Diario de Indonesia, Malasia y Singapur (19 y 20): Historia de un naufragio

 

Esta noche hay bastante viento y oleaje, con lo que cuesta bastante conciliar el sueño. Además, a eso de las diez, empezamos a notar una actividad inusual en el barco: se agita más de la cuenta y la tripulación está gritando, inquieta, en la parte de abajo. Uno de los italianos baja a ver qué sucede y sube de inmediato para decirnos que se ha partido una pieza del timón. Vamos a la deriva.

D y el resto de chicos bajan a ver si pueden ayudar. El momento de tensión es tremendo. Por suerte, el viento y las corrientes nos son favorables, y en vez de dirigirnos hacia alta mar o contra un acantilado, nos lleva hacia una playa, donde encallamos. Los chicos bajan para ayudar a la tripulación a empujar el barco: hay que devolverlo al agua antes de que el oleaje y las piedras consigna que se rompa el casco (Yo me quedo arriba, paralizada por el miedo :S).

Entre todos consiguen sacar el barco encallado, pero no tienen tiempo de celebrarlo demasiado porque, cuando quieren darse cuenta, se está alejando. Nadan todo lo rápido que pueden hasta que consiguen subirse y echar el ancla. Pasaremos aquí la noche y, mañana, ya se verá..

Grumetes por un día

Cuando nos despertamos, el mar está en calma. En el barco, solo está el cocinero: el capitán y el segundo de a bordo se alejan en la barquita con la pieza del timón que se partió anoche. Van a otra isla, buscando un pueblo en el que haya un soldador que lo repare.

Regresan sobre las 9 de la mañana con la pieza soldada. Ahora nuestro único problema es que hay que montarla debajo del agua: con las gafas de snórkel y por turnos, todo el mundo va colaborando en la colocación de la pieza. Hay que atornillarla, lo que no es tarea sencilla. La pieza es bastante pesada y se mueve con las olas. Además, si añadimos que hay que estar aguantando la respiración y nadando al mismo tiempo pues… eso, un trabajo divertido. 

Al rato, gritos de alegría irrumpen en la cubierta, ¡lo hemos conseguido! La pieza está colocada y el timón funciona. Levamos anclas y empezamos a movernos, ahora el problema es que hemos perdido muchas horas de navegación y estamos bastante lejos de donde deberíamos estar, así que hoy no habrá tiempo para hacer nada. 

Durante el resto del día solo navegamos. D y yo nos dedicamos a leer en cubierta y a quedarnos embobados mirando el paisaje. Aunque suene raro, la verdad es que la sensación es maravillosa: no tenemos preocupaciones, ni tareas (¡ni móvil!). Solo la brisa del mar, el horizonte, nuestro libro y 10 horas por delante sin más que hacer que leer y disfrutar.

Pasamos por la costa de la isla de Nusa Tenggara Occidental, que tiene una vegetación muy frondosa en la que no se rastro alguno de actividad humana. Cuando llegamos a Mojo island el capitán nos plantea opciones: podemos seguir navegando toda la noche hasta Lombok y llegar a primera hora o podemos hacer noche aquí y visitar las cascadas de Mojo island a primera hora, con lo que, si todo saliera a pedir de boca, llegaríamos a Lombok a las cuatro de la tarde. Decidimos apostar por Mojo island y el capitán echa el ancla. Hoy dormimos aquí.

Ese atardecer es uno de los más espectaculares que vemos en nuestra pequeña aventura marítima y, para rematar, tenemos por la noche un cielo cuajado de estrellas por el que, de vez en cuando, se cruza un murciélago gigante. 

Mojo island

Empezamos el día con un chapuzón bien temprano, para llegar a nado a Mojo island. En la entrada de la isla hay un grupito de pescadores que deben haber pasado aquí la noche. Nosotros nos aventuramos entre la vegetación, siguiendo al capitán que va a una velocidad de vértigo. Llegamos a unas cascadas que, si bien son bonitas, no nos resultan espectaculares. Además no es posible bañarse en ellas, ya que el agua está como estancada y poco apetecible. Estamos desesperados por agua dulce, pero no hasta ese punto.

Parte del grupo sigue al capitán, que sube por una pared de rocas escalando. Yo no me atrevo -me parece muy peligroso-, y D se queda conmigo. Luego nos cuentan que arriba hay una especie de pozo al que se puede saltar por medio de una liana. 

Regresamos al barco y nos ponemos a navegar. Hoy el mar está especialmente agitado y, del movimiento que tiene, termino con el estómago revuelto y sin poder probar bocado. Más tarde, cuando recuperamos la cobertura, descubrimos que acaba de haber un terremoto de 3.5 en la zona de mar por la que estamos pasando (de ahí el oleaje). Lo único que le faltaba a este viaje!

Lombok

Por fin llegamos al puerto de Lombok, donde pisamos tierra firme.  Algunos tristes porque termina la aventura, otros como yo felices de por fin salir del barco. Tenemos opiniones divididas, D cree que la tripulación lo ha hecho bastante bien y que la experiencia ha sido buena. Yo pienso que han sido demasiado temerarios y que hemos pasado riesgos innecesarios. Sinceramente, no creo que este tipo de embarcaciones sean seguras, aunque reconozco que a los pocos días se te olvida lo malo y solo recuerdas los momentos buenos. Un poco como me pasó con Ijen.

En el puerto tenemos otro pequeño momento de tensión cuando el conductor del vehículo que venía incluido en el precio del barco nos dice que no nos lleva al aeropuerto. Era algo en lo que habíamos hecho especial hincapié al contratar el barco, ya que mañana salimos muy temprano hacia Medan y hemos reservado un homestay cerca del aeropuerto. Además, la pareja de españoles tiene que coger un vuelo dentro de tres horas y ya van contrarreloj. Finalmente el chico suizo consigue hacerle entrar en razón y acepta llevarnos a todos a nuestros respectivos destinos.

Llegamos a nuestro homestay y nos despedimos de resto del grupo. El sitio es realmente una casa familiar en la que alquilan habitaciones. Los propietarios son súper amables con nosotros, nos reciben con sandía y agua embotellada. También tienen opción de cena a buen precio, así que no miramos más. Cenamos y tras una deseada ducha, que creo que es la primera de agua fría de la que no nos quejamos, nos vamos a dormir.