Diario de Uganda (8): Los chimpancés de Budongo
Diario de Uganda (8): Los chimpancés de Budongo

Diario de Uganda (8): Los chimpancés de Budongo

 

Después de ver a los gorilas, el día de hoy era uno de los que más ganas teníamos de que llegaran: ya que vamos a ver a los chimpancés en libertad en la selva de Budongo.

Budongo o Kibale

Cuando tuvimos que decidir dónde iríamos a ver chimpancés se nos planteó una cuestión: ¿dónde? Hay varios sitios donde ver a estos primates, aunque el más popular en el país es sin lugar a dudas Kibale. A nosotros nos llamaba la atención Budongo porque a Fundación Jane Goodall trabaja en esta zona y porque, claro está, los precios son ligeramente más bajos. Además habíamos leído que está menos frecuentado por turistas y que, aunque dicen que las posibilidades de ver a los chimpancés son algo más bajas, también era bastante posible verlos. Así que nos decidimos por ir a Budongo.

La habituación

Una vez decidido el dónde toca decidir el qué. Básicamente se puede hacer la experiencia normal, idéntica a la que tuvimos con los gorilas, que consiste en rastrear a los primates por la selva y, una vez localizados, disponer de una hora para observarlos antes de regresar al campamento. La opción alternativa es la habituación, que consiste en lo mismo al principio, con la salvedad de que no hay una hora de límite, sino que estás todo el tiempo necesario observándolos y si se mueven, los vuelves a rastrear hasta el atardecer. En teoría esta experiencia se vive con grupos no habituados, para que así se hagan a la presencia de humanos y no huyan al verlos… en la realidad todos los grupos visitables de Budongo están ya habituados y en ambas experiencias se visitan los mismos chimpancés. Es decir, que con la habituación tienes más oportunidades de verlos durante más tiempo.

El precio de la experiencia normal es de 130$ y el de la habituación es de 230$, a lo que hay que sumar las entradas al parque, que cuestan 40$.  En Kibale cuestan 200$ el permiso normal y 250$ la habituación.

Nuestra experiencia

Empezamos temprano con un breve briefing mientras tomamos un té caliente. El guía nos explica qué vamos a hacer y cómo debemos comportarnos. El grupo va a estar formado únicamente por nosotros tres y el guía, hay otro grupo que de cinco personas pero van a hacer la experiencia normal con otro guía diferente y salen desde otro punto, aunque el guía nos dice que seguramente nos crucemos con ellos.

La selva de Budongo es llana, lo cual es un avance respecto a Bwindi ya que no sumamos a lo complicado de la frondosa vegetación un camino empinado y terriblemente escarpado, pero tampoco hablamos de un paseo por el campo. Al principio sí que tenemos un camino hecho y despejado, entre árboles, por el que poder caminar sin agobios y cómodamente… pero luego, cuando el guía localiza a los chimpancés, nos toca salir selva a través en su busca y abrirnos paso entre la vegetación. Y cuando decimos abrirnos paso, es abrirnos paso de verdad, apartando ramas y teniendo que agacharnos para pasar entre arbustos. Todo esto en un terreno que está repleto de plantas con espinas que se enganchan por todas partes y lianas que desde el suelo se enredan en nuestros pies y nos hacen tropezar constantemente. Es decir, algo muy complicado.

 

 

Durante el camino vamos parando para escuchar a los chimpancés. Se llaman entre ellos  y emiten ruidos muy característicos para avisar al resto del grupo de que han encontrado comida. El guía se va orientando con estas llamadas y con el walkie, ya que hay un rastreador que ha salido antes que nosotros de avanzadilla también.

Nos cruzamos con el grupo de rusos que nos han comentado y nos quedamos muy sorprendidos al comprobar que van en vaqueros tobilleros, converse y manga corta. Obviamente con los brazos y las piernas repletos de heridas. La verdad es que no nos explicamos cómo nadie les ha dicho que esa vestimenta no es nada apropiada para meterse en una selva como esta. Nos parece absolutamente imprescindible llevar manga larga y pantalón largo, metido por dentro de los calcetines para evitar que se suban insectos… y de hecho hasta recomendaríamos llevar unos guantes para poder apartar las ramas con espinas.

Los chimpancés

Cuando llevamos como una hora y media de búsqueda vemos a los chimpancés, por fin. Están subidos a un árbol, un sicomoro, comiendo sus frutos. Son un grupo de unos 6, que pasean tranquilamente entre las ramas. Nos quedamos embobados mirándolos y sacando fotos, es realmente fascinante ver cómo se mueven y cómo gesticulan, hay algo muy humano en ellos.

 

 

 

Los rusos se van cuando pasa su hora y nosotros nos movemos a un árbol cercano, donde se han ido los chimpancés. Aquí vemos algo verdaderamente sorprendente y raro: una chimpancé con sus dos crías gemelas. No es algo habitual de ver ya que no es una especie que tenga por norma los partos dobles. Una pasada ver a la hembra con los dos bebés colgados y agarrados con fuerza a su madre.

 

 

Al rato vuelven a moverse, así que nos ponemos en marcha porque esta vez parece que quieren ir algo más lejos. Comenzamos a abrirnos paso entre la maleza, pero los primates se mueven mucho más rápido y con mayor agilidad que nosotros, así que no tardamos en perderles la pista. Por lo que nos dice el guía, se han alejado una barbaridad, pero vamos a intentar encontrarlos.

Nos ponemos a andar y empiezan a pasar las horas. La selva es cada vez más tupida y, aunque el guía no dice nada, tenemos la sensación de que estamos perdidos. El walkie parece que no le funciona bien y no consigue localizar al rastreador que va de avanzadilla. Empezamos a preocuparnos.

Seguimos caminando hasta que parece que por fin vuelve la señal del walkie y podemos hablar con el rastreador. Los rusos están perdidos en la selva y nosotros también, los chimpancés han avanzado ya varios kilómetros y están demasiado lejos como para localizarlos y poder volver antes de que anochezca, así que emprendemos el camino de regreso.

Cuando estamos de vuelta, comienza a llover… pero a llover como solo llueve en el trópico, como si todo el agua del planeta tuviera que caer de golpe. Una cosa bestial que nos cala por completo, suerte de impermeable que nos mantiene al menos secos de cintura para arriba.  Nos toca caminar un buen rato por el margen de la carretera hasta que el rastreador llega al lodge y avisa a Gerard para que venga a buscarnos. Eso nos ahorra unos dos kilómetros de caminata bajo la lluvia, lo cual es bastante de agradecer sobre todo porque aquí la temperatura es algo más baja y nos estamos quedando helados.

Ya a salvo en el lodge nos damos una ducha de agua fría, porque caliente no hay y pedimos cena, que necesitamos algo que nos reconforte un poco después de día tan duro que hemos tenido… eso sí, ha merecido totalmente la pena.