Diario Viena, Bratislava y Budapest (5): Budapest, la perla del Danubio

 

Comenzamos el día visitando la Gran Sinagoga de Budapest, la más grande de Europa y la segunda más grande del mundo. Se puede visitar por dentro, aunque nosotros optamos por no hacerlo por cuestión de tiempo. Mientras, vamos buscando algún puesto de kürtőskalács para desayunar, ya que llevamos todo el viaje con antojo. El kürtőskalács es un dulce típico húngaro de forma cilíndrica que descubrimos en una feria de nuestra ciudad y nos conquistó.

Proseguimos hasta , la plaza de Sissi. Aquí los húngaros tienen también una noria, aunque con menos historia que la de Viena. Esta plaza es conocida porque aquí es donde los jóvenes húngaros se reúnen antes de salir de fiesta para beber, concretamente a orillas de una gran fuente de agua que hay sobre la discoteca Aquarium. Sí, beber en la calle es legal en Hungría. 

Caminamos hasta la basílica de San Esteban. Es curioso porque en su interior se encuentra la mano momificada del primer rey de Hungría: Esteban I. También se puede visitar por dentro pero cierra pronto, tened cuidado porque nosotros nos quedamos sin verla por esto.

Justo en la puerta de la basílica comienza el free tour de City Tours en español de la ciudad, a las 10:30. Como somos unos madrugadores natos, aún nos queda un ratillo así que aprovechamos para desayunar algo, asumiento que no vamos a encontrar kürtőskalács, y bajamos hasta el puente de las Cadenas, oficialmente Széchenyi lánchíd.

Seguimos caminando por la orilla del río hasta el Monumento de los zapatos del Danubio y el Parlamento, que es sencillamente espectacular. Posiblemente uno de los edificios más bonitos que hemos visto nunca. Nos deja sin palabras.

El free tour resulta ser impresionante. Nuestra guía es muy buena, nos da un montón de consejos útiles y consigue que las dos horas se nos pasen volando, pese al calor que hace. El recorrido va desde la Basílica hasta el Bastión de los Pescadores, cruzando el Danubio por el Puente de las Cadenas, la verdad es que es bastante completo y, sobre todo, resume muy bien la historia de la ciudad y del país. Menos mal que esta vez hemos tenido más suerte porque no acabábamos de estar conformes con las guías que habíamos tenido en Viena y Bratislava.

Al terminar el tour, aprovechamos para hacer algunas fotos desde el Bastión de los Pescadores, desde donde se aprecian unas vistas espectaculares de Pest. Ya estamos imaginando las fotos que vamos a hacer por la noche desde aquí, con toda la ciudad iluminada. 

Bajamos hasta el muelle para coger un ferry. Esta idea nos la ha dado nuestra guía, son tres los ferrys que recorren el Danubio en zigzag: D11, D12 y D13, su precio es de 700 HUF por trayecto (ojo, porque al final del recorrido hay que bajarse obligatoriamente y coger otro billete) y están fenomenal, tienen hasta servicio bar, sillas, césped en el suelo… una pasada. Además, se puede usar el billete de 24 horas del metro para cogerlos, por lo que salen de lo más rentable. Y, por supuesto, las vistas de la ciudad son magníficas desde el río.

Nos bajamos en Gellért y cruzamos el Puente de la Libertad a pie hasta el Mercado Central. Por fin encontramos un puesto en el que venden kürtőskalács, aunque ya preparados y no tan ricos como recientes. Nos puede el ansia y nos compramos uno de aperitivo. Después, como es la hora de comer, subimos a los puestos de comida que hay arriba y nos cogemos un par de lángos, la famosa pizza húngara. Realmente es un pan frito sobre el que ponen queso y otros ingredientes, a mí el sabor me recuerda un poco al de los churros, está muy bueno.

Luego cruzamos de nuevo el puente para ir a ver la Iglesia Rupestre,una iglesia excavada en la roca del Monte Gellert. La entrada vale unos 2 euros, pero en general nos resulta muy decepcionante. La audioguía es una especie de sermón soporífero y la Iglesia en sí no nos parece nada especial. Después entramos en el Balneario de Gellert. Es posible entrar al vestíbulo principal de manera gratuita, y merece la pena. Además, desde la entrada a la famosa piscina al anuncio de yogur, se puede ver perfectamente la misma. No creo que sea necesario pagar la entrada de visitantes. Si aún teníamos dudas sobre si entrar o no al balneario, nos decide la enorme cantidad de personas que hay dentro. Demasiadas para un espacio tan reducido, así que cogemos el metro para ir hasta el balneario de Széchenyi. Curiosamente, la línea de metro que lleva hasta el balneario es de las más antiguas de Europa, la segunda despúes del metro de Londres. Las estaciones son muy pintorescas, merece la pena verlas.

Entramos al balneario. Como es más tarde de las 5, nos ofrecen la posibilidad de coger una entrada reducida para dos horas de baños. La diferencia de precio es mínima y tenemos intención de quedarnos hasta el cierre, así que cogemos la de día completo sin cabina. En realidad, no merece la pena coger cabina. En los vestuarios normales hay cambiadores individuales, la única diferencia con los vestuarios de cabina es que después de cambiarte, dejas tus pertenencias en unas taquillas que hay justo al lado en lugar de dejarlo en la propia cabina. Te facilitan una pulsera para abrir y cerrar la taquilla. La verdad es que está bastante bien montado.

El balneario es una pasada. Las piscinas interiores parecen un palacio y se está muy a gusto, sobre todo después de un día de tanto calor como ha sido el de hoy. Las piscinas están a diferentes temperaturas y hay bastante gente, pero como son muchas, no se está mal. Sobre las 7 se cierran las piscinas interiores, así que nos salimos fuera. Son tres piscinas, la central es para nadar y es necesario gorro de baño, por lo que la descartamos. Las otras dos son una de agua caliente y otra templada. En una de ellas hay una especie de jacuzzi rodeado por una estructura circular con una corriente de agua que te hace girar como si fuera un carrusel. De lo más divertido.

Nos quedamos con la tontería hasta casi la hora de cierre, aunque decidimos irnos un poco antes para evitar las aglomeraciones que imaginamos se producirán en los vestuarios tras el cierre de las piscinas. Curiosamente, algunas piscinas interiores siguen abiertas cuando salimos para ducharnos. Los vestuarios de la zona de las cabinas están bastante mejor que los otros, tienen secador de pelo y bolsas para guardar los bañadores mojados. Además, nadie te pone pegas para ducharte allí, aunque no tengas cabina.

Salimos del balneario y vamos a ver el castillo de Vajdahunyadvar que, según dicen, es en parte una copia del famoso castillo de Transilvania, el del Conde Drácula. No puedo afirmar si esto es cierto, pero el castillo es espectacular, más aún de noche iluminado. El reflejo en el río es increíble y sólo consiguen sacarnos de allí los miles de mosquitos que deciden que seamos su cena.

Al salir del castillo nos topamos con las piscinas que han montado para el Campeonato Mundial de Natación, que tiene lugar en la ciudad justo en estas fechas.

Seguimos hasta la Plaza de los Héroes con las estatuas que conmemoran a los líderes de las siete tribus fundadoras de Hungría. De ahí, bajamos por la avenida Andrássy hasta el barrio judío para cenar. Un paseo muy recomendable, por cierto, a ambos lados de la avenida hay unos edificios preciosos.

Se nos ha hecho bastante tarde y encontrar un sitio para cenar se vuelve misión imposible. Los sitios más tradicionales ya tienen la cocina cerrada y los que están abiertos o son de comida rápida o de comida internacional. Y, claro, no hemos venido a Hungría para cenar en un italiano… o sí, porque el hambre manda y, ante la desesperación, acabamos cenando en el Burger Zing, una cadena bastante popular en la ciudad.

Con la barriga llena, salimos a curiosear la zona. La verdad es que es una zona fantástica para salir de fiesta, los edificios tienen patios interiores muy chulos con bares y sitios para tomar algo, todos con una decoración muy cuidada, música y muy buen ambiente. Uno de los callejones que más nos gusta es el de Gozsdu Udvar. Se nota el buen tiempo porque hay bastante gente joven de fiesta y las calles están muy animadas. Nos gusta mucho el rollo de la ciudad, en general nos está encantando Budapest, clara ganadora del viaje. Es una ciudad muy viva, con un encanto especial.

Cansados ya, hoy rozamos de nuevo los 23 kilómetros de caminata, encaminamos para casa. Queremos ir al Szimpla Kert, aprovechando que lo tenemos al lado de casa… pero misión imposible. Está abarrotado, hay una cola para entrar que dobla la esquina. Nos quedamos alucinados. Caminando unos metros más, descubrimos un patio con un montón de foodtrucks, mesas y sillas de exterior, con una pinta estupenda y… ¡un puesto de kürtőskalács! No nos lo podemos creer, todo el día buscándolos y resulta que los teníamos al lado de casa. Por no mencionar el rato que hemos pasado buscando un sitio para cenar teniendo aquí una docena… no terminamos de atinar en este viaje.

Para no quedarnos con la espinita del ruin bar, decidimos ir a otro que tenemos cerquita de casa: Corvin Club. Este está en una azotea, pero al llegar nos piden 800 HUF por cabeza sólo por entrar y, aunque no es una cantidad desorbitada, la verdad es que estamos agotados y sólo queríamos dar una vuelta rápida, así que decidimos pasar y nos vamos a la cama.