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Berliner Mauer đŸ“·

 

Hay una pintada sobre el muro. Dice “Mein Körper bleibt hier, aber meine Herzkreuze zur anderen Seite kreuz*”. En el suelo hay sangre seca. Uno de los soldados que vigila el paso tiene la mirada clavada en la mancha rojiza. Una lĂĄgrima tĂ­mida riega sus pestañas. No se permite mĂĄs. Sus compañeros comprenden y callan.

Hoy el silencio rodea el muro. Todos somos iguales, murmura el soldado, pero aquĂ­ solo se entiende de diferencias. Y piensa en su hermano, al otro lado. Luego levanta la barbilla. No mĂĄs lĂĄgrimas hoy.

Algunos pasan junto al muro, ven la pintada, ven la sangre seca, agachan la cabeza y siguen caminando. Han comprendido, han aceptado. AlgĂșn corazĂłn se encoge, alguno se detiene un segundo, alguno incluso suspira. Y luego estĂĄn esos, los que se llenan de orgullo
 los que se llenan de odio. Esos no comprenden, no aceptan. Esos nunca entienden nada.

Hoy, a este lado del muro, hay una pintada en letras negras. La pintura ya estĂĄ seca, la sangre ya estĂĄ seca
 pero las lĂĄgrimas siguen hĂșmedas, siguen mojando retinas asustadas, miradas cansadas, ojos tristes.

Y, en algĂșn lugar al otro lado, un corazĂłn que ya no late corre en busca de su amada.

* Mi cuerpo perece aquĂ­, pero mi corazĂłn cruza al otro lado

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