Diario de Uganda (6 y 7): Carreteras, sonrisas y rinocerontes
Diario de Uganda (6 y 7): Carreteras, sonrisas y rinocerontes

Diario de Uganda (6 y 7): Carreteras, sonrisas y rinocerontes

 

Hoy empezamos otro día sin prisas en Uganda, con nuestro desayuno típico. Lo que suelen incluir los desayunos aquí son huevos (fritos, revueltos o en tortilla… aunque, ojo, la tortilla española es una tortilla francesa de verduras, que no os engañen), fruta, chapatis y té o café africano, que viene a ser con leche. Bastante completo y bastante bien, aunque en algunos sitios obviamente mucho mejor que en otros.

La dichosa SIM

Nuestra primera parada es en Fort Portal, en una tienda de MTB donde tenemos esperanzas de resolver el problema de la SIM. El problema al parecer es que cuando te hacen la foto con la SIM y el pasaporte para enviarla al sistema, a veces no se procesa bien y no se registra la tarjeta… y se conoce que una vez hecho el intento es imposible volver a registrar la SIM correctamente o volver a registrar cualquier cosa con ese pasaporte. Nosotros tenemos una SIM que Gerard nos ha prestado, así que pedimos que nos metan el dinero que pagamos para los 10GB de datos, que fueron 75.000 shillings, en esa SIM ya que tratar de dar de alta una nueva SIM parece terriblemente complicado.  La sorpresa es que nos dicen que no pueden confirmar que nosotros hayamos pagado esos datos porque, claro, los cogimos en otro sitio, no nos dieron factura y la SIM no se ha registrado. De hecho nos dicen que no entienden cómo pudimos pagar los datos para una SIM sin registrar. Pues muy bien.

Mientras esperamos estamos entretenidos jugando con una niña monísima que está por allí dando vueltas y que ha decidido que somos la novedad de la mañana. La verdad es que es curioso cómo vive la infancia aquí, en España me parecería impensable que una madre dejara a su hija de un año libremente en una tienda, llegando a salir incluso fuera a jugar sin inmutarse. Somos nosotros los que estamos más atacados cada vez que la cría sale corriendo, por si la atropella un coche o algo así.

Tras llevar esperando casi una hora, la mujer de la tienda nos dice que le demos un teléfono de contacto. Están intentado contactar con la oficina del aeropuerto para que confirmen los datos y nos recarguen ellos los 10GB. No nos fiamos mucho y no creemos que vaya a salir bien, pero tampoco podemos quedarnos toda la vida en la tienda, así que nos vamos.

Los aguacates

Nuestra siguiente parada es en un puesto de fruta, donde nos hacemos con un aguacate que pesará fácilmente dos kilos. Son impresionantes los aguacates aquí, no solo son enormes, sino que encima están siempre en su punto y terriblemente deliciosos… además de baratos, claro está. Es una locura, somos completamente adictos a ellos.

La familia donde compramos el puesto es majísima y al ver que llevamos cámaras no tardan en sacarnos a su bebé para que les hagamos un retrato. Nos llama mucho la atención esto de Uganda, ya hemos estado en países donde la gente quiere hacerse fotos con nosotros, selfies y cosas así, pero aquí nos ha pasado ya un par de veces lo de ver a gente que quiere que la fotografiemos con la cámara «grande». Nosotros encantados, claro está, aunque nos llama mucho la atención lo serios que se ponen para la foto. Y eso es algo que vemos mucho cuando fotografiamos a personas de otras culturas, aunque estén riendo justo antes de la foto, al poner la cámara delante se ponen serios.

Paramos a comer en un pueblo de tamaño mediano, donde compramos en un puesto callejero los famosos rolex, chapati con tortilla francesa, y unas patatas fritas. La comida en este tipo de puestos es terriblemente barata y por 3.000 shillings comemos tres personas. Nuevamente nos piden fotos y nos ponen a una niña ahí, como si estuviera posando, para que la saquemos. Curiosísimo, desde luego.

Para nuestra sorpresa, después de comer recibimos la recarga de los 10gb y un mensaje de la mujer de la oficina diciendo que lo ha conseguido. Bueno, ni tan mal, la verdad es que no lo esperábamos para nada.

Seguimos de camino a Masindi, donde dormiremos. Nos cruzamos con un escenario dantesco: un camión ha atropellado un rebaño de vacas y están todas en los laterales de la carretera, muertas y cubiertas de sangre. Menuda imagen más terrible.

Al llegar al alojamiento tenemos que cambiar de habitación porque en la nuestra el grifo pierde agua a mares. Es una suerte, porque así pasamos de una triple a dos dobles, cosa que nos viene mucho mejor. Damos una vuelta por Masindi, que realmente no tiene mucho que ver y acabamos la tarde viendo un partido de fútbol local.

Un paseo entre cuernos

 La primera parada de nuestro séptimo día en Uganda es Ziwa Rhino, un santuario de rinocerontes en el que no se permite utilizar GPS porque no quieren que los furtivos puedan localizar a los rinocerontes. Eso te da una idea de la situación de estos animales en Uganda.

En 198 murió el último rinoceronte de Uganda, en Kidepo. El país venía de una guerra civil y la caza furtiva estaba a la orden del día. Los rinocerontes son carne de cañón para estas cosas porque en Asia su cuerno está muy cotizado ya que por alguna extraña razón creen que es un revigorizarte sexual o algo así.  Hay que pensar que entre Kidepo y Murchison en Uganda llegaron a tener 700 rinocerontes, blancos y negros.

En 1996 se crea la UWA con la idea de proteger la vida salvaje del país y uno de los proyectos estrella es precisamente el de recuperar al rinoceronte. Para ello se establece un terreno de 7000 hectáreas y en 2005 se llevan ahí los primeros rinocerontes, recibidos desde países vecinos como Kenia, pero también desde zoológicos norteamericanos. De hecho, el primer rinoceronte que nació aquí se llama Obama por su ascendencia, ya que su madre era americana y su padre keniata.

El proyecto empezó con seis rinocerontes y ahora mismo tienen 33. La idea que tienen es alcanzar la cifra de 50 para empezar a reintroducirlos en los parques en los que estaban originalmente: Murchison Falls y Kidepo. Realmente es un proyecto muy positivo para el país y nos parecía importante apoyarlo durante nuestra visita… y, claro está, no todos los días tiene uno la oportunidad de caminar entre rinocerontes.

El paseo por Ziwa Rhino se hace con dos ranger que no van armados. No es necesario porque apostados junto a los rinos siempre hay un ranger, que va siguiendo a ese grupo concreto durante las 24 horas del día. El objetivo es vigilar su salud, estudiar su comportamiento y, por supuesto, protegerlos de posibles cazadores furtivos.

La caminata se hace a pie, en un terreno sin ninguna complicación. El guía nos va explicando  cosas sobre los rinocerontes y su comportamiento, por ejemplo cómo utilizan sus excrementos para delimitar su territorio o cómo se colocan siempre dándose la espalda los unos a los otros para así poder vigilar quién se acerca a ellos.

Vemos en primer lugar a una hembra con su cría y resulta fascinante. Es cierto que a esta hora los rinocerontes ya están en modo croqueta y todo lo que hacen es tumbarse a la sombra para ver pasar las horas, pero aún así tener un animal que pesa varias toneladas a apenas unos metros es algo bastante impactante.

Después de esto vemos otro grupo más grande, con 6 individuos de distinto sexo y edad. Todos ellos apaciblemente sentados bajo la sombra de un árbol, viendo pasar el día mientras se refugian el calor… calor del que nadie nos salva a nosotros porque no hay ni una sombra más a la vista. No saben ni nada los rinos…

Acabado el paseo regresamos a la entrada, donde nos encontramos con una grulla coronada. Las hemos visto antes de lejos, así que aprovechamos para hacerle fotos. Esta ave es el emblema de Uganda y aparece en su bandera, esto es así porque tiene los colores de la misma y a los ugandeses les parece bastante simbólico.

Tras salir de Ziwa Rhino nos paramos en un puesto de fruta donde por fin probamos la famosa jack fruit. Esta fruta gigantesca podría alimentar a varias familias, de hecho nosotros no conseguimos comernos ni la mitad entre 4 y le dejamos la otra mitad a la familia que nos la ha vendido porque no tenemos forma de llevarla y se nos va a estropear. Y tan solo nos cuesta 3000 shillings.

La jack fruit es llamada la fruta de todas las frutas y es una delicia. Su textura es como de gominola y su sabor una mezcla entre piña, mango, melón y papaya… aunque seguramente se puedan sacar más frutas porque la combinación es muy brutal. Posiblemente la mejor fruta que hemos probado jamás, lástima que sea tan exageradamente grande. Hemos leído que sus frutos pueden llegar a pesar 40 kilos, es que es una pasada.

Fotos, dibujos y sonrisas

Tras salir nos paramos un rato en un mercado local porque tenemos que hacer tiempo hasta las 18:30, ya que si entramos antes en Budongo nos va a tocar pagar tres días de entrada y de esta manera solo pagaremos dos.

Es un mercado de un pueblo pequeño, pero bastante grande. Nuestra entrada no es muy buena que se diga, porque en la parte de la fruta y la verdura la gente al vernos con cámara empieza a pedirnos dinero… y eso sin haber tirado ni una sola foto. Nos vamos a la zona de la ropa porque estamos buscando telas africanas, que son una preciosidad y ahí el ambiente es más amable. La gente nos saluda con eso de mzungu, cosa que nos sigue pareciendo curiosísima porque el equivalente en Europa nos parecería completamente inaceptable. A fin de cuentas mzungu significa blanco.

La cosa se empieza a animar y en un momento estamos rodeados de familias. Nuestra amiga María se ha puesto a improvisar retratos en papel y están todo encantados con la idea… y ya de paso han aprovechado para pedirnos fotos a nosotros. Hay una niña que se llama Aisha que es de lo más espabilada y está absolutamente entusiasmada con la idea de ser modelo por un día, además posa como nadie y tiene un desparpajo increíble para su edad. La verdad es que los niños aquí son una pasada, tan simpáticos, tan naturales, tan alegres… bueno, y la gente en general. Salvando alguna excepción, la verdad es que la gente nos está pareciendo de lo más amable y educada, todo son sonrisas y buenas caras vayamos donde vayamos, es una maravilla.

A las 18:30 ya nos vamos al lodge, que está en plena selva de Budongo y es una pasada.