Diario de Uganda (1 y 2): Mburo Lake y Ruhija
Diario de Uganda (1 y 2): Mburo Lake y Ruhija

Diario de Uganda (1 y 2): Mburo Lake y Ruhija

 

Hay algo de magia en viajar al continente africano. Algo adictivo. Siempre que nos hemos ido de algún país africano lo hemos hecho deseando regresar a casa… y siempre, de manera inevitable, hemos terminado con la necesidad de volver. África no es fácil, es desafiante. Es compleja. Es intensa. Y también es inolvidable.

Día 1

Nuestro primer día en Uganda es el mismo día del aterrizaje porque somos una gente a la que no le gusta perder el tiempo 🙃

La llegada

Nuestro vuelo aterriza de madrugada en Entebbe, después de una escala en Estambul y una parada a recoger gente en Kigali (Ruanda). Sí, como si fuéramos en un autobús. Tras bajar del avión y recoger nuestro equipaje, que llega sano y salvo, pasamos por el control sanitario, donde nos hacen la PCR de una manera sorprendentemente eficiente y bien organizada, y después pasamos a la zona de control de pasaportes, donde nos ponen nuestro visado. El resultado dela PCR nos llegará en aproximadamente 4 horas por correo electrónico y, hasta entonces, podemos ir al hotel. Lo que pasa es que nuestro hotel está a unsa 5 horas en coche de Entebbe.

Ya en la terminal nos topamos con el primer problema: varias de nuestras tarjetas no funcionan. Revolut directamente nos indica que no opera en el país, así que nos toca tirar con la Vivid y la N26, con las que sí conseguimos hacernos con algunos shillings, aunque la mitad de los cajeros no funcionan con Mastercard. Por estas cosas tenemos varias tarjetas de este tipo, porque nunca sabes cuándo una te va a fallar en viaje y es mejor llevar refuerzos, más cuando normalmente son gratuitas y muy fáciles de obtener.

Aprovechamos para comprar una tarjeta SIM en MTN, una de las operadoras principales del país. El chico que nos la vende, por 5.000 ugx + 75.000 ugx por 10gb de datos, nos dice que estará operativa en una hora… y nosotros confiados nos vamos (gran error, como ya veremos más adelante 😔). Nosotros estamos deseando salir del aeropuerto porque el conductor nos está esperando y porque nos espera un largo trayecto hasta Lake Mburo, nuestra primera parada del viaje.

Ya fuera de la terminal conocemos a nuestro conductor, Gerard, que llega con su Toyota Prado 4×4. Hacemos una breve charla para fijar la ruta, colocamos las maletas y nos ponemos en marcha. Como aún no tenemos la SIM activa, Gerard nos presta una tarjeta suya hasta que dispongamos de ella, para poder avisar a nuestras familias de nuestra llegada y demás.

La línea del ecuador

Nuestra primera parada es una famosa turistada: en la región de Masaka hay un punto en el que tienen montado unos tenderetes justo en la línea del ecuador, donde te muestran cómo gira el agua en cada hemisferio. Es una curiosidad y por el tiempo que lleva y el precio que tiene (10.000 ugx) bien merece la pena una parada rápida, que además aprovechamos para tomarnos un té africano (té negro especiado con leche) e ir al baño.

La gracia está en que el agua gira en un sentido al norte del ecuador y en el sentido opuesto al sur… pero en el propio ecuador no gira en absoluto. Es algo bastante chulo de ver y, aunque el sitio está turistificado al máximo, la verdad es que teniéndolo en ruta es muy recomendable parar los 10 minutos que lleva la experiencia.

La siguiente parada que hacemos ya es para comer, en un restaurante local donde nos ponen unos enormes platos de matoke, uno de los alimentos principales de Uganda que consiste en plátano verde machacado. A esto se le suma lo que ellos llaman «salsa», que consiste en un guiso de pollo. Normalmente en los restaurantes locales la comida suele consistir en un principal, a elegir entre ugali, matoke o arroz (y alguna cosa más si tienes suerte) y una salsa, que suele ser un guiso de pollo, pescado o cabra. Los precios son muy bajos, en torno a los 2€ al cambio. Eso sí, los restaurantes son muy básicos y no cumplen con los estándares occidentales… pero a nosotros es precisamente lo que nos atrae y nos gusta, salir al baño y encontrarnos con que la cocina es un fogón en el patio trasero donde campan a sus anchas gallinas y cabras. Por iniciativa de Gerard, además nos cortan y preparan unos mangos y unos aguacates que hemos comprado por el camino y que están increíblemente deliciosos… y a un precio ridículo. Hemos pagado apenas 40 céntimos por un kilo de aguacates, hecho que nos tiene maravillados.

 

Un game drive a pie

Unas horas más tarde, ya en el lago Mburo y con nuestros resultados negativos en el email, nos instalamos en nuestro alojamiento, el Hyena Hill Lodge. La verdad es que el sitio nos encanta, son unas cabañas de madera con unas vistas increíbles del valle que son una monería. Tienen baño compartido, pero como estamos solos al final es como si fuera para nosotros solos y las instalaciones comunes están genial. Nos gusta mucho y nos sorprende muy positivamente la relación calidad-precio del lugar.

Tras instalarnos y descansar un poco, nos vamos hacia el parque nacional, donde pagamos la entrada. En Uganda las entradas se pagan por periodos de 24 horas y por persona, el precio habitual es de 40$. No admiten pago en efectivo, solo con tarjeta de crédito o Mobile Money, que es un concepto muy del país y que básicamente consiste en hacer una especie de bizum desde tu saldo del teléfono. Hay que tener un poco de ojo con esto porque en algunas zonas únicamente funciona este medio de pago.

Nuestra actividad del día de hoy es un game drive a pie, este es el único sitio de Uganda donde se puede realizar  porque no hay depredadores y, por tanto, es seguro. Para nosotros resulta bastante excitante porque siempre hemos hecho los game drive en coche y estar pisando el mismo suelo que animales como los búfalos, las jirafas o los antílopes nos resulta de lo más emocionante. Eso sí, siempre manteniendo la distancia y con cuidado. Los hervíboros no son peligrosos solo si no se sienten amenazados, por eso hay que tener precaución. Obviamente el safari se hace en compañía de un ranger, en nuestro caso una mujer armada con un rifle, que nos va explicando algunas cosas sobre los animales que vamos viendo. Entre otras cosas curiosas, nos cuenta que los facóqueros tienen una memoria terrible y que muchas veces están huyendo de un depredador y a mitad de la carrera se paran porque no recuerdan de qué huyen… y entonces es cuando los cazan. Son presas fáciles, los pobres 😅.  La verdad es que es una experiencia increíble, sobre todo cuando nos topamos con una jirafa y su bebé, que están apenas unos metros delante de nosotros. Poder observarlos tan cerca y sin un coche mediante es una gozada.

Vemos también cebras a montones, búfalos, facóqueros, antílopes y babuinos.  En una zona hay un pequeño lago formado por la lluvia donde hay un montón de búfalos rebozándose en el barro y también algunas cebras que han acudido a beber agua. Una de las cosas que más nos fascinan siempre que viajamos a África es ver cómo los animales conviven entre ellos. Resulta hipnótico.

Tras el game drive nos recoge Gerard para llevarnos hasta el alojamiento, donde cenamos el embutido que hemos traído desde España. Normalmente los lodges ofrecen comidas y cenas, a un precio que ronda los 10-12 dólares y con mayor oferta que los menús de los restaurantes locales.. aunque no siempre, la verdad. En general suele ser todo bastante repetitivo. Nosotros hemos traído embutido desde casa y Satislent, que es nuestro gran hallazgo viajero, porque ya conocemos la gastronomía africana.

Tras la cena nos damos una ducha, vemos las estrellas (menos de las que esperábamos, la verdad, porque hay luna) y nos vamos a dormir absolutamente agotados.

Día 2

Nos espera un game drive por el lago Mburo y un nuevo desplazamiento en coche.

Game drive

Tras un copioso (y muy rico) desayuno (huevos revueltos, fruta, zumo, chapati y té africano) que tomamos mientras que sale el sol y que dejamos encargado la noche anterior, cosa que es costumbre aquí, nos vamos a hacer nuestro segundo game drive por Mburo. Esta vez lo hacemos en coche con Gerard. No tenemos que pagar de nuevo la entrada porque nos encontramos dentro del límite de 24 horas que tiene la entrada que ya pagamos ayer.

Los animales son los mismos que vimos ayer, todo herbívoros: jirafas, cebras, facóqueros, waterbucks, búfalos… en este parque no hay elefantes y tampoco depredadores como leones, así que los animales de aquí viven bastante tranquilos.

Con los safaris pasa una cosa curiosa: cuando lo piensas (o cuando alguien pregunta), realmente estar horas en el coche recorriendo caminos para cruzarte con animales puede parecer aburrido y/o agotador. Pero el caso es que cuando estas allí, con la expectativa de ver que te encuentras, con las miradas y los movimientos de los animales, el tiempo pasa volando. De hecho siempre nos quedamos con ganas de más.. y Mburo no es una excepción.

Tras el game drive emprendemos nuestra ruta hasta Ruhija, la entrada a Bwindi que nos corresponde para visitar a los gorilas de montaña… aunque ya explicaremos cómo funciona todo esto exactamente en nuestra próxima entrada.

Rumbo a Ruhija

De camino a Ruhija hacemos una parada técnica para que Gerard arregle la ventanilla del coche, que no baja. Mientras tanto, nosotros vamos a comer a un restaurante local donde probamos un montón de cosas: el famoso matoke, el ugali que ya conocimos en Botsuana y el karo, una masa elástica de color parduzco hecha de mijo. Las salsas del día son tilapia, pesacado seco, pollo, judías pintas y ternera en salsa. Es un sitio con mucha variedad, según nos indica Gerard. Por cierto, dato curioso, los restaurantes locales no son frecuentes porque los ugandeses raramente comen fuera de casa y los turistas no suelen frecuentarlos. La mayoría están en hoteles locales, destinados a los guías y conductores.

Aprovechamos para recorrer la ciudad, para charlar con la gente de por allí (somos como un faro en un sitio en el que parece que no se ven muchos turistas) y a sacar dinero, que vuelve a ser un drama, porque la mitad de los cajeros no funciona, la otra mitad no nos coge la tarjeta y la tercera mitad nos cobra una comisión exorbitada.

Finalmente conseguimos sacar dinero a un precio razonable y, una vez arreglada la ventanilla ya sí nos vamos hacia Ruhija.

El valle de las montañas impenetrables

El paisaje a lo largo del camino que nos lleva hasta Bwindi va cambiando sin que nos demos cuenta, pero a la vez muy rápido: pasamos de tierras planas de cultivo, de colores más bien amarillos, a zonas de montaña, verdes y frondosas.

También cambia el camino y la gente: se nota que es un entorno mucho más rural, con caminos de baches y agricultores que se nos quedan mirando cuando pasamos con nuestro 4×4. No creemos que no estén habituados al turismo, a fin de cuentas los gorilas de montaña son uno de los principales atractivos turísticos del país, más bien parece que con la pandemia los visitantes han descendido significativamente.

Cuando llegamos al alojamiento que teníamos reservado (Ruhija Gorilla Friends) nos encontramos con una sorpresa inesperada. En primer lugar, de las tres tiendas de campaña que habíamos reservado, solo nos ofrecen dos. En una tienda enana pretenden que nos metamos dos personas. En segundo lugar, de los 15$ por persona que anuncian en su web y que habíamos acordado por email, ahora nos dicen que nos cobran 20$. Les decimos que ese no es el precio que nos dijeron, de hecho les enseñamos los correos y su propia web y nos dicen que muy bien, pero que son 20$. Indignados, buscamos en Hoteles.com otro alojamiento, reservamos y nos vamos. No hacen nada por retenernos y no se bajan de la burra, incomprensiblemente porque a las horas que son ya no van a recibir nuevos clientes y tienen el alojamiento completamente vacío y las tiendas ya montadas. No nos entra en la cabeza. Tremendo.

El alojamiento que reservamos con Hotels.com resulta ser otro chasco: Al llegar nos dicen que la web luego no les paga la reservas, que además no tienen habitaciones al precio que hemos reservado y que solo nos puede ofrecer una 30$ más cara. No hay manera de hacer que entren en razón, así que nos vamos y nos ponemos a preguntar en los lodges de la zona.

Finalmente llegamos a un lodge llamado Trekkers Tavern donde aceptan dejarnos una habitación triple sin desayuno por 75$ en total. Al final salimos ganando porque esta habitación tiene baño privado y está mucho mejor que las tiendas de campaña por las que pretendían que pagáramos 60$ y bastante mejor que el hostal donde nos pedían 100$ por una habitación triple con baño compartido. El karma será.

A todo esto, ya llevamos dos días de viaje y la tarjeta SIM sigue sin funcionar. Estamos utilizando la que nos prestó Gerard, pero ya se le han agotado los datos y necesitamos tener conexión.. aunque nos da un poco igual todo porque, mañana, por fin, vamos a conocer a los gorilas!!! 🙌