIX con un estilo más moderno y actual. Un absoluto acierto que merece mucho la pena acercarse a ver.

El Gran Bilbao

Saliendo de la propia Bilbao, el metro pasa por Barakaldo y enfila hacia Portugalete y Santurce, para terminar en Getxo. Estos municipios, aunque son independientes, se encuadran dentro del cinturón de Bilbao (13 km los separan) y han contribuido clarísimamente al desarrollo del mismo: Barakaldo ha sido históricamente la sede de la siderurgia vizcaína -y de Altos Hornos de Vizcaya, su referente- mientras Santurce aún hoy lleva la labor portuaria.

En cuanto a Getxo y Santurce, paralelos a un lado y otro de la ría, han sido la zona de residencia de la burguesía vizcaina. Esto tuvo su pico con la popularización  de los «baños de mar» -los spa del siglo XIX- que, junto con los de San Sebatián, fueron el lugar de peregrinación de la nobleza española de la época. Tanto es así que, para cruzar de unos a otros, construyeron el Puente de Vizcaya: el primer puente con transbordador del mundo y uno de los 8 que se conservan (patrimonio de la humanidad por la UNESCO).

Dónde comer

No tuvimos tiempo de probar todos los bares recomendados de Bilbao, pero sí algunos. La variedad gastronómica es muy amplia, aunque nosotros destacamos los pintxos -que es algo que nos encanta-. Eso sí, preparad el bolsillo porque comer de pintxos no es precisamente barato.

  • Bar Motrikes. Situado en el casco antiguo, es famoso por sus deliciosos champis, cocinados a la plancha con una salsa picante. Están muy buenos: no te puedes ir de Bilbao sin probarlos.
  • Taberna Txiriboga. Muy cerca del anterior, lo mejor sus croquetas de jamón. Nos gustaron tanto, que no nos quedó hueco en el estómago para probar su otro plato fuerte, las rabas.
  • Mesón Eriginza. Aquí dicen que tienen el mejor chuletón de Bilbao, nosotros no llegamos a probarlo pero si volvemos, lo haremos.
  • Mercado de la Ribera. El concepto de mercado gastronómico que ya existe en muchas ciudades europeas, tiene multitud de opciones con muy buena pinta.
  • El huevo frito. Otro bar de pintxos, con una gran parte de ellos elaborados con huevos de codorniz. Algo diferente. 
  • El figón del ensanche. Pintxos y raciones de calidad, recomendamos los chipirones con alioli de tinta de calamar, tremendos.
  • Heladería Adelia Iváñez. Dicen que son los mejores helados de Bilbao y, aunque no probamos más, lo cierto es que estaban deliciosos. Cuatro generaciones de heladeros y una variedad de sabores que harán las delicias de los más golosos.

Nuestra última recomendación es probar los dulces típicos de la zona, como los bollos de mantequilla, el pastel de arroz, las carolinas o la panchineta, que es una masa de hojaldre con almendras y relleno de crema.