Adiós, Sudamérica (21)
Adiós, Sudamérica (21)

Adiós, Sudamérica (21)

 

Nuestra última mañana en Chile, en Santiago y en Sudamérica. Nos da una pena enorme irnos, así que queremos aprovechar al máximo y exprimir esta ciudad como despedida.

Es una sensación que siempre tenemos cuando un viaje acaba, la de querer apurar los últimos instantes. Como si todo se volviera más valioso, más relevante de repente. Como si el saber que podría ser la última vez que estemos en este lugar lo dotara de repente de mayor valor. Es una especie de nostalgia anticipada, una sensación como de pérdida de lo que aún no hemos perdido. Algo que nos produce mucha pena, pero también nos hace saborear con más ganas cada segundo que se va alargando esa despedida forzada.

Un paseo para recordar

Empezamos nuestra caminata por el Palacio de la Moneda. Aunque ya lo vimos ayer, no nos cansamos de este paseo. De ahí seguimos hasta la Plaza de Armas pasando por la calle de la Bandera, cuyo suelo se encuentra estos días pintado con los colores del arcoíris, con motivo de la celebración del Orgullo.

Callejeamos por Santiago hasta llegar al cerro de Santa Lucía, donde esta vez sí subimos. Es curioso porque a la entrada hay un libro de visitas donde es necesario registrarse (no tenemos claro por qué razón, ya que a la salida no hay ningún control). Es un lugar muy agradable, una zona ajardinada con unas vistas muy bonitas de la ciudad. La pena es la increíble contaminación que hay aquí, que apenas permite ver los Andes. Según nos contaron ayer, el hecho de estar encerrada entre las montañas impide que la contaminación pueda disiparse, teniendo como consecuencia una ciudad con unos niveles alarmantes, estando en alerta constante.

Bajamos por el otro lado del cerro y nos vamos a pie hasta el GAM -el Centro Cultural Gabriela Mistral-, un edificio muy chulo que cuenta, además, con enchufes, wifi y baños gratuitos. Esta lleno de niños bailando y , en general, se respira un ambiente de actividad y de modernidad bastante llamativo.

 

De ahí nos vamos hasta el barrio Lastarria, puerta de entrada al Cerro de San Cristóbal, nuestra última parada del día y uno de los puntos más importantes de la ciudad.

Subir al cerro de San Cristóbal en fin de semana tiene un precio de 2600 pesos (ida y vuelta). También es posible subir en teleférico, pero es algo más caro.

Optamos por subir en funicular, porque nos pilla justo donde estamos y el precio es algo más bajo. Nos hubiera gustado subir a pie, pero vamos cortos de tiempo. El funicular tiene dos paradas, una en el zoológico y la otra en la parte alta del cerro, desde donde se tiene una perspectiva alucinante de la ciudad de Santiago. En esta zona hay un viacrucis hasta llegar a la virgen que hay en la cima. La verdad es que es una pena que vayamos con tanta prisa, puesto que el parque en la cumbre es inmenso y las vistas merecen más de los 20 minutos que les dedicamos.

Casi a la carrera, dejamos el cerro y regresamos a pie al hostal, pasando por el Parque Forestal y por el Mercado central, muy conocido por su marisco. Probamos, además, el mote con huesillo, que es algo muy típico de aquí que aún no habíamos degustado. Para comer, acabamos de nuevo en El Rápido, almorzando unas empanadas y otro delicioso sándwich de Barros Lucos, que nos encanta. Nuestro último bocado Chileno no podría haber sido mejor.

 

Despedida

Con toda nuestra pena, volvemos al hostal a recoger nuestro equipaje y de ahí al aeropuerto. Nos marchamos de un continente que nos ha conquistado por completo. Durante muchos años renegué de Sudamérica y hoy sé que no podía estar más equivocada. Nos hemos encontrado con gente amable, paisajes increíbles, comida deliciosa y una cultura enriquecedora. Hemos descubierto el otro lado de una historia que nos hermana y, a la vez, nos separa. Hemos aprendido nuevas palabras, nuevos sabores, nuevas sensaciones. Nos hemos superado a nosotros mismos, superando límites que creíamos imposibles. Hemos conocido cuatro de los lugares más fascinantes de este Planeta. Hemos disfrutado, nos hemos agotado y nos hemos divertido. Sudamérica nos ha sorprendido y nos ha cautivado. Perú, el increíble Perú, un país al que no le falta absolutamente de nada. Un país completo donde los haya, intenso, inmenso, perfecto. El país al que volveríamos mil veces. La bella Bolivia. Un país que avanza hacia el futuro sin perder de vista su pasado. Un país repleto de colores, de sabores, de olores. Un país que pone a prueba tus sentidos, que te reta, que te conquista. Chile, increíble Chile. Con el maravilloso desierto de Atacama y todas las estrellas del Universo atrapadas en su cielo. Un país que nos regaló el adiós más dulce, que nos robó un trocito de corazón casi sin intentarlo. Nos vamos, pero volveremos. Sudamérica nos ha atrapado, nos ha ganado, nos ha conquistado.

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