Diario de Irán 2: Kashan y Abyaneh.
Diario de Irán 2: Kashan y Abyaneh.

Diario de Irán 2: Kashan y Abyaneh.

 

Nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel. Los desayunos típicos de los hoteles incluyen pan, fruta, té, tomate, pepino y mermelada de zanahoria o cereza. Aquí también nos ofrecen pasta de sésamo con sirope de uva, una combinación que llaman la nutella persa… aunque no tiene nada que ver. Aun así, está buenísimo 🙂

Kashan

Salimos a dar una vuelta por la zona. Ayer nos gustaron mucho las casitas de adobe y los callejones laberínticos de la ciudad y queríamos ver que sensación nos daban de día: aunque, a lo mejor, a nivel de arquitectura, la ciudad es más curiosa por la noche, la sensación con la gente es mucho más auténtica durante ahora. La gente está trabajando o haciendo sus tareas normalmente, y nosotros nos dejamos llevar entre esa actividad tranquila. Hacemos varias fotografías, la gente se muestra amable con nosotros y, algunos incluso, nos piden que les hagamos una foto. 

 

Volvemos al hotel después de habernos medio perdido, justo a tiempo para encontrarnos con nuestra conductora, que llega puntual a recogernos. Contratamos el traslado ayer en una agencia local que nos abordó por la calle. Vamos a compartir el trayecto con una pareja de checos. 

Aunque no está incluido en el traslado, le pedimos a la conductora que nos pare en la Holy Shrine, creyendo que es una mezquita que hemos visto en Internet… pero no, resulta que este nombre es genérico para un tipo de mezquita dedicada a una deidad específica, un mártir o santo. El caso es que esta es una mezquita escuela y hay un montón de niños, segregados por género, que al vernos se vuelven locos. Terminamos haciéndonos un montón de fotos con ellos y al final el error no está tan mal como pensábamos.

La verdad es que es curioso el poder que tiene la educación. Estos niños, por ejemplos, desde la infancia están siendo educados en el Corán, siendo segregados por género, llevando el hiyab a modo de uniforme escolar… ¿cómo de poderosa puede llegar a ser una teocracia si las nuevas generaciones han sido educadas así desde la infancia? 

Bagh-e Fin

Nuestra siguiente parada es el jardín de Fin, un jardín persa histórico. Contiene el baño Fin de Kashan, donde Amir Kabir, ministro kayarí, murió a manos de un asesino enviado por el rey Nasereddín Shah Kayar en 1852. El lugar es muy bonito, aunque nos encontramos con bastantes turistas y con un colegio de niños que parece estar de excursión. Nos recuerda un poco a los jardines del Generalife, con sus fuentes rectangulares y la estructura simétrica. 

Abyaneh

Nos movemos hacia Abyaneh, un pequeño pueblo con una población de apenas 300 personas que se caracteriza por el peculiar tono rojizo de sus casas. Se dice que es uno de los pueblos más antiguos de Irán y es un lugar bastante turístico. De hecho, somos casi más visitantes (15, aprox.) que locales paseando por sus calles hoy. También influye que hace bastante frío y se ha puesto a llover. 

Es curioso porque las mujeres de aquí tienen su propia vestimenta. Utilizan pañuelos coloridos, algo no tan frecuente en el resto del país, una tradición antigua que han conservado hasta nuestros días. También conservan características de la lengua pahlavi, la lengua del Imperio Sasánida. Obviamente a nosotros no nos alcanza para comprobarlo. 

El pueblo es precioso, lástima de mal tiempo. Paseamos un ratillo por sus calles y hacemos algunas fotografías a las pocas personas locales que vemos. La verdad es que es sorprendente lo abiertos que se muestran los iraníes a las fotografías: no solo no nos han puesto ninguna pega hasta el momento, sino que la mayoría se muestran agradecidos porque queramos fotografiarles. 

Por falta de tiempo, no podemos cruzar a la colina de enfrente, desde la que se obtiene la panorámica típica del pueblo. Una pena porque es una vista que queríamos haber tenido.

Natanz

Seguimos el camino con nuestra conductora que, la verdad, es una auténtica loca al volante. Realmente, en general, aquí conducen fatal: Lo de invadir el carril contrario es rutinario. Circular por encima de los límites de velocidad, lo normal y, mirar el móvil mientras se conduce parece, indispensable. Esta mujer no ha soltado el teléfono desde que hemos salido de Kashan. Va todo el rato hablando o escribiendo. 

Llegamos vivos a Natanz, donde visitamos la Jameh Mosque y el templo del fuego zoroastra que tienen. El templo es un poco decepcionante porque, en realidad, no es más que una puerta de piedra… pero es interesante por lo que representa. La religión zoroastriana es la primera religión monoteístas del mundo y todo lo que tiene que ver con ella es bastante interesante… pero ya tendremos oportunidad de hablar sobre esto más adelante. 

Nuestra primera noche de couchsurfing 

Tras un par de horas más de coche, llegamos a Isfahán. Nuestra conductora nos deja en la estación de autobuses y desde ahí cogemos un taxi hasta la casa de nuestro couchsurfer en la ciudad, Mehdi. La historia con este chico es curiosa: Le escribimos hace unos seis meses, preguntándole si podría alojarnos. Nos respondió que no lo sabía, que le escribiéramos el día de antes y que, si podía alojarnos, ya nos decía algo. Así que nos lo tomamos al pie de la letra y le escribimos ayer. Y resulta que estaba disponible. 

Es un chaval de 24 años, muy extrovertido y bastante culto. Llegamos a su casa y de inmediato comenzamos a charlar, cuando nos queremos dar cuenta se nos ha hecho de noche y llevamos varias horas hablando. De todo, de Irán, de lo que significa ser joven aquí, de política, de religión, de historia… de nuevas tecnologías. Mehdi es un joven como podría ser cualquier otro, está obsesionado con las redes sociales y las nuevas tecnologías. Pero no es el único, nos cuenta que en Irán hay cada vez más jóvenes que estudian carreras relacionadas con este sector, que nacen muchas Startups a diario, sobre todo desarrollan Apps que copian a otras que triunfan en el resto del mundo. Aquí tienen un propio Uber, llamado Snapp, o su propio BlaBlaCar. 

El pensamiento que tiene es el de emigrar. Le gustaría dejar Irán en algún momento, no piensa que en su país tenga futuro. Nos cuenta que es complicado, que conseguir un visado con un pasaporte iraní es un proceso largo y complejo. Lo tienen más fácil para viajar a países como Alemania o Canadá, donde hay muchos jóvenes iraníes estudiando. Sobre todo, nos cuenta, son las chicas las que quieren irse de Irán. Aquí muchas de ellas no se sienten libres, por la imposición del velo islámico, por las leyes religiosas que tienen que acatar. 

Nos habla de muchas cosas más durante la cena, vamos a un sitio de moda que es como una especie de complejo de restaurantes. Es curioso porque, según nos cuenta Mehdi, por megafonía de cuando en cuando hacen un recordatorio a las mujeres para que se coloquen correctamente el hiyab… y es que, según nos dice, este lugar lo han cerrado ya dos veces por eso mismo. 

Después de cenar nos vamos hacia el centro de Isfahán. Mehdi tiene que hacer unas gestiones, así que nos deja en el puente Khaju mientras tanto. El ambiente por la noche es brutal aquí. Hay muchísima gente, desde jóvenes a familias con niños pequeños. Muchos de ellos están fumando cachimbas en el parque, sentados en el césped tranquilamente. Hay gente que parece incluso que las alquila. 

En el puente hay gente sentada, cenando algo en los escalones… o cantando en los soportales. Y es que, al parecer, es típico venir aquí a cantar, por la acústica que tiene el lugar. Estamos un buen rato por allí, paseando, hasta que Mehdi vuelve a por nosotros. Después nos vamos a su casa, donde caemos rendidos en la cama. Ha sido un día intenso.