Diario de Rusia (2): Mercado de Izmailovo y Kolomensjaya.

 

Nos levantamos con el tiempo justo para bajar a desayunar. Necesitábamos recuperar fuerzas.

Lo primero que hacemos es ir a la Plaza Roja. Queremos visitar el Mausoleo de Lenin y lo mejor es ir a primera hora para evitar colas. Nos toca esperar aún así unos veinte minutos, pero nada en comparación con lo que llegamos a ver ayer. La entrada es gratuita y abre todos los días de 10 a 13 horas. Durante el recorrido no te puedes parar ni hacer fotos. El cuerpo de Lenin se encuentra en un féretro acristalado en medio de una sala. A mí, personalmente, me resulta un tanto violento verlo ahí, no termino de entender la finalidad de este lugar, pero bueno. A la salida están las tumbas de diferentes mandatarios, Stalin entre ellos.

Vamos hacia el metro, Ploshchad Revolyutsii. Queremos coger la línea azul hasta Izmailovo. El problema es que el metro no es nada sencillo aquí por dos razones: casi todo está en cirílico y las estaciones que unen varias líneas son inmensas y están divididas en tantas como líneas conectan. Por ejemplo, nosotros entramos por Okthonyy Ryad, que a su vez conectaba con Tretalyana y con Ploshchad Revoluytsii. Cada estación a un nivel distinto que tienes que ir buscando con ayuda de los carteles, en cirílico o, esto lo aprendimos más tarde, con las indicaciones que hay en el suelo (en inglés). Nada fácil. Preguntando un par de veces y con calma, finalmente averiguamos que tren tenemos que coger.

Llegamos al mercado de Izmailovo sin incidentes. Este lugar nos deja fascinados de inmediato. Se trata de un mercadillo enorme con una arquitectura de lo más peculiar. Aquí se pueden encontrar todo tipo de souvenirs, objetos de la antigua URSS (CCCP, en cirílico), cuadros, artesanía, artículos de segunda mano… de todo. Hay puestecitos de madera y tiendas ubicadas en edificaciones que parecen más bien iglesias o palacetes. Digno de ver. Nos topamos con una iglesia de madera preciosa en medio de una plazoleta que, a su vez, cuenta con varias construcciones muy pintorescas. Realmente inexplicable, todo el sitio es una auténtica locura arquitectónica.

Después de comprar algunos recuerdos, nos sentamos a comer unas brochetas de carne, que resultan estar muy ricas.

Como hemos acabado pronto y de momento no llueve, decidimos coger el metro hasta Kolomensjaya. Aquí nos enfrentamos al segundo problema del metro: salir por la salida incorrecta puede perderte. En nuestro caso, salimos al otro lado de la calle y nos toca dar la vuelta de nuevo. Para colmo de males, empieza a chispear otra vez La tregua de esta mañana con la lluvia ha concluido, menos mal que ahora sí llevamos nuestros chubasqueros.
El parque, una antigua finca de zares,  tiene varias construcciones que queremos visitar. Primero la iglesia de la Ascensión, construída en 1529 para celebrar el nacimiento de Iván el Terrible, y declarada junto con el Kremlin y San Basilio Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Lo segundo es el Palacio de verano del zar Alexey Mikhailovich. El actual es una réplica del original, ya que Catalina II lo mandó destruir.

Disfrutamos de la visita tanto como la lluvia lo permite y nos vamos a las seis de la tarde, hora de cierre y,  aprovechando que sigue lloviendo, vamos a visitar algunas de las estaciones de metro que llevamos apuntadas. Los tornos de metro no tienen reja. Comentamos que es curioso que sean tan confiados, pero pronto descubrimos que no lo son tanto.  Al entrar al metro, paso el billete mal sin darme cuenta y, al ir a pasar, una reja sale de la nada y me cierra el paso. No me revienta la rodilla de milagro.

Cogemos la línea verde dirección a Mayakovskaya y después hacemos cambio a la línea marrón para ir a Novoslobodskaya, otra estación muy curiosa. Lo bueno del metro es que tiene mucha frecuencia, por lo que no hay problema en ir parando en las estaciones, visitarlas y coger otro tren.

Salimos en Pushkinskaya para volver al hotel caminando por la calle Tverskaya pero, mala suerte, la calle está en obras y, aunque se puede caminar por ella, no podemos disfrutar del paseo. Por el camino encontramos una librería y entro a preguntar por “Mbi”. Tenemos suerte y tienen varias copias, además de otras obras de Zamiatin. La dependienta no termina de entender para qué queremos un libro en un idioma que no entendemos, pero nos da igual, nosotros tan felices con nuestro libro.

Bajamos caminando hasta el Bolshói y de ahí nos dirigimos al centro comercial de ayer para cenar unos syrnikis y con la intención de subir a la azotea de noche. Por desgracia, la azotea cierra a las 9:30, así que nos quedamos con las ganas.

Sin fuerzas para más, regresamos al hotel.