Diario de India&Nepal (8): Bhaktapur y Boudhanath

 

Desayunamos cerca hotel. Té masala y unos bollos. El té masala está buenísimo, lo tienen en todas partes y nos hemos aficionado a él de mala manera. Normalmente tienen dos opciones: black tea o milk tea. El primero es solo, con azúcar. El segundo, igual pero con leche. Yo prefiero el segundo, pero la verdad es que los dos están muy ricos.

Vamos hasta Ratna Park, que es el lugar desde el que salen los autobuses a Bhaktapur. No es muy complicado de encontrar el autobús correcto: solo tenemos que preguntar y enseguida nos encaminan en la dirección correcta. El autobús tarda unos 40 minutos en llegar y, curiosamente, somos los únicos turistas que hay dentro.

El precio de los autobuses es de 25 rupias por persona y siempre se paga al bajar.

Bhaktapur

Cuando llegamos a Bhaktapur pagamos la entrada: 1500 rupias por entrar al entorno de la ciudad. Nos parece una exageración, dado el nivel de vida aquí,  y sabemos que muchos turistas se cuelan, pero no nos parece ético hacer lo mismo. Cuando llevamos un rato dentro nos alegramos de nuestra decisión. Realmente son 12€ y el lugar fue gravemente dañado por el terremoto (aunque ya han empezado a reconstruirlo y hay bastante aún en pie). Con que, si nuestro dinero ayuda a reconstruir el país, estamos felices con ello. Creemos que hay que ser un poco consecuentes en la vida: Nepal esta tratando de remontar después de uno de los peores terremotos de su historia y somos los primeros a los que nos gusta disfrutar de su patrimonio, así que lo mínimo que le debemos a este país es aportar nuestro pequeño grano de arena para que reconstruyan todo esto.

La entrada a Bhaktapur cuesta 1500 rupias.

Es curioso porque aquí, algo que no pasaba en las zonas más rurales de Nepal, los niños piden dinero o dulces a cambio de una foto. Obviamente nos negamos porque no queremos incentivar ese modo de vida. Los niños tienen que estar en el colegio, no pidiendo por las calles. No cuesta mucho, si uno se fija, ver a algún adulto pendiente de si los críos recaudan o no. Es una auténtica lástima y se nos parte el corazón diciendo que no a los pequeños, pero no podemos ser partícipes de esto.

Probamos el famoso juju dahu -típico de aquí- o, como lo publicitan ellos, el king curd. Se trata de un yogur algo más denso de lo habitual, parecido al griego, pero con un sabor ligeramente cítrico. Está muy rico. Te lo sirven en un cuenco de barro que te puedes quedar. Algunos te lo dan en un recipiente de plástico.

El precio del juju dahu, yogur típico de Bhaktapu, oscila entre 35 -40 rupias.

Bouddhanath

A mediodía, cogemos el bus de regreso a Katmandú y desde allí cerca enlazamos con el que nos lleva a Bouddahnath. Todos nos cuestan lo mismo: 25 rupias.

Bouddahnath es el barrio budista de Kathmandu y posee una de la mayores estupas esféricas de Nepal. Es alucinante este lugar. Tiene cierto aire místico que, pese a la cantidad de gente que hay, invita a la reflexión. 

La entrada a Bouddha es de 200 rupias por persona.

En los alrededores de la estupa se mezclan los monjes budistas con los mendigos y la gente pasa entregando limosnas en fila (entendemos que por algún motivo religioso). No deja de ser curioso porque incluso hay vendedores que tienen fajos de billetes pequeños para dar cambio.

Vamos a comer a un sitio que sale de un callejón de la estupa. Probamos el tingmo, un pan tibetano y una especie de empanadillas llamadas shabalay que vienen a ser como unos momos pero con otra masa. Después visitamos el Parque de la Paz y aprovechamos que tiene un baño público, gratuito y relativamente limpio para ser Nepal. Eso es algo que ya hasta nos sorprende: Aquí normalmente los baños públicos apestan y están muy sucios. Incluso en los restaurantes. A menos que, obviamente, sean lugares orientados exclusivamente al turismo. Y aún así, dejan mucho que desear. Además nunca tienen papel y pocas veces tienen jabón.

Celebrando Diwali

Regresamos a Katmandú. Todas las puertas de los comercios están decoradas con mandalas de tiza, velas y, en algunos, alimentos o flores a modo de ofrenda. En muchos aún están terminando de hacer los mandalas y parece un trabajo de lo más laborioso, algunos son realmente complejos y bonitos. La ciudad está increíble.

Hemos quedado para cenar con Reyes, una chica con la que hemos hablado por Instagram y que, casualidades de la vida, se aloja en nuestra misma calle. Damos una vuelta por la ciudad viendo las decoraciones de las tiendas antes de decidirnos por un tibetano que Reyes conoce. No nos ha quedado mucha opción porque se nos ha hecho tarde  (20:30) y muchos sitios ya han cerrado. Cenamos unos momos y un pan con verduras por encima que es, posiblemente, lo más picante que hemos probado hasta la fecha. Nos lloran los ojos del picor. Muy rico, pero es como comer fuego.

Al salir callejeamos un poco buscando un sitio donde tomar algo, pero todo nos parece demasiado orientado a turistas. No sé cómo, acabamos en un callejón tras oír música típica. Resulta ser una especie de fiesta privada, en plena calle, con gente bailando y bebiendo. Enseguida nos ofrecen algo de beber y nos animan a bailar con ellos, mientras nos preguntan cosas sobre España y, cómo no, nos hablan de fútbol. Es algo muy curioso porque, de vez en cuando, alguno de ellos echa dinero en un lugar que tienen habilitado para ello. Todos aplauden y le jalean. Tienen también una especie de canción que cantan como para animar al que va a echar el dinero. Nos incluyen de inmediato en el grupo y nos enseñan incluso a bailar, aunque no se nos da excesivamente bien. Contribuimos al bote, que no sabemos muy bien para qué es, pero nos parece lo suyo ya que nos han ofrecido de beber y nos han aceptado como si fuéramos uno más. Nos Pasamos un buen rato con ellos y nos despedimos con mucha pena pero con la sensación de que nuestra última noche en Nepal ha sido perfecta.