Lanzarote
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Lanzarote

 

No es ningún secreto que somos unos auténticos enamorados de las islas Canarias. Empezamos a recorrerlas por Fuerteventura en un viaje de 5 días a finales del fatídico 2020 y regresamos en enero de 2021 para pasar tres semanas descubriendo el resto de islas… pero nos dejamos pendiente Lanzarote. Así que en febrero de 2022 hicimos una escapada de fin de semana a la isla, aprovechando un vuelo baratísimo que vimos. Y es que los inviernos en las Canarias son una gozada.

Llegada a la isla

Nada más llegar al aeropuerto de Lanzarote nos recibe una temperatura maravillosa que nada tiene que ver con el frío que hemos dejado en Madrid. Son las siete de la tarde y ya ha anochecido. Pasamos los controles y recogemos nuestro coche de Cicar esperando un buen rato en el mostrador porque hay bastante gente (Cicar sigue siendo un valor seguro :D)

Nos vamos a nuestro apartamento, que se encuentra en Costa Teguise, muy cerquita del aeropuerto y más o menos en medio de la isla, ubicación que nos ha parecido muy práctica para recorrerla de norte a sur sin tener grandes distancias hacia ninguno de los extremos. Y tras dejar el equipaje en el apartamento y coger las llaves nos vamos a cenar a un sitio cercano, con la compañía de una amiga que vive en la isla. Una agradable cena en la que no pueden faltar las papas con mojo, por supuesto. Que ganas teníamos de comida canaria y buen tiempo! 🙂

 

Un día intenso

Empezamos el sábado tempranito, a las 7 de la mañana estamos en pie y a las 7:30 saliendo por la puerta. Queremos aprovechar el día porque vamos a tener poco tiempo en la isla y hay demasiadas cosas que ver.

La Rofera

Nuestra primera parada es La Rofera o Stratified City, muy cerquita de nuestro apartamento: Aunque pueda parecer una formación natural, la Rofera es el resultado de la explotación humana, que a costa de extraer el rofe (arena volcánica) para utilizarlo en los cultivos dejo el paisaje con una pinta marciana.

La verdad es que las formaciones dan muuucho juego. Tanto que lo traíamos apuntado y algo de ropa con vuelo específica (a pesar de venir con una pequeña mochina) para hacer alguna foto aquí.

La cueva del Agua

Después de un buen rato disfrutando del amanecer y de las rocas, paramos en un pequeño rincón que nos pilla de camino a la Cueva de los Verdes/Jameos del agua. Este lugar es curioso para ver y, según tenemos entendido, también apto para el baño… aunque cuando nosotros vamos no hay nadie bañándose y no alcanzamos a entender cómo la gente se mete en el agua.. aunque imaginamos que las cuerdas que se ven en las paredes tienen algo que ver.

La Cueva de los Verdes

Mientras hacemos unas fotografías pasa el tiempo necesario para que abran la Cueva de los Verdes, nuestro siguiente punto en el mapa y uno de los que más ganas tenemos de visitar. Se trata de un túnel volcánico que se originó con la erupción del volcán La Corona. Básicamente la lava empezó a fluir desde el volcán y su paso las capas superiores se fueron solidificando mientras la parte interna seguía fluyendo a gran temperatura.

El lugar es espectacular y si además te interesa la geología, como es nuestro caso, de lo más disfrutable. Hay una sorpresa final que nos parece una maravilla, pero que es un secreto que solo se descubre a quienes visitan la cueva.

Para visitar la Cueva de los Verdes, los Jameos del Agua, Timanfaya y el Mirador del Río, la mejor opción es el bono turístico de 4 atracciones que cuesta 29€.

Los jameos del agua

Muy cerquita de la cueva están los Jameos del Agua, que básicamente son el mismo tipo de formación: un túnel volcánico pero en el que la parte superior se ha desprendido y ha quedado así abierto al exterior.  En este lugar César Manrique transformó el espacio por completo, consiguiendo crear un lugar  muy atractivo para el turismo.

Este es uno de los sitios más turísticos y visitados de la isla y, la verdad, a nosotros nos decepciona bastante. Es un sitio bonito, sobre todo la cueva y la piscina, pero la visita tiene mucho menos que la Cueva de los Verdes y, aunque lo vemos chulo para ir a tomar algo o incluso para asistir a un concierto, a nivel de visita se queda bastante corto y nos parece que su precio es algo desorbitado.

Tardamos poco en recorrer los jameos (1h, aprox.) y seguimos bordeando la costa: vamos de camino a Órzola y su cueva, pero paramos de camino en alguna playa como la del Caletón Blanco. Sin más.

 

La cueva de Órzola

La playa de Órzola ya es otra cosa: aparte de que el color del agua es precioso, la playa se encuentra justo al borde de un acantilado espectacular, que le da una sensación de recogimiento e imponencia brutal. Es un contraste curioso por el que da gusto pasear.

Por si fuera poco, justo al pie de ese acantilado se encuentra una gruta natural preciosa. Cuando llegamos ya está subiendo la marea, por lo que nos toca mojarnos un poco para llegar a ella.  El sitio es chulo y no hay mucha gente en la playa.

 

Con el paseo -posiblemente también tenga algo que ver la hora a la que nos hemos levantado- nos ha entrado en hambre. Y eso, estando en Lanzarote, se soluciona en un teleclub: En la década de los 60 en toda España aparecieron unos locales públicos en los que los vecinos podían ver la televisión. Hoy día los conocemos como centros socioculturales, pero en Lanzarote se les sigue llamando teleclubs y son unos lugares fantásticos para comer porque suelen tener buenos precios y buena comida. Nosotros, desde luego, acertamos de lleno con el que elegimos y nos ponemos las botas a base de cerveza Tropical, queso frito, gambas y mojo.

Mirador de río

Tras ir la comida nos vamos al Mirador del río, otra de las intervenciones de César Manrique en la isla. La verdad es que entramos porque lo tenemos incluido en el bono, pero las vistas son exactamente iguales que las que se tienen desde la carretera que hay justo al lado y no ssabemos hasta qué punto merece la pena pagar la entrada, que de manera independiente cuesta 5€.

Desde este mirador se puede ver la isla de La Graciosa y el conjunto de islotes que forman el  Parque Natural del Archipiélago Chinijo. La vista es una preciosidad y, de hecho, tras salir del mirador nos vamos por la carretera de la costa para poder seguir disfrutando de ella.

Mirador del Risco de Famara o El Bosquecillo

De mirador en mirador, nos vamos hasta otro de los lugares estrella de la isla a juzgar por la cantidad de gente que hay.  La vista desde aquí de los acantilados es impresionante, y más con la puesta de sol que nos regala Lanzarote.

Playa de Famara

Acabamos el día en una playa que tiene fama de tener los mejores atardeceres de España, aunque desde luego hoy no es el día. Es una playa bonita, pero no nos parece especialmente llamativa. Quizás no la hayamos pillado en su mejor día.

La Geria

Al anochecer nos vamos a la zona de la Geria y comemos en un guachinche. Queremos hacer fotos nocturnas y nos han dicho que es una zona con poca contaminación lumínica, aunque no tan poca como nos hubiera gustado. Además, se junta con que está el cielo un poco nublado y que ya hemos llegado de noche, de manera que no hemos podido encontrar ninguna localización y al final la experiencia es un poco desastrosa.

 

Últimas horas en Lanzarote

El segundo día nos lo tomamos con más calma, principalmente porque al final nos acostamos a las tantas entre fotos y demás… y, bueno, porque Timanfaya no abre hasta las 9 y es tontería ir antes.

Timanfaya

Llegamos a la entrada a las 9 y diez pasadas, pero nos dicen que no abren hasta y media, así que nos vamos hasta el aparcamiento anterior y aprovechamos para hacer algunas fotos. La foto famosa de la carretera recta no hemos conseguido saber dónde dejar el coche para hacerla porque en teoría está prohibido dejar el coche ahí y a pie es una pateada que no tenemos tiempo de hacer.

A las 9:30 entramos al parque y nos subimos al autobús. Se trata de un autobús grande que hace un recorrido sin paradas por el lugar, contando algunas curiosidades sobre su formación, pero que tiene ventanas de cristal que no se pueden abrir… vamos, un drama fotográfico en toda regla, porque además no paran. Eso sí, el recorrido es precioso, lo cual resulta verdaderamente frustrante porque nos hubiera encantado hacer fotografías en condiciones.

El charco verde

El siguiente punto que visitamos es el famoso Charco Verde, un lago de color verde que está junto a la playa y que se puede ver desde un mirador al que se llega paseando unos 5 minutos. El charco corresponde a un antiguo cráter en el que se filtra agua del mar, y que tiene ese color por el azufre del mismo y por un alga que produce clorofila. Aún así, más que el propio color verde, lo que destaca es el contraste con los colores rojizos y negruzcos que lo rodean.

Esto se aprecia sobre todo desde arriba.. la mejor vista con diferencia, más aún teniendo en cuenta que el charco se encuentra vallado y no se puede acceder a él.

 

La playa de Papagayo

Se nos va terminando el tiempo, pero no queremos irnos si disfrutar de alguna de las mejores playas que tiene la isla: Nos vamos hasta la zona del Papagayo, donde hay que pagar una entrada de 3€ por vehículo. Se accede por una pista de tierra y hay varias playas dentro. Primero visitamos la playa Mujeres, que es muy ancha, preciosa, casi virgen y que encontramos casi sin gente. Tiene una zona de arena y otra de rocas, y en ambas disfrutamos haciendo fotos. Después, nos vamos a la propia del Papagayo, pero nos encontramos justo lo contrario: lo único que nos aporta es un chiringuito -que siempre está bien a la hora de comer- peor, aunque hacemos intentona de ir, está hasta arriba. Como vamos justo de tiempo, nos despedimos de las playas y buscamos otra opción.

Hasta pronto, Lanzarote

Nuestra última parada es en un teleclub que hay cerca del aeropuerto, donde tomamos unos bocadillos antes de irnos y despedirnos de la isla. Nos dejamos muchas cosas por ver, así que nos tocará volver, pero nos vamos encantados con esta isla que nos confirma lo que ya sabíamos: las Canarias son una joya.