Diario de Irán (3): Isfahán

 

Hoy nos levantamos más tarde de lo habitual. Ayer, entre unas cosas y otras, al final nos dieron las tantas :D.

Para intentar aprovechar un poco más el día, decidimos coger un taxi para ir al centro de la ciudad. Es sorprendente lo baratos que son los taxis aquí. Nosotros estamos utilizando Snapp -una especie de Uber persa- y un trayecto de unos 15 minutos nos sale por unos 50.000 riales, que vienen a ser como 40 céntimos de euro.

Plaza de Naqsh-e Yahán

Llegamos a la plaza de Naqsh-e Yahán, que también se conoce como Plaza Real o la Plaza del Imán Jomeini.  Es el punto central de la ciudad y fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1979.  Se trata de la plaza más grande de Irán y una de las más grandes del mundo.

En la plaza hay bastante gente paseando o sentados en el césped. Un chico se nos acerca a charlar con nosotros, nos cuenta que se va a ir a vivir a Alemania y que está estudiando alemán, nos acompaña un rato en nuestro paseo y después, cuando le preguntamos por algún sitio para desayunar, nos lleva hasta una cafetería cercana. Una vez allí, nos ayuda a traducir la carta y después se despide. 

Nos llama la atención que en la cafetería hay varios grupos de mujeres, de diferentes edades. Las jóvenes visten como podría vivir cualquier chica de occidente, solo que con el hiyab. Una de ellas lleva una venda en la nariz, entendemos que porque se la acaba de operar. Hay muchísimas mujeres en Irán, y algunos hombres, con la nariz operada. Irán tiene el ratio de rinoplastias per cápita más alto de mundo.

Según nos cuentan, aquí las operaciones son relativamente económicas y, además, se operarse la nariz se considera un símbolo de estatus social. No llevan solo la tirita porque se hayan operado, sino porque quieren que se sepa que se han operado. A veces, hasta se la dejan más tiempo del necesario.  

Palacio de Ali Qapu

Después del desayuno, regresamos a la plaza. Vamos a visitar los distintos edificios que se encuentran alrededor de ella, empezando por el Palacio de Ali Qapu, un impresionante palacio de cinco plantas que fue construído en el siglo XVII. 

La entrada al Palacio de Ali Qapu nos cuesta 200.000 riales, pero al día siguiente el gobierno sube el precio a 500.000 riales para este lugar y muchos otros.

El palacio es una preciosidad, aunque eso no es novedad en Irán. Lo que sí que nos sorprende es, aparte de su espectacular terraza y de las vistas de la plaza desde la misma, la sala de música de la última planta. Es impresionante. Las paredes, por motivos estéticos y acústicos, están trabajadas en una técnica llamada tong borie, que es algo que no habíamos visto nunca y que nos parece espectacular. 

Mezquita del Imam Jomeini

Esta mezquita está considerada como la obra maestra de la arquitectura persa y, la verdad, no podemos más que estar de acuerdo. Es una preciosidad, los mosaicos de azulejos son maravillosos y de los más bonitos que veremos en todo Irán… y eso que el listón está muy alto. Es la mezquita que aparece en el reverso de los billetes de 20.000 riales, por curiosidad.

Curiosa también la orientación de la mezquita. Nos llamó la atención que estuviera como «torcida»… pues bien, al parecer este giro a la derecha que se hace al entrar se debe a que tenían que orientarla hacia La Meca. Sucede lo mismo con las dos mezquitas que hay en la plaza, lo que no deja de ser llamativo… y una pesadilla para las fotos :p 

En el centro de la mezquita hay un punto en el que se pueden escuchar más de 40 ecos, y es que esta sala es como una caja de resonancia. Desde aquí se realizaba el rezo, para tener mejor acústica. Un chico joven se sitúa en este punto y, de golpe, empieza a cantar mientras un amigo le graba. Es impresionante. Lo primero, porque tiene una voz preciosa y, lo segundo, porque en ese momento no hay nadie más en el interior de la mezquita y entre el contraluz, el silencio y su voz, se nos ponen los pelos de punta. 

Después llegan algunos turistas, concretamente un grupo organizado de españoles y se rompe la magia. No estamos viendo muchos turistas por aquí, así que cuando los vemos nos da la sensación de que «estorban» más que en otros sitios. Quizás porque nos hemos acostumbrado a lo bueno demasiado rápido.

A la salida de la mezquita se nos acerca un hombre, trabaja en una tienda de alfombras que está justo al lado y, para nuestra sorpresa, habla perfectamente español. Nos invita a un té y nos hace una demostración de alfombras, nos cuenta las distintas técnicas que existen, los materiales que utilizan y las diferentes regiones de Irán de las que provienen.

Resulta ser una explicación de lo más interesante y, aunque le hemos dicho desde el principio que no pensábamos comprar alfombras, la verdad es que se muestra de lo más agradable con nosotros y ni siquiera nos insiste para que compremos. Todo lo contrario, nos sirve dos tés y nos dice que volvamos cuando queramos, que en su tienda siempre habrá un té para nosotros y un lugar donde descansar. 

Después de esto, vamos dando un paseo por el bazar hasta la mezquita de Sheikh Lotfollah, que está justo frente al palacio de Ali Qapu, al otro lado de la plaza. La cúpula que tiene es de las cosas más bonitas y sobrecogedoras que hemos visto: su simetría, su detalle, su grandiosidad… aunque la mezquita no tiene mucho que visitar, nos quedamos un bueeeeeeeen rato allí, mirando hacia arriba con la boca abierta.

Palacio de Chehel Sotún

Después de tomarnos un kebab persa en las inmediaciones de la plaza, en un sitio en el que nos han hecho una fotografía para su pared de la fama de turistas xD, nos vamos hacia el palacio de Chehel Sotún. Este palacio fue construído por el sah Abbas II y tiene las características de lo que se conoce como jardín persa. Lo malo es que nos lo encontramos sin agua en el estanque y en obras, por lo que no es tan espectacular como habíamos visto en fotos. Nos llevamos una pequeña decepción.

Nuestra siguiente visita es al hotel Abbasi, que es un hotel de lujo precioso y que merece la pena visitar, solo por ver su increíble patio interior. Además, nos dejan pasar sin problemas y con una sonrisa, muy al estilo iraní.

Después de una parada técnica en una agencia de viajes para comprar un billete para el autobús nocturno que nos llevará mañana a Shiraz, regresamos a pie hasta la plaza. De camino, olemos algo delicioso y nos acercamos a curiosear. Es una panadería en la que venden una especie de torta que huele muy bien, aunque no sabemos qué es. Tratamos de preguntar y una señora nos ofrece el suyo para que lo probemos. Nos encanta, así que la misma mujer nos pide uno. Es una especie de pan relleno de una pasta dulce, como de canela y nueces, encima recién hecho. Morimos de placer.

La noche de Isfahán

Regresamos a la plaza, que está preciosa con la iluminación nocturna. Hay mucha más actividad tanto en la plaza como en el bazar, que ocupa todos los soportales de la misma y que, por tanto, es inmenso. 

Vamos hasta la mezquita, con la intención de entrar de nuevo, pero nos la encontramos vallada. Un señor nos ve y se va a hablar con el policía, que finalmente nos hace un gesto para que pasemos. Hacemos algunas fotos y regresamos a la plaza, que está hasta arriba de gente.

Una cosa que nos está encantando de Irán es lo mucho que se vive en la calle. Ahora mismo la plaza está llena de familias, grupos de amigos, niños montando en bicicleta, parejas jóvenes… sentados en el césped, paseando, en los bancos. Es genial la actividad que hay, el buen ambiente, la tranquilidad que se respira. 

Se nos acercan varias personas. Un señor con su hijo, que nos pregunta sobre nuestra cámara y sobre fotografía en general. Un chico joven con su novia, que nos acompaña un rato mientras nos cuenta algunas cosas de su vida y nos pregunta sobre nuestro viaje y nuestra opinión sobre su país. Un hombre que nos agradece que hayamos venido a Irán porque, según dice, no son muchos los jóvenes que se atreven a venir por libre y que, además, nos pide que contemos que Irán es un país que se puede visitar para que la gente deje de tener miedo.  Algunas personas simplemente nos saludan al pasar y nos dan la bienvenida a su país. De verdad que es increíble lo de este país. 

Historia de un taxi

Caminamos hasta el puente en el que estuvimos ayer de nuevo, con la intención de coger un taxi hasta la casa de Mehdi. La aplicación de Snapp no nos funciona y empezamos a agobiarnos un poco porque no nos para ningún taxi.

Un señor, que lleva un rato viéndonos, se acerca a preguntarnos si necesitamos ayuda. Le explicamos lo que nos pasa y nos dice que no nos preocupemos, que nos lleva él. Pensamos que es un taxista y le decimos que por cuánto, pero nos dice que no es una cuestión de dinero. La verdad es que no entendemos nada, pero nos vamos con él porque tampoco estamos para elegir.

Durante el trayecto, el hombre nos cuenta que trabaja en la Administración pública y que le gusta cuidar de los turistas que llegan a su ciudad para que se lleven una buena impresión de la misma, nos habla de su familia, de su vida y nos pregunta por nuestro viaje y por España. Al llegar a casa de Mehdi le preguntamos que cuánto es y nos dice que nada, que nos ha traído porque nos ha visto apurados y quería ayudarnos. Así, sin más. Nos quedamos alucinados, aún así le damos algo de dinero simplemente por la molestia y la gasolina, han sido casi veinte minutos de trayecto. Nos parece una pasada. De verdad que estamos abrumados por la amabilidad iraní. 

Sangría y salsa 

Llegamos a casa de Mehdi y empezamos a preparar nuestra fiesta española improvisada. Mehdi ha conseguido vino de contrabando en algún parking de a saber dónde y vamos a preparar sangría. Están emocionados. Ha venido una amiga suya, que nada más entrar en casa se quita el velo y se cambia la ropa por una más occidental. 

Ponemos música y preparamos la «cena». Nos cuenta Mehdi que en sus fiestas suelen tomar patatas fritas con yogur. No vamos a juzgarlos, solo diremos que no es tan horrible como suena. 

Nos cuentan que así es como se relacionan los jóvenes en Irán, de puertas para adentro. A nadie le importa lo que se haga en el interior de las casas, mientras la imagen pública sea decorosa y cumpla con la ley. Dentro de las casas se escucha música occidental, se bebe alcohol y los chicos bailan con las chicas, que visten como les apetece. De hecho, nos cuentan que es más que habitual que tengan relaciones antes del matrimonio y que cada vez hay más chicos y chicas que optan por la soltería. 

Escuchamos una mezcla entre canciones actuales persas, occidentales y otras típicas de Kurdistán, ya que la amiga de Mehdi es de esa zona. Incluso nos enseña su baile tradicional. Nosotros, como chotis no sabemos bailar, optamos por enseñarles a bailar salsa y bachata. 

En estos momentos, sentimos que podríamos estar en cualquier lugar del mundo. Chavales jóvenes normales, pasándoselo bien y disfrutando de una noche cualquiera. Aquí no hay república Islámica que valga, solo ganas de pasarlo bien.