Diario de Colombia (1 y 2): Cartagena de Indias
Diario de Colombia (1 y 2): Cartagena de Indias

Diario de Colombia (1 y 2): Cartagena de Indias

 

Tras un interminable periplo por el mundo, llegamos por fin a Cartagena de Indias. Ha sido un viaje largo, 26h nada más y nada menos, con dos escalas que nos han llevado primero a Lima y después a Bogotá, con sus largas esperas en el aeropuerto. La verdad es que la escala de Bogotá nos ha venido bien para sacar dinero (sin comisiones gracias a nuestra Revolut) y situarnos en el país… y ¿qué mejor manera de posicionarse que probando el famoso pan de bono? Una masa de maíz con un delicioso toque de queso que nos encanta, aunque tenemos más que claro que los 4000 pesos que hemos pagado han sido excesivos… pero bueno. Es el aeropuerto y bien nos lo hemos ganado.

Lo que si es cierto es que, entre espera y espera, se empieza a notar que estamos cambiando de tercio: la temperatura, los aromas de las cafeterías.. y que vemos a un hombre facturando unas bolsas con varias gallinas xD

Tras el aterrizaje

Del aeropuerto de Cartagena al centro de la ciudad, donde tenemos nuestro alojamiento, cogemos un taxi. Aquí los taxis tienen el precio regulado, por lo que no hay mucho que pensar. Concretamente un taxi del aeropuerto al Centro cuesta 15.000 pesos. 

Ya llegando con el taxi lo que vemos nos maravilla. Es de noche, pero la ciudad tiene muchísima actividad. Bares y terrazas con música, turistas paseando despreocupados por las calles, vendedores ambulantes ofreciendo arepas y jugos… y mucho tráfico. Tanto que nos tenemos que bajar a un par de calles del hostal y caminar para así evitarnos estar esperando un buen rato. No en todas las ciudades de Colombia se puede hacer esto, ojo, pero en esta zona de Cartagena uno puede pasearse con la mochila a cuestas sin problemas.

Tras instalarnos en el hostal salimos a cenar y a dar una vuelta por el centro. El ambiente es genial, ciertamente muy turístico, pero super agradable y, sobre todo, seguro. Venimos un poco sugestionados en ese sentido a Colombia y se agradece que la primera impresión haya sido tan positiva. 

Ponemos rumbo a un puesto llamado Los fritos de Dora para probar su famosa arepa de huevo y aprovechamos para pedir también la bebida de avena tan popular en la zona… bueno y una carimañola de queso y una empanada de pollo, que venimos con hambre. Todo por apenas 12.000 pesos, incluyendo un helado de guayaba que hemos comprado a un vendedor ambulante de los del carrito rojo.

El centro es un hervidero de gente. Turistas bailando y bebiendo en los bares, restaurantes repletos, músicos y artistas callejeros, vendedores ambulantes, familias paseando, niños correteando… de lo más agradable. Nos quedaríamos toda la noche dando vueltas, pero estamos agotados del viaje y toca irse a dormir para recuperar fuerzas.

Amanece en Cartagena

Nuestra mañana empieza a las 7, con mucho calor. Más de lo que esperábamos a estas horas. Empezamos desayunando una bebida de avena y un zumo de lulo en la misma plaza en la que cenamos ayer, pero en otro puesto. También nos tomamos un par de cocadas de guayaba, muy típicas de esta región, en el Portal de los Dulces.. que maravilla poder ir probando cosas así por la calle! y que peligro! 

Nos dirigimos al muelle de la Bodeguita para reservar el barco que tenemos que coger mañana para ir a isla Palma y después cruzamos hasta el barrio de Getsemaní, donde nos entretenemos un rato viendo el arte urbano que decora las paredes. Esta todo decorado con murales y nos recuerda, por el color, a Valparaiso. Está un poco menos cuidado que la parte de dentro de la muralla (sin dejar de ser turístico, se nota que es menos) y, no sabemos si es por eso, por el color o por la gente, el ambiente parece más auténtico.

Aprovechamos también para hacernos con nuestra SIM, por 20.000 pesos tenemos 10GB y llamadas ilimitadas con Tigo (aunque viendo el resultado posterior con la cobertura, quizás deberíamos haber cogido Claro).

A las 10 empieza el Free Tour al que nos hemos apuntado, desde el Parque de Centenario. La verdad es que es uno de los peores tours que hemos hecho. Es verdad que el hombre es muy simpático, pero ni nos cuenta historia de la ciudad ni nos lleva a ver nada que no hayamos visto ya. Bastante decepcionante, especialmente porque se nota que la ciudad y sus edificios tienen una historia detrás: el santuario de San Pedro Claver, la plaza de Santa Teresa, la plaza de Santo Domingo, la plaza de los Coches o la misma catedral de Santa Catalina de Alejandría.

Aún así, a pesar de la sensación de que nos hemos perdido una parte, estamos convencidos de que lo mejor de Cartagena está en el ambiente de sus calles y en los colores de sus puertas y terrazas.

Además, finalmente del tour si que sacamos algo positivo: conocemos a un chico de Santa Marta que nos dice que el hotel que tenemos reservado (cerca del mercado) no está en una zona muy buena, nos recomienda quedarnos cerca del Parque de los Novios, así que cambiamos la reserva. Menos mal 🙂

El castillo de San Felipe de Barajas

Cuando acaba el tour nos compramos unas arepas en el muelle, antes de salir hacia el castillo de San Felipe de Barajas. Hace un calor terrible, así que caen también unos sombreros de fibra de coco, que nos acompañarán durante el resto de viaje y que resultan ser una gran compra.

Ya en el castillo, nos sentamos un rato a la sombra junto a la estatua de Blas de Lezo. En Cartagena le tienen especial cariño ya que evitó que los ingleses conquistaran la ciudad en su día. Allí entablamos conversación con uno de los señores de los carritos rojo de helado. Nos cuenta que la empresa les alquila los carritos por día, ellos tienen que pagar una cantidad fija por llevarlos, más una comisión de lo que vengan. Para poder sacar algún beneficio, por tanto, tienen que estar una cantidad ingente de horas trabajando. Lo que viene siendo un falso autónomo, vamos, un modelo que está bastante extendido en Colombia, como veremos a lo largo del viaje.

El hombre nos recomienda ir a ver el monumento de los zapatos viejos, que está justo al lado y que realmente no es que sea gran cosa, pero a los colombianos les hace ilusión se conoce porque hay bastante cola para hacerse una foto. Dice la leyenda que si te metes dentro pierdes un kilo, peeero no es verdad xD.

En el monumento conocemos a una mujer que después se viene paseando con nosotros hasta el monumento de la india Catalina. Y de ahí volvemos a Getsemaní, atravesando por el barrio de San Diego. Esos son los tres barrios que se pueden visitar con seguridad, y de día, en Cartagena de Indias.

Un atardecer en la muralla

El atardecer lo vamos a ver a la zona de la muralla, junto al café del Mar. No es que sea nada de otro planeta, pero hay bastante tradición de verlo aquí y, la verdad, las murallas están hasta arriba de gente. Nosotros nos adelantamos un poco hasta rozar el agua.. y nos encontramos con que también hay mucha gente en el cachito de playa que hay -curiosamente la mayoría haciéndose fotos pero en plan profesional, con flashes, reflectores y atrezzo-. 

Una vez anochece, nos vamos al hostal a darnos una ducha y refrescarnos un poco, porque el calor es terrible. Bajamos a cenar a un sitio que se llama La esquina del pan de bono donde, como no podía ser de otra manera, probamos de nuevo el pan de bono y después nos vamos a la Plaza de San Pedro Claver donde nos encontramos con el señor de la estatua de Blas de Lezo y nos tomamos otro helado. Nos quedamos ya un rato en la plaza viendo a los artistas que hay (un Deadpool bastante regulero que está todo el rato mirando su móvil, un mimo, chavales que se dedican a perseguir parejas improvisando rap y un Eduardo Manostijeras que está de lo más logrado). La verdad es que es un ambientazo el que hay por la noche en Cartagena de Indias, casi que nos da pena irnos a dormir… pero de vez en cuando toca descansar.