Diario de India&Nepal (10): Amritsar

 

Nos levantamos para ir al aeropuerto a las 4 de la mañana. Un madrugón importante que sentimos que es para nada porque no hay apenas gente y pasamos todos los controles rapidísimo. Por suerte, en el aeropuerto de Delhi hay unas maravillosas tumbonas en las que nos echamos a dormir hasta el embarque. Volamos con Air India, que nos deja de piedra cuando vemos que nos ha puesto un Boeing 787 nuevo para un vuelo de una hora. Nos dan hasta de desayunar. Y eso que pensábamos que  la cena de ayer en Royal Nepal Airlines había sido algo raro.

En el aeropuerto de Amritsar nos recoge un conductor, no conseguimos quedarnos con su nombre  por mucho que lo intentamos. Nos lleva hasta el hotel City Park, que está justo al lado del Templo dorado. Dejamos las maletas y nos vamos a ver la ciudad. No tenemos mucho tiempo aquí y queremos aprovechar.

Nuestra primera misión es conseguir rupias. Lo hemos intentado sin suerte en el aeropuerto de Delhi pero el cajero no cogía nuestra tarjeta por ser Mastercard (solo aceptaba Visa). Aquí volvemos a tener problemas. En dos cajeros no hay efectivo y en el tercero nos ponen un límite de 10 mil rupias. Sacamos eso, aunque hubiéramos preferido sacar más y aprovechar nuestra penúltima retirada sin comisión.

Los cajeros en India suelen tener un límite de retirada de 10.000 rupias. Algunos, además, no admiten ciertos tipos de tarjeta. Es aconsejable llevar tanto Visa como Mastercard.

El templo dorado

Nuestra primera impresión de Amritsar es que es una ciudad muy concurrida. En la zona peatonal hay muchísima gente, todos rumbo al Templo dorado, que es la atracción principal de aquí. También hay muchísimos sij; a fin de cuentas estamos en Punjab, que es su territorio.

Vamos al Templo dorado. Los sij son muy hospitalarios, el Templo tiene puertas en los cuatro puntos cardinales para reflejar que están abiertos a todos los visitantes, sea cual sea su procedencia, raza o credo. Además, facilitan el alojamiento a los peregrinos y tienen un comedor gratuito. Hoy está especialmente colapsado porque, según nos cuentan, es un día importante debido al Diwali. Miles de peregrinos han venido de todas partes y las colas para acceder al interior del templo superan las ocho horas. La gente está apiñada entre las barandillas que forman la fila y da bastante angustia verlos. Evidentemente descartamos entrar y nos conformamos con verlo desde la orilla.

El acceso al templo es gratuito, hay que dejar los zapatos y calcetines en unas taquillas que hay a la entrada y cubrirse la cabeza con unos pañuelos que te facilitan en la puerta.

Una familia nos para y nos pide una foto. Creemos que quieren que se la hagamos pero no, quieren hacerse una foto con nosotros. Nos parece algo rarísimo, pero aceptamos con una sonrisa. Media hora más tarde ya nos hemos hecho seis o siete fotos con distintas familias. Algunos me ponen a sus bebés en brazos, que son una monería todo sea dicho. Es muy divertido porque vemos a gente que nos mira con curiosidad pero no se atreve a pedirnos la foto. También vienen grupos de amigos. Lo raro es que no suelen venir mujeres solas y que, las que vienen, normalmente, me piden la foto a mí en lugar de a D.

Lo más curioso nos pasa cuando vemos a un sij al que le hacemos una foto porque su atuendo es espectacular y él, al darse cuenta, viene corriendo detrás y nos pide un selfie. Y nosotros pensando que nos iba a regañar por hacerle la foto.

Sí, tengo lista de espera

Vamos a comer cerca del Templo. Pedimos un thali, que son unos platos combinados con un poco de todo: lentejas, arroz, garbanzos. Suele ser una gran opción para comer porque permite probar varias cosas, con uno comen dos personas y sale muy bien de precio. Lo malo es que siempre suele venir lo mismo y acaba aburriendo.

Luego damos una pequeña vuelta por las tiendas de aquí y a las tres estamos en el hotel esperando al conductor. No tenemos muy claro nuestro destino porque ninguno de los dos nos hemos conseguido entender con él. Nuestro hindi no es muy fluido y su inglés es incierto. Nos lo planteamos como una sorpresa.

La frontera

Resulta que vamos a la ceremonia de cierre de la frontera Pakistán, que está como a cuarenta minutos de Amritsar y es una cosa rarísima. Nos quedamos alucinados. Hay muchísimos indios y apenas media docena de extranjeros. Yo estoy un poco preocupada porque me he dejado el pasaporte y lo piden, pero el policía se despista cuando nos toca y paso sin enseñarlo.

El acceso es gratuito. Se recomienda llevar el pasaporte.

Esto básicamente es una pelea de gallos internacional. Una pasada. Los dos ejércitos, o una representación de los mismos, se enfrentan en la frontera con una especie de danza desfile. Mientras tanto, el público grita enloquecido y agita sus banderas. Es como un partido de fútbol.

Regresamos a la ciudad y nos vamos a cenar. Probamos la kulcha, típico de aquí, que viene a ser un pan relleno que está muy bueno. También nos tomamos de postre un lassi y un kadai, que es algo similar a las natillas, en un sitio llamado Chaman Sweets y que está tan espectacular que acabamos repitiendo.

Vamos a visitar el templo de noche. La gente nos sigue pidiendo fotos y no sé cuántos bebés he podido coger ya. El templo está precioso de noche, iluminado. Nos quedamos un buen rato sentados en la orilla del estanque. La cola sigue como está mañana, imagino que habrá avanzado pero han seguido llegando peregrinos. En los soportales hay gente durmiendo, también en la plaza que da acceso al templo. Muchísima gente.

Después del templo pasamos por el mercado y me acabo comprando un kurti, la típica blusa india larga, por 40 rupias. También probamos un helado típico de aquí llamado kulfi, que es la cosa más deliciosa que he probado jamás. Ha habido un instante en el que nos ha rodeado un grupo de niños, parecía un colegio o algo así porque iban con una mujer adulta que suponemos que era la profesora. Ha sido una auténtica locura, todos querían fotos y no nos daba la vida para satisfacer a todo el mundo. Además, se han empezado a animar otras personas de la calle y nos hemos agobiado un poco. Unos chicos de una tienda cercana se han apiadado de nosotros y han dicho algo que ha disipado el tumulto. Les hemos dado las gracias y nos hemos ido al hotel. Realmente nos vamos riendo de la situación, ha sido intenso pero divertido. Lo hacen con su mejor intención y no creo que en ningún momento pretendan agobiar a los turistas, simplemente sienten curiosidad.

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