Estambul

Asia a un lado

al otro Europa

y allá, en su frente, Estambul.

Cuando empezamos a buscar destino para el puente de diciembre barajamos muchas posibilidades. En realidad, lo que queríamos era ir a algún lugar en el que no hiciera frío… pero mirando los vuelos a Irán nos encontramos con que Pegasus tenía vuelos a Estambul a bastante buen precio en esas fechas y ya no supimos decir que no.

Llegada

Es un poco déjà vu coger el mismo vuelo que cogimos hace poco más de un mes para ir a Teherán. Solo que, esta vez, nos bajamos en Estambul y no subimos a otro avión. De algún modo nos da pena. Nos encantaría volver a Teherán, vivimos enamorados de Irán desde que conocimos el país.

Llegamos a Sabiha Gökçen, el aeropuerto ubicado en la parte asiática de la ciudad. Nada más bajar y pasar inmigración, un proceso rapidísimo gracias al visado online que ya llevamos impreso desde España.

Lo primero que hacemos ir a sacar dinero, lo cual es un poco complicado porque la mitad de los cajeros o no van o nos piden unas comisiones altísimas. Tras revisar varios cajeros acabamos sacando dinero en el menos malo de todos, pero aún así perdemos dinero. Nos cobran 24 liras de comisión por una retirada de 800, vamos un atraco a mano armada. En la cola conocemos a un chico turco que nos ayuda a cambiar el idioma del cajero y que, cuando acabamos, nos acompaña a buscar nuestro autobús.

Optamos por el autobús E5, que cogemos con la tarjeta de transporte de Estambul que sacamos gracias a la ayuda de este chico. Es importante saber que para sacar la tarjeta hay que meter el dinero justo, o de lo contrario se cargará todo el dinero que metas como crédito de viaje. La tarjeta cuesta 6 liras y la recarga va aparte.

Este autobús nos lleva hasta Kadiköy en unos 40 minutos y, una vez allí, cogemos un ferry por 1.95 liras para cruzar al otro lado, a Karaköy.  Muy recomendable este transporte para ver la ciudad iluminada por la noche y cruzar el estrecho del Bósforo en barco.

Cruzamos a pie el puente Galata, que a estas horas tiene bastante ambiente. Hay gente cenando en sus restaurantes y los pescadores, que son habituales del lugar. La ciudad en sí tiene menos gente, vamos caminando hasta nuestro hotel a dejar las mochilas y después nos damos una vuelta por la zona de Sultan Ahmet buscando algo de cenar. Acabamos comiéndonos un kebab en un puesto que vemos y luego nos vamos al hotel.

Mezquitas y bazares

Empezamos el día yendo directos a Santa Sofía. Abren a las 9 de la mañana y se suele formar cola, así que vamos directos. Hay un montón de turistas este puente, principalmente españoles.

La entrada a Santa Sofía cuesta 72 liras.

Lo primero que vemos al entrar en Santa Sofía son andamios. Menuda decepción. El museo, porque actualmente esto no es ni una catedral ni una mezquita, está en obras y hay bastantes andamios que tapan un lateral completo de lugar.

Después de Santa Sofía nos apuntamos a un Free Tour con Via Urbis que empieza en la misma plaza y que, aunque no está mal, resulta ser un poco decepción. Primero porque no nos cuentan nada de historia de Turquía, que es lo que a nosotros más nos gusta y segundo porque somos como 40 en el grupo, que es demasiada gente.

Aunque una de las cosas interesantes de la visita es que nos llevan a la cisterna Serefiye Sarnici, que es gratuita y nos gusta bastante. Las cisternas son básicamente depósitos de agua que hay bajo la ciudad, estas son de la época bizantina y hay como unas 60 en todo Estambul… pero gratuitas solo dos.

La última parada del free tour es la mezquita conocida como Pequeña Santa Sofía, que es una réplica en miniatura de Santa Sofía de acceso gratuito.

Cuando acaba el free tour, y después de comprar unas delicias turcas en una tienda cercana, nos vamos a comer a un restaurante cercano que hemos visto mientras haciámos el tour.  Probamos el adana kebab, que nos recuerda mucho a los kebabs de Irán y el lahmacun, la popular pizza turca. De postre nos tomamos las delicias turcas, que son la cosa más espectacularmente deliciosa del mundo. Nos gustan más que los baklava, y eso ya son palabras mayores.

Tras la comida nos vamos a tomar un té a la terraza del hotel Pierre Loti, famoso por sus vistas de la Mezquita Azul. El té nos cuesta 15 liras, que no está nada mal teniendo en cuenta el sitio que es.

Tras la comida paseamos por la ciudad. Visitamos la zona del Hipódromo y hacemos algunas fotos de la mezquita Azul, aunque sin llegar a entrar. También vamos al Gran Bazar, que nos recuerda a los que vimos en Irán y al Bazar de las Especias, que está hasta arriba de gente. Es una sensación muy rara porque todo esto nos recuerda mucho a Irán, así que nos está entrando mucha nostalgia… y Estambul va perdiendo en comparación con nuestra adorada Persia.

Cruzamos el puente Galata, donde los pescadores siguen inamovibles y nos vamos hasta el barrio de Karaköy, desde donde vemos atardecer. Después, continuamos hasta la plaza Taksim, que es bastante decepcionante.  Regresamos por una calle peatonal y nos pilla la lluvia, así que acabamos refugiándonos en una librería. Nos da por preguntar por «Nosotros» de Zamiatin, el libro que coleccionamos en todos los idiomas… y resulta que hay edición turca, aunque no disponen de ella. Así que ya nuestro objetivo es localizar otra librería donde lo tengan… ¡y lo conseguimos!

Felices con nuestro libro nos paramos a cenar un Balik Ekmek, el popular kebab de pescado en un local cercano. Queríamos haber ido al puerto, pero lloviendo como está no es la mejor opción… porque además hace bastante frío.  Tras la cena nos acercamos a la torre Galata y después cruzamos el puente.

Tras cruzar el puente vemos en un sitio que tienen salep, una bebida que llevamos todo el día viendo y que queremos probar… y acierto total. Es una bebida a base de leche, azúcar y polvo de orquídea que está que te mueres, encima calentita. Es como un arroz con leche pero líquido y caliente. Brutal. Y como a golosos no nos gana nadie, también probamos el künefe en una pastelería cercana… otra cosa no sé, pero Estambul es el paraíso de los dulces. Estamos hasta arriba de azúcar.

Agotados, finalmente nos vamos al hotel a coger fuerzas para nuestro último día completo en la ciudad.

Andamios, palacios y atardeceres

Empezamos el día en la cisterna Basílica Sarnici Yerebatan, que es del siglo 532 y una de las más famosas de la ciudad. Su horario de apertura es de 9 a 17:30 y el precio de la entrada de 20 liras.

Tras la cisterna nos vamos a la mezquita Azul, cuyo acceso es gratuito…y que está llena de andamios por dentro. Pero llena, llena. Vamos, que no se ve absolutamente nada. Menuda decepción.

La siguiente parada es el palacio de Tokapi, que nos cuesta 72 liras. No nos entusiasma demasiado, casi que prefiero Golestán en Teherán y tampoco nos mató. El problema, que son demasiado europeos. Lo más curioso de todo es que tienen un edificio con el tesoro en el que hay piezas curiosísimas, como el supuesto bastón de Moisés, un pelo de la barba de Mahoma, sus dientes… una cosa rarísima.

Después vamos a la mezquita Suliemaniya, a la que llegamos por los pelos porque cierra de 12:45 a 13:45 para la oración.

Y después al palacio de Dolmebache, que nos cuesta la entrada 60 liras. Tendríamos que pagar 90 por ver el Harem también, pero leemos que están la mitad de los edificios cerrados por obras y estamos hartos de andamios. No entendemos muy bien por qué no dejan hacer fotografías dentro del palacio, sobre todo en el salón en el que termina la visita, que es espectacular.

Nos damos una vuelta por el barrio de Beşiktaş, que vendría a ser el Malasaña de Estambul. Un barrio moderno, lleno de gente joven y sitios chulos para comer o tomarse algo. Nos tomamos un kebab y de postre una cosa llamada helva, que está rellena de un helado muy denso y te mueres de lo rico que es. En serio, los dulces aquí son perdición.

Cogemos un ferry al lado asiático para ver el atardecer desde la zona conocida como «Las alfombras», en el barrio de Üsküdar. Es una pasada de atardecer, precioso con las mezquitas de fondo y el estrecho de Bósforo en medio. Impresionante.

Para rematar el día, una vez que regresamos a la zona de Sultan Ahmet, nos vamos a cenar un testi kebab, que es algo muy típico de aquí. Consiste en un guiso de carne y verduras que se prepara en una vasija de barro que rompen delante tuya a la hora de servirlo. Se acompaña de arroz y, para nuestro gusto, está muy rico.