Una mujer con una niña en brazos mira las cataratas de Iguazú desde una barandilla
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Cataratas de Iguazú con niños: lado argentino y lado brasileño

Antes de planificar nada conviene saber que las cataratas están viviendo una crecida extraordinaria del río Iguazú. A mediados de octubre, según la prensa local, solo estaba abierto el Circuito Inferior, mientras que el Superior y la Garganta del Diablo seguían cerrados sin fecha de reapertura; la Garganta, de hecho, llevaba cerrada desde agosto. Cuando nosotros fuimos, a finales de septiembre, estaban abiertos los circuitos Superior e Inferior y la Garganta ya estaba cerrada, de modo que lo que contamos en este artículo corresponde a esas fechas. Lo mejor es seguir las cuentas oficiales del parque en Instagram, ya que van informando de todo diariamente.

Sí, las cataratas de Iguazú se pueden visitar con niños pequeños, y lo mejor es dedicar dos días, uno a cada lado de la frontera.

El lado argentino está muy bien preparado para familias, con un Circuito Superior accesible con carrito en todo su recorrido, y el lado brasileño es más corto, ofrece vistas más frontales y tiene bastantes escaleras, aunque también se puede hacer con carro si se está dispuesto a bajarlo a mano. Nosotros fuimos con nuestra hija de 18 meses y con lluvia casi continua, y aun así fue uno de los mejores días del viaje.

Historia y datos de las cataratas de Iguazú

El nombre viene de dos palabras guaraníes, y, que significa agua, y guazú, que significa grande, y los guaraníes las conocían mucho antes de que las viera un europeo. El primero en describirlas fue Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que las llamó Saltos de Santa María en enero de 1542 según la mayoría de las fuentes, aunque alguna da 1541.

La UNESCO protegió el parque argentino en 1984 y el brasileño en 1986, y en 2011 las cataratas fueron elegidas una de las siete maravillas naturales del mundo en una votación internacional.

El conjunto reúne unos 275 saltos repartidos a lo largo de unos 2.700 metros, aunque el número cambia con el caudal: con el río bajo se ven menos de doscientos y con una crecida llegan a unos trescientos. El más imponente es la Garganta del Diablo, de unos 80 metros de altura, y los investigadores explican que las cataratas retroceden poco a poco río arriba, centímetro a centímetro, a medida que el agua erosiona la roca volcánica.

Esa fuerza tiene su lado delicado, porque en octubre de 2023 una crecida destrozó 79 tramos de las pasarelas de la Garganta y la dejó cerrada nueve meses, y este año la historia se repite: a mediados de octubre el caudal superó los 11.000 metros cúbicos por segundo, cuando el caudal medio ronda los 1.500 según una de las fuentes.

A los niños suele gustarles la leyenda guaraní, que cuenta que la hija de un cacique, Naipí, fue ofrecida al dios serpiente Boi, y que desde entonces Boi vigila detrás de la cortina de agua de la Garganta.

El lado argentino con niños: nuestro primer día

Aterrizamos en Puerto Iguazú desde Aeroparque con una compañía de bajo coste, y en cuanto bajamos del avión se notó el calor. Nos recogió Lucho, nuestro conductor, que nos ofreció dejar las maletas en el maletero del coche mientras recorríamos el parque, lo que nos vino de maravilla porque pensábamos dejarlas en las taquillas de la entrada.

Salto de las cataratas de Iguazú entre la bruma y la selva, visto desde lejos

La entrada de nuestra hija, que es gratuita, no se puede comprar por adelantado: solo se vende en la taquilla 7, dentro del propio parque, por lo que conviene no ir justos de tiempo. A la entrada del parque hay baños y una sala de lactancia con cambiador.

Una mujer con una niña en brazos mira las cataratas de Iguazú desde una barandilla

Llovía de forma intermitente y parecía que iba a haber tormenta, por lo que nos pusimos los ponchos y metimos a la peque en el carrito con el suyo, algo que no le gustó nada. En el parque se pueden alquilar carritos de bebé y puestos de comida en las paradas del tren, donde vimos incluso leche entera.

Los niños no pueden ir en las lanchas del lado argentino, según nos explicaron, y también nos avisaron de que monos y coatíes se tiran a robar la comida de los turistas, por lo que lo mejor es llevarla en bolsas bien cerradas y dentro de la mochila, no bajo el carro.

Pasarela de madera entre la selva hacia un mirador de las cataratas con gente y una bandera argentina

Cogimos el tren y empezamos por el Circuito Superior, el más largo y el único que se puede hacer con carrito en todo su recorrido. Había varios colegios, pero no resultaba agobiante, y las cataratas nos parecieron impresionantes:

Lucho nos contó que llevaban entre siete y ocho veces más agua de lo normal por dos meses de lluvias, y a nosotros nos resultaron incluso más impresionantes que las cataratas Victoria. Lo hicimos en unas dos horas, con muchas paradas para las fotos y para jugar con nuestra hija. La Garganta del Diablo, que es la tercera estación del tren, llevaba tiempo cerrada, y por eso no pudimos verla.

Dos cascadas de las cataratas de Iguazú cayendo entre la vegetación

Después de comer algo suave en la segunda estación nos fuimos al Circuito Inferior, que según nos dijeron es accesible en un 70 %: tuvimos que hacerlo al revés para ver los miradores y terminamos andando ruta y media, pero mereció la pena porque por la tarde salió el sol y la luz era otra completamente distinta. Los senderos cierran sobre las cinco o cinco y media, y nosotros cogimos el tren de vuelta a las cuatro y media, por lo que hay que calcular el día con ese límite.

El lado brasileño con niños: nuestro segundo día

Para el lado brasileño dedicamos el día siguiente, y lo que más influye en cómo sale es cómo se cruza la frontera. Nosotros fuimos en coche privado con Lucho, que nos recogió a las nueve, y lo recomendamos frente al autobús, porque este no espera en la frontera y obliga a cambiar de vehículo: habría supuesto ir a la estación, coger un bus hasta la frontera y otro a las cataratas, a 12.000 pesos cada tramo por persona, y entre dos adultos acaba saliendo más caro que un taxi, que ronda los 80.000 pesos la ida y vuelta.

Cascadas de Iguazú entre nubes de bruma sobre un río de aguas revueltas con una pasarela al fondo

En la frontera hay muchos casinos, porque en Brasil están prohibidos y los brasileños cruzan para jugar, y aunque no había nada de tráfico el control argentino tardó bastante. Lo bueno es que no tuvimos que bajar del coche; en la parte brasileña sí hay que bajarse, pero va mucho más rápido, y nos pusieron el sello.

Teníamos la entrada comprada online, incluida la de la niña, que en el lado brasileño sí se puede comprar por internet, y aunque llegamos media hora antes no pasó nada.

En la entrada hay que coger un autobús gratuito, que recorre unos 10 kilómetros hasta las cataratas con varias paradas para lanchas y algunos paseos; nosotros nos bajamos donde empieza la ruta clásica, que es la tercera parada y tiene un recorrido de unos 1,5 km. Había bastante bruma y una lluvia ligera pero constante, y la vista nos pareció mejor que desde el lado argentino, porque se ven las cataratas de frente.

Los accesos tienen más escaleras de las que anuncian, pese a que el recorrido figura como accesible, y existe un ascensor al final que solo permite ver la pasarela del último tramo, con lo que se pierde la mitad de los miradores. Nosotros fuimos bajando el carro a mano, y menos mal que lo llevamos con el poncho puesto, porque llovió todo el rato y la bruma de las cascadas se nota más que en el lado argentino.

Salto de las cataratas de Iguazú entre la vegetación, con el agua marrón y espumosa de la crecida en primer plano

Llegamos hasta la pasarela, que está muy cerca de una cascada y moja incluso con poncho, y terminamos en unas tres horas con un helado de açaí con guaraná. Según nos contaron, en Brasil son más relajados con los niños: se puede sobrevolar las cataratas en helicóptero y las barcas no tienen límite de edad, algo que en Argentina no ocurre.

De vuelta, Lucho nos dejó en Puerto Iguazú para comer. Tomamos sorrentinos y una pizza rellena que nos sobró a precios europeos, paseamos por la avenida Brasil, que es la calle de fiesta y estaba llena de brasileños, y encontramos un mirador escondido con parque infantil donde la peque jugó hasta que nos vinieron a buscar.

A nuestro juicio el lado argentino está mejor preparado para familias, pero el brasileño tiene las vistas más espectaculares. Si preferís una excursión organizada al lado brasileño, Civitatis tiene varias opciones desde Puerto Iguazú. En Viator hay además un día completo que cubre los dos lados, Brasil y Argentina, y otro solo del lado argentino con barco, tren y camión por la selva, aunque nosotros recorrimos cada lado por nuestra cuenta.

Dónde dormir en Puerto Iguazú: Costa del Sol

Nos alojamos en Costa del Sol Iguazú y lo aconsejamos sin dudarlo: son unas cabañas ecosostenibles pegadas al río Paraná, con vistas a Paraguay, totalmente equipadas y con piscina, y perfectas para disfrutar con niños. La cabaña es muy amplia, con espacio de sobra para los tres, y tiene una cocina completa y muy bien equipada con la que preparamos cenas y desayunos; tenía además una bañera con hidromasaje, y en los alrededores hay una casita infantil y mucho espacio donde nuestra hija pudo jugar.

Es un lugar sostenible y respetuoso, ideado para el disfrute de los visitantes pero también para cuidar el entorno en el que se encuentra, y su dueño, Ezequiel, nos contó que aquel terreno iba a ser su casa y que, al terminar la primera cabaña, entendió el potencial del lugar y siguió construyendo el resto, todo a mano y con materiales de la zona. A nosotros nos pareció un lugar idílico, muy adaptado a familias y en el que, además, nos sentimos muy cómodos porque Ezequiel se prestó en todo momento a ayudarnos y, todo sea dicho, nos salvó la vida cuando la noche anterior al vuelo nos cancelaron el taxi que teníamos reservado y él nos consiguió otro conductor. Es maravilloso contar con gente así cuando se viaja, sobre todo con niños pequeños.

A nuestro juicio, Puerto Iguazú tiene dos zonas bastante distintas. La típica de los hostels, en el centro, concentra a mochileros y viajeros jóvenes que van solos, y el ambiente está orientado a ellos: una cerveza después de ver las cataratas, salir a cenar y, quizás, algo de fiesta y de ruido.

La otra zona, junto al río, es más tranquila y mucho más adecuada para familias, y es la que elegimos nosotros: preferimos la calma de estar junto al Paraná, escuchando solo el canto de los pájaros, descansar bien y que la niña tuviera espacio para jugar. Con niños los horarios son otros y lo que se busca en el viaje también, y se agradece tener un lugar donde descansar lejos del ruido.

Desde el aeropuerto queda prácticamente a la misma distancia que el centro, unos 21 km, aunque desde el centro hay unos 15 minutos en coche y una hora y media andando, y por eso sin vehículo propio es mejor contar con un traslado. Un detalle práctico más: con la humedad, la ropa que lavamos no se secó en todo el día, y acabamos poniéndola bajo el ventilador.

Traslados en Puerto Iguazú

En Puerto Iguazú no hay Uber, Cabify ni DiDi, por lo que los traslados se piden por WhatsApp o por teléfono, o se coge un remis en el momento. Teníamos contratado con Premium Traslados, un servicio de traslado con silla infantil al aeropuerto y a las cataratas, y la noche anterior al primer traslado nos escribieron para subir unilateralmente el precio, que nos duplicaban, pese a que llevábamos semanas hablando con ellos y lo habíamos dejado todo por escrito.

Alegaron que nuestro alojamiento estaba en otra zona, cuando la diferencia de distancia, según nuestras cuentas, era de un kilómetro, y no recibimos ninguna otra explicación. Conservamos los mensajes por WhatsApp, y no los recomendamos, y menos aún a familias con niños, porque algo así en pleno viaje es un problema. Nosotros desde el primer momento habíamos informado del hotel en el que nos alojábamos, así que solo podemos interpretar el cambio a última hora como un intento de sacarnos más dinero, aprovechando la situación y el hecho de que viajábamos con una niña pequeña.

Por suerte, en las cabañas nos recomendaron a Lucho, que estaba disponible: nos llevó al parque, a la frontera con Brasil y al aeropuerto, con maletero para las maletas y con muchas ganas de contar cosas del país, y con él todo fue bien. Si reserváis un traslado en Iguazú, nuestro consejo es acordar por escrito el precio y la dirección exacta del alojamiento antes de viajar, y tener un plan B por si el conductor cambia las condiciones a última hora.

Otra opción, es contratar excursiones con traslado. Las hay para el lado argentino y para el lado brasileño. Están muy bien porque te incluyen traslado y guía, pero ojo, no incluyen la entrada al parque que tendrás que sacar online.

Los dos días en las cataratas, con el cansancio y las pasarelas incluidos, están en nuestro diario de Patagonia: el lado argentino y el lado brasileño.

Datos útiles para las cataratas de Iguazú con niños

Dato Qué tener en cuenta
Entrada de adultos 60.000 pesos argentinos para extranjeros desde junio de 2026; conviene confirmarlo en Parques Nacionales ya que podría variar
Entrada de la niña Gratuita, pero solo se vende en la taquilla 7, dentro del parque
Carritos Se pueden alquilar en el propio parque
Horarios Los senderos cierran hacia las 17:00-17:30; el último tren de vuelta conviene cogerlo con margen
Lado brasileño Mejor en coche privado que en autobús; entrada de la niña comprable online
Dónde dormir Costa del Sol Iguazú, a unos 15 minutos en coche del centro
Estado de los circuitos Cambia con la crecida; consulta los canales oficiales

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días hacen falta para ver las cataratas con niños?

Dos, uno para cada lado, es lo más cómodo. El lado argentino da para casi todo el día, y el brasileño, para unas tres horas más el cruce de frontera.

¿Se puede ir con carrito a las cataratas?

Sí, al lado argentino. El Circuito Superior es accesible en todo su recorrido y el parque alquila carritos. En el lado brasileño hay bastantes escaleras, aunque nosotros lo hicimos con el carro, bajándolo a mano.

¿Qué lado es mejor con niños?

A nuestro juicio, el argentino está mejor preparado para familias y el brasileño tiene las vistas más espectaculares, porque se ven las cataratas de frente.

¿Se puede ver ahora la Garganta del Diablo?

A mediados de octubre de 2026, no: llevaba cerrada desde agosto y seguía cerrada con la crecida, sin fecha de reapertura. Antes de ir, lo mejor es mirar los canales oficiales del parque.

Lo que usamos

El vuelo de Buenos Aires a Iguazú lo compramos en Trip.com, y el seguro con Heymondo (código RETRATOSVIAJEROS). Para los datos usamos dos eSIM, Evasim para Argentina y eSIMPal para Brasil, Uruguay y Chile. Algunos enlaces de este artículo son de afiliación, y Costa del Sol Iguazú colaboró con nosotros durante el viaje; solo aconsejamos lo que hemos usado.

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Este artículo es una etapa de nuestro viaje de 22 días a Argentina, Chile y Uruguay con una niña de 18 meses. La etapa siguiente, tras volver a Buenos Aires, fue la Península Valdés con niños.

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