Diario de Cuba (4): Cayo Jutías

 

Nos levantamos temprano y salimos a desayunar. Descubrimos que en la dulcería que hay al final de la calle del campo de beisbol (la nuestra) venden una especie de sobaos muy ricos y en moneda nacional. Vamos también a una ventanita llamada El Rápido (curioso que en todos los pueblos de Cuba haya un sitio llamado así) donde vemos a muchos cubanos comprar dulces y cogemos unas croquetas, también en moneda nacional.

Volvemos a la casa. El taxi no aparece a la hora acordada, sino un poco más tarde. Estamos en la puerta de la casa esperando los cuatro, pero cuando llega nos dice que sólo tiene dos plazas. Decimos que eso no es lo que habíamos acordado y empieza a hacer llamadas. Además, no cuadra el precio. Le han dicho que 15 por persona, que no es lo que acordamos ayer. Viene otro coche y empiezan a gestionar. Entonces interviene Juanito, el dueño de la casa donde nos quedamos y dice que ese taxi es para dos francesas que hay en nuestra casa. Nos molesta un poco porque ha estado todo el rato viendo la situación y sólo ha decidido aclararla cuando ya veía que nos subíamos al taxi. El taxista nos dice que esperemos, que van a mandarnos otro coche y Juanito, de malos modos, nos dice que si vamos a querer el taxi para Cienfuegos que habíamos consultado para mañana. Le decimos que en principio sí y nos confirma que serían 35 CUC por persona.

Los chicos de ayer aparecen y nos explican que tenían un taxista, pero que se ha confundido de casa y se ha ido para la playa con otros turistas. Van a buscarnos otro taxi. El problema es que la carretera está llena de baches y muchos no quieren arriesgar sus coches metiéndolos por ahí. Se arriesgan a sufrir una avería y aquí en Cuba las reparaciones son difíciles y costosas.

Esperamos un rato hasta que aparece un coche. Ya son casi las 10, bastante tarde, pero no hay más opción. El taxista resulta ser un hombre muy agradable, que nos cuenta que lleva un mes trabajando como chófer. Ha heredado el coche, un Lada bastante viejo, tras la muerte de su padre. Dejó su trabajo como conductor del Estado para dedicarse a esto ya que gana mucho más así. Nos cuenta que los repuestos para los coches son caros, 300 CUC por cuatro ruedas. Los coches aquí son un pequeño privilegio. Se van revalorizando con los años y valen auténticas fortunas, ya que el Gobierno no permite la entrada de coches a la isla. Sólo motos eléctricas que traen desde Panamá. Los coches son en general muy antiguos y es por ello que todos los conductores cubanos son mecánicos, realizando auténticas proezas con el escaso material del que disponen. Aquí es habitual ver vehículos reparados con piezas de otros.

De camino paramos en una casa particular donde el conductor recoge un tupper con comida. Nos dice que vale 2 CUC y que es congrí con bistec. Cogemos cuatro nosotros también, pues no tenemos claro qué vamos a encontrar en el cayo. Cuando llegamos, nuestro conductor dice que es mejor quedarnos en la playa de antes, ya que hay menos turistas y es mas virgen. Le hacemos caso y acertamos, ya que luego al ir caminando a la otra playa vemos que está llena de chiringuitos y hay mucho más turistas.

 

La playa es una maravilla, de agua cristalina y arena blanca. Nos recuerda a Zanzíbar, aunque aquí no hay medusas, posiblemente porque el agua está más fría.

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Los taxistas esperan a los turistas junto a sus coches y algunos lugareños pescan con arpón unos peces de colores vivos que luego destripan y hacen a la parrilla en la misma playa para los turistas.

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Nosotros nos comemos nuestros tuppers, que resultan ser todo un acierto.

Después de comer y estar un rato más en la playa decidimos ir a Viñales para hacer uns pequeña ruta en coche por el Valle, que apalabramos con nuestro conductor por 15 CUC más. Empezamos parando en el Mural de la Prehistoria. Ciertamente, como habíamos leído, el Mural no es gran cosa, de hecho estropea un paisaje natural que es completamente abrumador. Sólo estar allí, en medio de los mogotes, con su espectacular vegetación te quita el aliento.

De ahí vamos al hotel Los Jazmines, donde hay un mirador desde el que se contempla una panorámica espectacular de todo el valle. Seguimos hasta la Cueva del Indio, donde ya llegamos de noche. Una pena porque parece que merecía la pena haberla visitado. Lamentablemente ya no tenemos tiempo.

Volvemos al pueblo. Los chicos que nos consiguieron la excursión nos están esperando. Han encontrado a un taxista de Cienfuegos, que tiene que volver mañana a casa y nos deja el viaje en 30 CUC por persona. Decimos que teniamos el viaje apalabrado con Juanito y que vamos a hablar con él para ver si se podría cancelar, ya que en caso contrario nos atendremos a nuestra palabra aunque perdamos dinero.  Vamos a la casa y preguntamos, pero la reacción de Juanito nos sorprende. Gritando, nos dice que nos van a denunciar a la policía y que nos van a obligar a pagar el viaje de todas maneras, que ya no se puede cancelar porque es muy tarde y que nos había preguntado esta mañana porque no se fiaba de nosotros, porque no habíamos consumido nada en su casa (se refiere a los desayunos y comidas) y que nosotros veremos, pero que nos vamos a meter en problemas con la policía. La cosa se pone muy tensa y no nos gusta la manera en que nos ha gritado y amenazado, con mucha agresividad y desprecio, pero aún así vamos a decirle al taxista que no vamos con él porque no queremos tener problemas con la policía. Cuando se lo decimos, nos explica que eso no es así, que no nos pueden obligar a coger nada con ellos y que todo es cancelable, sobre todo a la hora que es. Hablamos con el dueño de una casa cercana y nos dice lo mismo, que no nos dejemos intimidar porque llevamos la razón.

Confusos, decidimos ir a preguntar a la policía. Realmente nos da igual pagar 5 CUC más o menos, pero no nos ha gustado la forma en que nos ha hablado Juanito y queremos saber si nos ha mentido. La policía nos confirma que llevamos razón nosotros y nos dicen que le digamos qué casa es, pero no queremos buscarles problemas así que no se lo decimos. 

Volvemos a la casa y le decimos a Juanito que finalmente nos vamos con el otro taxista, ya simplemente porque no queremos que se valga de amenazas con futuros inquilinos. Se pone violento, empieza a gritar y a insultarnos diciendo que no somos de fiar, que nos hemos portado mal con él porque no hemos desayunado en su casa y hemos cogido todas las excursiones por libre. Nos llama de todo, muy enfadado y nervioso. D le pide que se tranquilice y deje de gritar, que podemos aclarar todo con calma, entonces le levanta el puño y le empuja contra la pared. La mujer de Juanito se pone en medio para separarlos, en ese momento salgo corriendo a buscar a la policía porque no me gusta nada cómo se está poniendo el asunto.
Regreso con dos policías a pie, que llaman a una patrulla. Toman declaración a la hija de Juanito, dicen lo mismo, que el taxi no se puede cancelar y que vamos a tener que pagar la mitad de la reserva. Explicamos al policía lo que ha pasado, el empujón y los gritos. Ellos dicen, de nuevo, que desde que llegamos hemos ido por libre y que no hemos querido desayunar en su casa, como si fuera un delito gravísimo. No damos crédito. Finalmente el policía nos dice que si queremos podemos poner una denuncia o dejarlo así, la hija de Juanito dice que si lo dejamos estar cancelan el taxi sin coste y hacemos borrón y cuenta nueva.
Decidimos no denunciar porque tampoco queremos buscar problemas a nadie, la policía se va y nosotros nos quedamos hablando con la hija de Juanito, que nos explica que su padre ha bebido y estaba un poco alterado. Aclaramos las cosas con ella y, tras hablar un rato, parece que el asunto queda zanjado. No queremos más polémica.

Subo a contarle a Leandro, el taxista, lo ocurrido y a confirmarle que iremos con él a Cienfuegos. Alucina mucho con la historia. Él y el dueño de la casa donde hará noche me dicen que es una locura lo que ha hecho Juanito, que tener problemas con un turista en Cuba es peor que matar a alguien y que habernos puesto la mano encima le va a traer problemas. Me cuentan que si hubiéramos denunciado le habrían quitado la licencia para la casa y que posiblemente ahora les tendrán una temporada vigilados.

Volvemos a la casa para ducharnos. Al final hemos decidido quedarnos aquí, pese a todo, porque ya es tarde para movernos a otro sitio y no queremos más jaleo.  Vamos a cenar al sitio de ayer y a conectarnos a Internet en la Plaza, donde están retransmitiendo en directo el discurso de Raúl Castro desde la plaza de la Revolución en la Habana. Escuchamos el discurso, el homenaje a Fidel que emiten después y nos vamos a un bar que hay cerca a buscar un mojito.

Cuando llegamos nos dicen que están cerrando, pero cuando decimos que queremos cuatro mojitos el dueño dice que adelante. Tardan un rato en averiguar con qué los van a hacer porque las botellas están en las últimas y, según nos dicen, las tiendas no están vendiendo. Finalmente nos lo hacen con un ron reserva, aunque nos dicen que nos lo cobrarán a 2 CUC igualmente. Nos bebemos los mojitos y nos vamos a dormir. Mañana nos recoge Leandro a las 7:30 para ir a Cienfuegos.

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