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Vic, Rupit, Pruit y Tavertet: un día en el interior de Barcelona

Pruit es tan pequeño que cuesta creer que alguien viva allí. Una iglesia, cuatro casas de piedra y silencio. Lo cruzamos casi sin darnos cuenta, camino de Rupit, en una escapada de un día desde Vilassar de Mar, donde estábamos en un intercambio de casa con HomeExchange.

Rupit i Pruit, Tavertet y los pueblos que rodean el pantano de Sau están en el Collsacabra, una comarca natural entre Osona y la Garrotxa que durante siglos ha estado bastante aislada por el propio terreno: acantilados, ríos encajonados y pocos caminos para entrar. Por eso estos pueblos siguen siendo lo que son, sin urbanizaciones ni ampliaciones alrededor.

El origen de Rupit está en el castillo que se construyó alrededor del año 1000, en sustitución de uno anterior, el de Fàbregues. Pruit, en cambio, ya aparece documentado antes, en el año 955. Los dos núcleos compartieron señorío durante siglos pero no se fusionaron administrativamente en un solo municipio hasta 1978, aunque a efectos prácticos siempre han ido de la mano. La propia iglesia de Rupit, dedicada a Sant Joan de Fàbregues, no adoptó el nombre de Rupit hasta 1955.

Vic, primera parada

Antes de meternos en el Collsacabra paramos en Vic, la capital de la comarca de Osona. En época romana la ciudad se llamaba Ausa, y de aquella época queda el templo que hoy se conoce como templo romano, construido en el siglo II. Estuvo escondido durante siglos: en el XI se levantó encima el castillo de los Montcada, y no fue hasta 1882, al derribar ese castillo, cuando volvió a salir a la luz. A partir del siglo IX, tras la reconquista de la zona, Vic se convirtió además en un núcleo religioso y comercial de peso, con el obispo Oliba como figura clave en su desarrollo durante la Alta Edad Media. Ese pasado se nota todavía hoy en la Plaça Major, porticada, que ya funcionaba como mercado desde antes de que en el siglo XII empezaran a levantarse las casas que la rodean.

Y es que fuimos justo en día de mercado, que en Vic se celebra los martes y los sábados desde la Edad Media, prácticamente sin interrupción. Había muchísima gente. Lo que más nos llamó la atención fue el contraste entre los edificios centenarios de la plaza y lo que se vendía debajo de los toldos: al lado de un puesto de ropa interior había uno de fruta, y al lado otro con gallinas vivas. El mercado en sí es casi el mismo que en época medieval, con la diferencia de que ahora también se vende ropa interior y no solo grano y ganado.

Después de comer volvimos a pasar por la plaza y ya lo habían desmontado todo. Vacía, se ve todavía mejor lo grande y bonita que es la Plaça Major, con el suelo de arena y los pórticos alrededor. Casi mejor verla así, sin puestos, para hacerse una idea real de su tamaño.

Aprovechamos para entrar en la Iglesia de la Pietat, del siglo XVII, con fachada barroca. Es gratuita y dentro conviven dos cosas: el Cambril dels Sants Màrtirs, restaurado entre 2020 y 2024, y una exposición temporal, «Marià Colomer i la pintura del Barroc a Vic», organizada entre la propia parroquia, el Bisbat de Vic, el Ayuntamiento y la Generalitat. Es pequeña pero muy bonita, y si pasáis por la plaza merece la pena el desvío de cinco minutos.

Al lado también entramos al templo romano, otra visita gratuita y que en pocos minutos os deja ver los restos de la antigua Ausa en pleno centro de la ciudad. Justo enfrente está la Casa Masferrer, un edificio modernista de finales del siglo XIX con esgrafiados y una torre que merece la pena mirar aunque solo sea desde fuera.

Paseando por el centro nos encontramos también con la Casa Vilarrubia, otra de esas casas que paran el paso. Se construyó a mediados del siglo XIX y lo que más llama la atención son sus balcones, con barandillas de hierro forjado y unas galerías de arcos apuntados que imitan un claustro gótico, decoradas por dentro con pinturas al fresco.

Ya en la Plaça de la Catedral está la Casa Colomer, modernista, obra del arquitecto Josep M. Pericas. No se puede visitar por dentro, pero la fachada sola merece la parada. Justo enfrente, entramos a la Catedral de Sant Pere: es gratuita y vale mucho la pena, pero ojo con el horario, porque cierra al mediodía y no vuelve a abrir hasta las 16:30.

Bajamos también hasta el Pont de Queralt, que aunque de lejos parece romano en realidad es románico, del siglo XI, construido sobre el trazado de una vía romana anterior. Durante siglos fue la única entrada a la ciudad viniendo desde Barcelona. Al lado se conserva un tramo de las murallas de Pere III, del siglo XIV, que en su día rodeaban toda la ciudad con cuarenta torres y siete puertas, y de las que hoy solo queda en pie este trozo.

La ciudad en sí se recorre bien con carrito, sin problema. Lo que sí tiene escalones es el acceso tanto a la iglesia de la Pietat como al templo romano, así que si vais con carro contad con tener que subirlo a pulso un momento en las dos paradas.

Comiendo nos contaron que Vic tiene también un par de citas fuertes en el calendario: el Mercat Medieval, en el primer fin de semana de diciembre, uno de los más antiguos y con más arraigo de Cataluña, y el Mercat de Música Viva de Vic (MMVV), que en septiembre llena las calles del centro de conciertos. Ninguno de los dos coincidía con nuestra visita, pero quedan apuntados para otra vez.

Nos vamos de Vic con la sensación de que es una ciudad que merece mucho la pena, más de lo que esperábamos antes de ir. Tiene historia por todas partes, arquitectura de sobra para pasarse la mañana mirando fachadas, y muy buena gastronomía: nosotros hicimos parada de vermut, probamos las bolas de Olot y, cómo no, el embutido, que aquí es de los mejores de Cataluña.

Aparcamos gratis en uno de los parkings gratuitos que hay a la entrada de la ciudad, así que no hizo falta meterse en el casco antiguo en coche ni preocuparse por el tique.

Rupit, la piedra y el reloj del parking

Rupit ya es otra cosa. Calles empedradas, casas colgadas sobre la roca y bastante gente, lo suficiente como para que haya un parking a la entrada: gratis los primeros 45 minutos y luego 2,5 € hasta las dos horas. Se puede seguir aparcando más rato, pero el precio sigue subiendo, así que si pensáis comer con calma en el pueblo, contad con pagar un poco más de la cuenta.

Cruzamos el pont penjant, el puente colgante de madera que salva la riera de Rupit y que es prácticamente la imagen de postal del pueblo. Lo construyeron a mediados del siglo XX dos hermanos herreros del propio Rupit, los Rovira, y se reconstruyó por completo en 1994 manteniendo la misma estructura original. Se mueve al pasar, avisamos.

Justo al salir del puente hay una pastelería donde compramos un bollo. Estaba muy rico, pero también caro: 5,50 € por una pieza. Si vais con ganas de merendar por el pueblo, no es la única pastelería de Rupit, así que merece la pena mirar precios antes de decidir en cuál paráis.

El pueblo en sí es duro para el carrito. Suelo de piedra y tramos de escalera. Vimos a varias familias intentándolo con carro, pero para estas cuestas el porteo va mucho mejor: es más cómodo y da más movilidad para las escaleras y los tramos estrechos.

Se puede subir a la torre pagando entrada, pero no llegamos ni a preguntar el precio: son dos plantas de escaleras y la niña iba dormida, así que la dejamos para otra vez.

Comimos en un bar cerca de la plaza: un bocadillo de butifarra con pan de coca, sencillo y muy rico y muy  bien de precio.

Rupit tiene también una piscina municipal con vistas al pueblo que apetece un montón. La vimos de camino y nos supo mal no llevar bañador. Queda para la próxima.

El Salt de Sallent, la excursión que no hicimos

Desde Rupit sale un camino hacia el Salt de Sallent, la cascada de la zona, a unos 40 minutos a pie pasando la iglesia. No fuimos: nos pillaba a la hora de comer, hacía mucho sol y una familia que volvía nos dijo que el salto estaba prácticamente sin agua. Aun así, merece la pena caminar los primeros cinco minutos: las vistas del pueblo desde el camino son una pasada, posiblemente la foto más perfecta que vais a hacer en toda la visita.

Besalú se queda para otra vez

 

En la misma zona, algo más al norte, está Besalú, otro pueblo medieval con su puente sobre el Fluvià. Esta vez no fuimos: ya lo habíamos visitado cuando estuvimos en Girona, y con la peque preferimos no repetir teniendo Rupit y Tavertet por delante. Si tenéis tiempo por la zona, los tres se pueden enlazar sin mucho desvío.

Cómo llegar: de Vilassar a Vic, y de Rupit a Tavertet

De Vilassar de Mar a Vic tardamos algo más de una hora. De Vic a Rupit son ya solo unos 45 minutos, por una carretera en muy buen estado, aunque el último tramo tiene bastantes curvas según se empieza a subir a la montaña.

De Rupit a Tavertet se va por una pista asfaltada, estrecha y con tráfico prácticamente nulo. El GPS marcaba unos 20 minutos, pero fuimos parando todo el rato para hacer fotos —íbamos solos por la carretera— y tardamos casi una hora. Algún tramo está algo peor cuidado, pero se hace bien en coche normal. El paisaje por el camino, con el desfiladero asomando a un lado, ya vale el desvío.

Tavertet: la iglesia románica y el pueblo dormido

En Tavertet aparcamos directamente en la calle. Solo al irnos nos dimos cuenta de que hay un parking para visitantes a la entrada, por 3 €, que nos habíamos saltado por entrar por otra calle.

La iglesia, románica del siglo X, estaba abierta. Toda de piedra, y con un detalle curioso: los bancos llevan el nombre de las familias del pueblo grabado. Tiene su lógica en un sitio tan pequeño: Tavertet no llega ni a 130 vecinos censados, así que no es raro que a la hora de la siesta no quedara un alma por las calles.

Se nota mucho más turismo en Rupit que en Tavertet: en Rupit hay más gente por la calle, más tiendas abiertas y más ambiente en general. Tavertet, en cambio, estaba prácticamente vacío mientras estuvimos allí. Solo cuando nos íbamos vimos llegar a un grupo grande con visita guiada, así que puede que la tranquilidad dependa mucho de a qué hora entréis.

Las vistas desde el mirador, sobre el pantano de Sau, son espectaculares y, posiblemente, lo mejor que hacer en el pueblo. Y como llegamos justo a la hora de la siesta, tuvimos el pueblo prácticamente para nosotros.

Cómo lo hicimos: ruta en coche propio, ideal para combinar Rupit y Tavertet en el mismo día. Contad con parking de pago en los dos pueblos si vais en temporada alta, y llevad mochila portabebés en lugar de carrito si Rupit está en el plan. Si no tienes coches, hay excursiones organizadas que salen desde Barcelona y te llevan a conocer estos pueblos.

Si estás por la zona y quieres más ideas para recorrer con peques, echa un vistazo a nuestra excursión a Montserrat en un día o al post sobre el Maresme, la alternativa sin masificar a la Costa Brava.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda de Vic a Rupit? Unos 45 minutos por carretera en buen estado, con más curvas en el último tramo al empezar a subir la montaña.

¿Se puede visitar Vic con carrito de bebé? Sí, la ciudad en general se recorre bien con carrito. La excepción son la Iglesia de la Pietat y el templo romano, que tienen escalones en el acceso.

¿Cuándo lleva agua el Salt de Sallent? En nuestra visita, en pleno verano, estaba prácticamente seco. Es una cascada de lluvia, así que va mejor en otoño, invierno o después de un periodo de lluvias.

¿Rupit o Tavertet, cuál conviene más con niños pequeños? Los dos se pueden hacer con niños, pero de forma distinta. Rupit tiene suelo de piedra y escaleras, así que mejor con mochila portabebés que con carrito. Tavertet es más tranquilo y con menos desnivel en el propio pueblo.

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