Nápoles y Pompeya

en

 

Nápoles es una ciudad caótica, sucia y decadente.  Es una ciudad en la que la gente cuelga su ropa en la calle, muchas veces incluso en tendederos en las aceras, en calles en las que las motocicletas pasan sin preocuparse mucho de los peatones. Una ciudad en la que los coches aparcan en cualquier parte, en la que a los muertos se los venera en altares construidos en cualquier pared y en las que las esquelas se anuncian como si fueran conciertos de rock. Es una ciudad de supersticiones y de tradiciones. Una ciudad que huele a pizza y a sfogliatella. Una ciudad de calles estrechas, que a veces parece un laberinto. Una ciudad que oculta otra ciudad bajo el suelo, que habla una lengua propia.

La historia de Nápoles es apasionante. Empieza con los griegos, cuando en el siglo V a.C dejaron una isla cercana a causa unos terremotos y se mudaron hasta Parténope, la actual Nápoles, y que recibió el sobrenombre de Neápolis, que viene a significar «ciudad nueva» (De hecho Nápoles no fue ni la primera ni la última neápolis que fundaron los griegos).  Durante los siglos XVIII y XIX, bajo la dinastía borbónica, Nápoles vivió una época de gran esplendor. Fue la capital del Reino de las Dos Sicilias y de aquellos días conserva el dialecto napolitano algunas de sus palabras y una fuerte influencia del castellano. Tras aquello y con la unificación de Italia, la ciudad entró en decadencia. Una decadencia que se ha mantuvo durante el final del siglo XX, primero por la dictadura y la guerra, y después por el efecto de la mafia originaria de la zona (la Camorra). La corrupción, las extorsiones y toda la delincuencia derivada de la actividad mafiosa ha mantenido a Napoles deprimida hasta hace poco, yugo del que se está intentando liberar poco a poco con arte, actividades sociales y abriendo la ciudad al turismo.

Qué ver

Aparte de los lugares típicos que aparecen en todas las guías (Plaza del Pleisbicito, Catedral de Nápoles, Castel Nuovo…), estos son los lugares que más nos gustaron y que no podemos dejar de recomendar.

  • Nápoles subterránea. Uno de los imprescindibles de la ciudad. Imagina un acueducto  subterráneo del año 470 a.c convertido en un refugio antiaéreo durante la II Guerra Mundial. La visita se puede en distintos sitios y visitarás lugares diferentes en cada uno de ellos.  El precio es de 10€ por persona. 
  • Villa Floridiana. Es un parque que hay en el barrio de Vomero, desde el que se tiene una preciosa panorámica de la ciudad. Para llegar puedes coger el funicular que sale desde la calle Toledo (estación de Augusteo), con un precio de 1’6€ por trayecto. 
  • Madonna con pistola, de Banksy.  La única obra del artista en Italia. 
  • San Gennaro, de Jorit. Impresionante mural del artista hiperrealista. Como curiosidad, la cara del santo está basada en la de un trabajador amigo de Jorit. 

  • Quartieri Spagnoli, y en general todas las callejuelas estrechas, repletas de ropa tendida y altares de la ciudad. Lo mejor de Nápoles es caminar por sus calles. 

Dónde alojarse

Las mejores zonas para recorrer la ciudad a pie son las inmediaciones de la Plaza del Pleisbicito. Otra zona interesante es la que está en los alrededores del Spaccanapoli, en la zona vieja de la ciudad.

Dónde y qué comer

  • Los helados artesanos de Il Gelato Mennella. Están buenísimos, son generosos sirviendo y encima hacen hasta sus propios barquillos. Vamos, todo un acierto.
  • La Sfogliatella de Pintauro, te las sirven calentitas y están deliciosas. Es mejor comerlas en el momento, porque si no, la masa deja de estar crujiente.
  • Las pizzerías más famosas son L’antica Pizzeria da Michele y Gino Sorbillo, aunque vas a necesitar mucha suerte o mucha paciencia, porque las colas son impresionantes. Si te rindes y no te apetece esperar, cualquier pizzería con horno de leña en la misma calle del Gino Sorbillo será una buena alternativa.  Veréis que en muchos sitios se anuncia la «Pizza Fritta», que es bastante famosa allí. Viene a ser una especie de calzone pero frito. 
  • El mejor ragú en Tamdem D’Asporto, un local muy pequeño y con una relación calidad-precio imbatible. La combinación de ragú con ricotta es insuperable. 

Cómo ir al aeropuerto

Los taxis tienen una tarifa fija de 25€ por el trayecto del aeropuerto al  centro de la ciudad. Otra opción es el autobús Alibus, con un precio de 5€ por persona y parada en la estación central (Plaza de Garibaldi). El trayecto desde el centro al aeropuerto es de aproximadamente 30 minutos.

Pompeya

El mito de Pompeya surge en el año 79, cuando esta ciudad romana fue enterrada por una violenta erupción del volcán que tiene al lado: el Vesubio. Por aquel entonces, era una ciudad próspera y antigua (data del siglo IX a.C.), por la que habían pasado griegos, etruscos y, finalmente, romanos. Había sufrido un terremoto unos años antes y, por eso, había muchas zonas en reconstrucción cuando el Vesubo entró en erupción. Aún así, seguía siendo un importante paso de mercancías y, gracias a eso, cuando fue descubierta en 1748 debajo de capas y capas de ceniza, se encontraron multitud de alimentos y utensilios de uso común en el día a día del Imperio romano. Tanto esos como los foros, baños, villas y frescos permancieron sosprendemente bien conservados, suponiendo un testimonio único de la vida romana. Sus costumbres, decoraciones y vida cotidiana permanecen congelados en piedra desde hace dos milenios.

Por todo esto, es imprescindible, cuando se visita Nápoles, ir a esta ciudad. Se encuentra a menos de una hora en tren desde estación central de Napoles (la línea Circumvesuviana,  2.80€ por trayecto) y se puede visitar tanto por libre como con cualquiera de las infinitas excursiones privadas o servicios de traslados existentes. En cualquier caso,  se recorre perfectamente en una mañana (aunque posiblemente te quedes con mucho por ver ya que su extensión es bastante grande). La entrada cuesta 15€ por persona y su horario es de 8:30 a 17 horas. 

Los puntos imprescindibles de cualquier visita a Pompeya son el foro, el Templo de Apolo, el lupanar, el teatro, el orto dei fuggiaschi, la casa del fauno y las termas de sabiane.  Lo recomendable es hacer la visita con guía, para comprender lo que se está viendo o, en su defecto, llevárselo todo estudiado de casa. La visita sin conocer la historia de la ciudad no es tan interesante, creo que dificilmente alguien no pueda quedar impresionado ante unos frescos romanos con más de dos mil años de antigüedad… salvo que no sepa lo que son 😉