Diario de Irán (10): Rayen y Bam

 

Amanecemos en la ciudad de Kerman, una ciudad que fue fundada como fortificación militar bajo el nombre de Behdesir por el fundador del imperio sasánida, Ardershir I, hacia el siglo III. Una ciudad de unos ochocientos mil habitantes y que, turísticamente, es conocida por su estratégica situación para visitar el desierto de Lut… que es uno de los motivos que nos han traído hasta aquí. Pero no el único. 

Rayen

Después del desayuno volvemos a encontrarnos con nuestro conductor Mehdi. Hoy nos vamos a ir a visitar dos ciudadelas de adobe: Rayen y Bam, empezando por la primera. De camino, Mehdi nos para en un puestecillo para comprarnos un pan típico de aquí que está increíblemente delicioso y que devoramos como si no estuviéramos comiendo cada diez minutos desde que pusimos un pie en este país. Los dátiles nos pierden. 

Como decíamos, Rayen es una fortaleza construida en adobe, que se encuentra entre las mayores construcciones realizadas en adobe del mundo. Fue construido entre los siglos X y XI y su estado de conservación es sorprendente. Nos deja alucinados lo bien que se conservan ciertas cosas aquí y, nuevamente, los pocos visitantes que hay. 

Hoy coincidimos con un grupo de fotógrafos profesionales de Teherán y con un par de familias, pero no mucha más gente. Estar en un sitio así con tan pocos turistas es un verdadero lujo. No nos quedamos más rato deambulando por la fortaleza porque ya vamos tarde y Mehdi nos está esperando fuera, dispuesto a atravesar unas carreteras más que bonitas de camino a Bam.

Bam

Nuestra siguiente parada es la ciudadela de Bam. La historia es un poco triste porque  esta ciudad hace 17 años sufrió un terrible terremoto que acabó con la vida de 105.000 personas, que se dice pronto… sobre todo porque actualmente viven aquí unas 100.000 personas, es decir, más de la mitad de la población falleció aquel día. De hecho, Mehdi nos cuenta que el cementerio es más grande que la ciudad.

A consecuencia del terremoto,  la ciudadela quedó completamente destrozada y desde entonces la están reconstruyendo tratando de ser lo más fieles posibles a  la original, incluso utilizando los mismos métodos que utilizaban en la época. Muchos turistas sacaron este lugar de su mapa tras el terremoto, pero nosotros no podemos más que recomendarlo. No solo merece muchísimo la pena, la reconstrucción está muy avanzada y se puede ver perfectamente como era la ciudadela… sino que la gente de Bam merece y necesita el turismo que llega a visitarla. Ya han sufrido bastante.

La ciudadela, según los hallazgos arqueológicos realizados, muestra evidencias de actividad humana desde el siglo 4 AC. La estructura más antigua de la ciudadela data de la época Aqueménida, que sabéis que es nuestra favorita. Sin embargo, casi toda la estructura pertenece al periodo islámico, desde los Safarvies a los Qajar. Estuvo en uso desde entonces y no fue abandonada a mitad del siglo  XIX. Vamos, una pasada.

Nosotros disfrutamos enormemente recorriendo sus laberínticas calles y subiendo hasta la fortaleza. Nos alucinan este tipo de construcciones, así que llevamos dos días disfrutando de lo lindo. No podemos comprender cómo hacían lugares tan majestuosos con adobe, de verdad que es una absoluta pasada… y pensar que somos cuatro gatos visitándolo. No damos crédito.

Buscando una foto de la muralla nos encontramos con una mujer que nos saluda y se despide de mí con un beso. Obviamente a D no le puede tocar, al ser musulmana. Nos dice algo en farsi que no entendemos, aunque suena bastante a bendición y, por sus gestos, creo entender que está feliz de habernos encontrado.  La verdad es que hay mujeres aquí que sin necesidad de palabras saben ser tremendamente entrañables.  A veces dice más una sonrisa que una frase entera.

Sopa y montañas de colores

Al salir del complejo, y ya dejando la ciudad vemos a un grupo de niñas ofreciendo tuppers de sopa. Pero tuppers de litro, no os vayáis a pensar. Al parecer hoy también es festivo, el último día de Mojarav y están regalando comida a la gente. Lo de este país es increíble… aunque, en honor a la verdad, tenemos que decir que en realidad se trata de una celebración chiíta más que iraní como tal. Pero claro, aquí el 90% de la población es chiita, así que lo mismo da.

Tras dejar la ciudad de Bam nos vamos hacia el desierto. De camino atravesamos las montañas de colores que se llaman así precisamente por los colores tan increíbles que tienen. No las llevábamos en la guía y han sido añadido de Mehdi, así que alucinamos bastante con el paisaje. Espectacular es poco.

Nos recuerdan al desierto de Gorafe, en Granada, pero mezclado con los colores del valle Arco Iris del desierto de Atacama, en Chile. Vamos, un auténtico espectáculo y un paisaje de infarto que no nos esperábamos para nada. Encima Mehdi resulta ser un gran fotógrafo y un fan absoluto de grabarnos vídeos caminando xD 

Después de las montañas llegamos a un pueblecito que parece un oasis: Sirch está enclavado en medio de las montañas, completamente áridas, pero lleno hasta arriba de una frondosa vegetación. Y, aparte de ser precioso ¿qué pasa allí? Pues que nos dan más sopa. Y aquí es más complicado decir que no que cogerlo, de verdad. Acabas antes cogiendo lo que sea y dando las gracias que tratando de rechazar a un iraní. No creemos ni que sea posible.  La sopa en concreto se llama Ash reshteh y es la misma en todas partes, una sopa tradicional a base de fideos, garbanzos y judías. No está mala. 

Después de comernos otra sopa, ya por fin llegamos al desierto. Llegamos a ver el atardecer por los pelos y porque Mehdi se ha puesto a 160 km por hora en la autopista para que no nos lo perdiéramos. Es un crack.

Un atardecer en el desierto

Tras estos dos días prácticamente solos, salvo en Bam que sí que nos hemos cruzado con más turistas, aunque tampoco algo exagerado, el llegar al desierto y encontrarlo lleno de gente nos decepciona un poco. Principalmente hay familias haciendo picnic porque, al ser festivo, se conoce que han aprovechado. El desierto en sí es una pasada, nos recuerda ligeramente a Monument Valley y los paisajes de Arizona, pero es completamente distinto a otros desiertos en los que hemos estado… y van unos cuantos.

Estropea el momento el ruido de los coches haciendo ruedas, la música de algunos grupos y la gente que llega armando jaleo o gritando. Una pena porque, de haberlo podido disfrutar en silencio, hubiera sido inolvidable. 

Después  nos movemos hacia el alojamiento donde pasaremos la noche,  que está como a 25 km del desierto. Cenamos con Mehdi y, tras la cena, volvemos al desierto para hacer algunas fotos nocturnas. En realidad nosotros queríamos acampar en el desierto pero no nos ha sido posible gestionarlo con tan poco margen, así que mañana nos tocará darnos el madrugón para poder ver el amanecer desde aquí.

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