Diario de Uganda (9): Murchison Falls
Diario de Uganda (9): Murchison Falls

Diario de Uganda (9): Murchison Falls

 

Empieza un nuevo día en Uganda y, especialmente hoy, empieza muy temprano: salimos a las 6 de la mañana porque queremos ver el amanecer en el parque.. y menudo amanecer!

El game drive

Nada más entrar en Murchison nos encontramos con dos leonas y sus crías, lo cual sumado al amanecer y al sol rojo de fondo entre las palmeras nos regala una imagen espectacular y uno de las escenas más increíbles de todo el viaje.

 

Los leones son fascinantes y no es de extrañar que sean los animales más demandados en cualquier game drive, el premio gordo. Solo verlos ahí jugando, como si fueran gatos grandes, es pura magia. Si además hay cachorros ya es un disfrute absoluto porque son una verdadera monería.

Cuando las leonas se alejan, seguimos buscando animales. Nos encontramos con los clásicos habituales: facóqueros, también llamados pumbas, antílopes de toda clase, jirafas (aquí se encuentra el mayor número de jirafas Rothschilds del mundo), búfalos y el característico mono patas, típico de este parque. No pueden faltar los babuinos, aves de todo tipo y cebras. Así que Murchison Falls se posiciona rápidamente en el top de parques de Uganda y nos quita el mal sabor de boca que nos dejó Queen Elizabeth Park.

Las cataratas

Seguimos por la visita a las cataratas. Básicamente se pueden ver desde tres perspectivas: la parte alta, a la que se llega caminando apenas unos metros y que se puede ver de manera gratuita. La parte baja, para la que hay que hacer un trekking de una hora, con muchas fotos  y paradas, que tiene un coste de 15$ por persona e incluye un guía. Y la parte acuática, para la que hay que coger un barco que te acerca hasta las cascadas, aunque no demasiado porque no está permitido, con un coste de 32$ por persona. Nosotros, obviamente, lo hacemos todo.

El trekking es muy sencillo, aunque hace un calor terrible que sumado a la humedad son como una pesadilla. Las vistas desde la parte baja de las cascadas son, con diferencia, las mejores que hay de las mismas y las que más merecen la pena.

Las Murchison falls, también conocidas como cascadas Kabalega o Kabarega, son en realidad un conjunto de 3 cascadas que se forman en el Nilo Blanco, con una altura de unos 43 metros. Es decir, no son impresionantes por su altura, sino por su fuerza. Dicen que son las cascadas más potentes del mundo.

El barco

Tras la ruta a pie, toca hacer una en barco. La verdad es que la cogemos porque sabemos que se pueden ver muchos animales desde el barco, principalmente hipopótamos y cocodrilos del Nilo, porque ya nos han avisado de que no se acercan demasiado a las cascadas.

El camino es bastante satisfactorio porque vemos una barbaridad de hipopótamos, pero sobre todo de cocodrilos… aunque los pillamos nadando porque ha llovido y cuando esto pasa, se van al agua. También, cómo no, aves de todo tipo y elefantes. Un elefante nos da bastante pena porque lleva un collar enorme alrededor del cuello, un GPS. Los utilizan en varios ejemplares para controlar las manadas y saber dónde están exactamente, también lo hacen con los leones.

Cuando nos acercamos a las cascadas y el barco se detiene el resto de turistas empiezan a protestar. Nadie les había avisado y creían que llegaríamos hasta la base de las cascadas… lo cual también es un poco absurdo pensarlo porque con la fuerza que bajan, sería un suicidio, pero bueno. El caso es que hay un barco pescando un poco más adelante y claro, les molesta que ellos sí y nosotros no. El guía explica que los barcos turísticos lo tienen prohibido y que los barcos particulares van ahí bajo su propia responsabilidad, pero no sirve de mucho.

Un game drive pasado por agua

Después del barco nos vamos a hacer otro game drive, está siendo un día de lo más completo. Volvemos a ver animales, principalmente jirafas que hay a montones en este parque. Ya no vemos leones, lo cual es una lástima. Llegado un momento empieza a llover con fuerza, mucha fuerza. Un problemón porque el suelo es de tierra y no tardan en formarse grandes charcos, barro y a complicarse la conducción. Gerard acelera para sacarnos de ahí, haciendo un ejercicio de conducción extrema que es un auténtico espectáculo. Hubiera sido más impresionante si no hubiéramos ido aterrorizados entre la lluvia, los rayos, los truenos y el río que se estaba formando en el camino, todo sea dicho… pero el caso es que conseguimos salir completamente intactos.

Acabamos el día cenando en un sitio local antes de irnos a dormir, completamente agotados.