Diario de Indonesia, Malasia y Singapur (26): Batu Caves y Putrajaya.

 

Hoy tocan excursiónes! Salimos temprano del hotel para aprovechar bien el día y llegar pronto a las Batu Caves (abren a las 7 a.m.), a ver si así no hay mucha gente (todo el mundo dice que están masificadas). Hemos optado por ir en autobús  -el 173- porque es bastante más económico que el tren, que es algo caro en esta ciudad, y también porque pasa al lado de nuestro hotel.

Batu Caves

Tardamos como 40 minutos en llegar y, la primera impresión, es que las Batu Caves son grandiosas. Tanto, que puede que resulten incluso excesivas: Las vemos ya a lo lejos, nada más bajar de autobús. Enormes y llamativas, como si no pertenecieran a este lugar. Tienen el colorido típico de los templos hindúes, pero llevado al extremo (no por nada se trata de uno de los santuarios hindúes más importantes fuera de la India!).

El templo está construido dentro de una enorme cueva natural cerca del río Batu, y está dedicado a Murugan, hijo del dios Shiva y la diosa Pavarti. Para acceder al reciento, hay que subir unas coloridas escaleras de 272 escalones y pasar bajo que es la enorme (24 metros de alto!) estatua dorada de Murungan que hay en la entrada. Nos recuerda a uno de los templos que vimos en Delhi, dedicado a Hanuman, el dios mono, pero a lo grande. Como en todos los templos hindúes, el acceso es gratuito.

Cuando llegamos parece no hay mucha gente, cosa que se agradece (menos mal que hemos venido pronto: hemos visto fotografías en las que las escaleras están absolutamente masificadas). Además, teniendo en cuenta que ya en las escaleras de subida hay bastantes monos, la cosa con mucha gente se puede complicar.

Según vamos subiendo vemos más y más monos campando a sus anchas. Es cierto que a nosotros ni se nos acercan, pero hay gente a la que sí que le quitan alguna cosa (Se conoce que estamos más que entrenados a estas alturas en el arte de evitar a los monos!). Damos una vuelta por el complejo, que realmente no nos entusiasma, y llegamos a la conclusión de que lo que más nos gusta es el entorno natural en el que se encuentra: las cuevas son una pasada y, aunque el templo en si está bien, no se integra bien con el entorno. Pensamos que, en el interior, las cuevas ganarían mucho sin el templo, pero… para gustos los colores. De la parte exterior no hay duda: es tremenda y la visita merece la pena solo por ver algo así.

Cuando terminamos, como aún es temprano, decidimos apostar por irnos a la opción más lejana de todas nuestras posibilidades: Putrajaya. Como tenemos que pasar por Kuala Lumpur, cogemos el tren en la estación que hay en el recinto de las cuevas.

Putrajaya

Cogemos el autobús número 500 para ir a Putrajaya, por 4 rb. Una vez allí, cambiamos al L15, que es el autobús local que te lleva a la zona principal de la ciudad. Nosotros optamos por bajarnos en la mezquita Tuanku Mizan Zainal Abidin y desde ahí, ir a pie.

Putrajaya es una ciudad relativamente joven, ya que fue fundada en 1995. Esta ciudad fue creada para convertirse en la capital administrativa de Malasia, es por ello que aquí se encuentran los principales edificios del gobierno del país, así como la Residencia Real y el despacho del Primer Ministro. 

La ciudad es muy bonita, se nota que fue diseñada con mimo. Consta de avenidas amplias con zonas ajardinadas y apetecibles para pasear, edificios grandes y luminosos, todo bordeando un bonito río y con un aspecto muy cuidado. El problema es que no hay gente. A este lugar se viene a trabajar y eso se nota, las calles están desiertas. La zona residencial, según sabremos más tarde, se encuentra al otro lado de río.

Visitamos el Complejo gubernamental, frente a la cual se encuentra el Palacio de Justicia. Este lugar nos recuerda ligeramente al National Mall de Washington DC, pero con un arquitectura árabe. 

Seguimos a pie, bajo un sol potente y con mucho calor, hasta la mezquita de Putra. La verdad es que esta mezquita es preciosa y la vista desde el lago, con el reflejo en el agua, es una pasada. Por dentro no es especialmente llamativa, aunque nos topamos con una mujer muy amable que se pone a hablar con nosotros y a contarnos curiosidades sobre el Islam. Acaba regalándonos un corán en inglés por nuestro matrimonio.

Cogemos el autobús frente a la mezquita para regresar a la estación y, de ahí, de nuevo el 500 para ir a Kuala Lumpur. Merece la pena ir en autobús, ya que el tren cuesta 14rb, frente a los 4 del bus, y tardan más o menos lo mismo.

Kuala Lumpur al anochecer

Volvemos al hotel para darnos un baño en la piscina y una ducha, que bien se agradece después del calor que hemos pasado. Luego nos vamos a dar una vuelta por la zona de las torres Petronas con el trípode, para hacer algunas fotos nocturnas. De vuelta al hotel, cenamos en un lugar cercano y probamos el murtabak, una especie de empanada muy rica que es bastante típica en esta zona. La verdad es que estamos agotados, así que no tardamos en caer rendidos en la cama… con vistas a las torres Petronas, ¡todo un lujo!