Diario de Egipto: Preparativos e itinerario

 

 Si hace un par de años nos hubieran contado que íbamos a improvisar un viaje con apenas dos semanas de margen, no nos lo hubiéramos creído. Pero nosotros, que presumíamos empezar a montar nuestros viajes con un año de plazo, nos hemos visto obligados a improvisar por culpa de la pandemia.

La idea inicial era ir a Islandia, la verdad. Queríamos ver el volcán que erupcionó en marzo y, bueno, principios de julio es como el mes ideal para conocer el país… pero la cuarentena de 5 días para no vacunados hacía inviable el viaje de apenas 10 días que teníamos previsto y, bueno, que tampoco nos apetecía demasiado pasar la mitad de nuestras vacaciones encerrados en un hotel. Así que necesitábamos un plan b.

La realidad es que Egipto no era el mejor plan B posible. Siendo realistas, Julio no es un buen mes para visitar este país ni de lejos, pero las fechas de las vacaciones no admitían modificaciones (bastante la liamos el año pasado cambiando todas las vacaciones) y teníamos que irnos en julio sí o sí… y, claro, después de contemplar la opción de Egipto todo lo demás nos parecía flojo. En una semana no podíamos hacer ninguno de los lugares de nuestra lista de eternos pendientes y… bueno, hubo un momento en el que el calor no nos pareció tan preocupante y la posibilidad de ver Egipto con muy poca gente (están a medio gas turístico) empezó a parecernos muy atractiva.

¿Por libre o por agencia?

Esto es lo primero que nos tocó decidir. Egipto es un país que tiene un itinerario con pocas opciones, al menos para una semana. Obviamente si dispones de más tiempo puedes incluir muchas más cosas en la ruta, pero dónde hay que ir sí o sí es a El Cairo, Luxor y Asuán. Y el itinerario más eficiente es el que recorre el río Nilo. No nos vamos a creer más astutos que los faraones a estas alturas: no construyeron sus templos a lo largo del Nilo por casualidad.

Eso hacía que la idea de recorrer el país en motonave (un crucero por el Nilo de 3/4 días, según el sentido) resultara muy atractiva, principalmente por el tema de navegar un río como el Nilo, que nos parecía una experiencia muy interesante.  Es cierto que te limita bastante porque estás supeditados a los horarios de la embarcación y que no te permite comer donde tu quieras ni relacionarte con la gente local. A cambio, tienes un medio de transporte cómodo, que te deja en los sitios que tienes que visitar, un precio muy ajustado y unos atardeceres de infarto. Bueno, y la experiencia de navegar por el Nilo, que no es nada despreciable.

Así que, aunque tuvimos bastantes dudas, finalmente decidimos que íbamos a desplazarnos en motonave. Lo que faltaba por saber era si la íbamos a contratar por libre o íbamos a coger el típico paquete que incluye todo.

Estuvimos mirando agencias y los precios eran buenos, bastante competitivos… pero, cuando llamabas para confirmar, te metían pluses que no venían en ningún sitio (suplementos del vuelo, por ejemplo) y, claro, la cosa ya no era tan barata. Además había algo que nos tiraba para atrás: las visitas se hacían en grupo de 15 personas y no había posibilidad de ver nada por libre, ni siquiera te permitían elegir que lugares querías ver tú dentro de los sitios arqueológicos (por ejemplo, en el Valle de los Reyes todo el grupo visita las tres mismas tumbas).

Seguimos buscando agencias pero todas las agencias de aquí te vendían más o menos lo mismo. Así que buscamos agencias locales y dimos con Batran Tours, una agencia egipcia. Hablamos con Ahmed durante días y conseguimos organizar un viaje a medida, con motonave, conductor y guía para nosotros dos y sin tener que estar supeditados a ningún grupo.  El precio muy ajustado y, junto con el vuelo, más bajo que cualquier agencia española.

El vuelo

El mayor quebradero del viaje. Los vuelos directos desde Madrid a El Cairo estaban agotados cuando quisimos empezar a mirarlos. Nada, ni siquiera pagando millonadas. Había alguna opción con Egypt Air para el vuelo de vuelta solo, pero para el de ida ni rastro.  Las escalas eran un problema porque en muchos países no sabíamos qué problemas nos podían poner o qué nos iban a exigir para hacer el tránsito… y en las escalas de muchas horas, que implicaban hacer noche, esto esta un problemón. La nueva normalidad es un rollo.

Total, que al final acabamos encontrando un vuelo con Royal Jordanian, con una escala razonable (2 horas) en Ammán y un precio bastante decente.  Eso sí, llegábamos a las 2 de la madrugada a El Cairo, una hora bastante intempestiva pero bueno…

El visado

El visado se puede conseguir en el mismo aeropuerto pero, como nuestro vuelo aterrizaba de madrugada, preferimos hacerlo online. El proceso es bastante intuitivo y solo es necesario disponer de una fotografía del pasaporte. El precio, igual que allí, 25$ y la verdad es que resultó muy recomendable hacerlo online porque así te evitas esperar colas en El Cairo (en la terminal hay un solo banco para hacer el pago de la visa y se junta bastante gente). Nosotros con el visado online, pasamos de tirón y sin esperas.

El itinerario

Como decimos, Egipto en una semana tiene un itinerario que admite pocas variaciones. Básicamente hay que ir a El Cairo, Luxor y Asuán. Puedes volar directamente a Asuán, subir en motonave y Luxor y luego de ahí coger un vuelo/tren a El Cairo. Puedes volar a Luxor, bajar en motonave a Asuán y luego coger un vuelo/tren a El Cairo. O puedes volar a El Cairo, coger un vuelo/tren a Luxor/Asuán, desplazarte en motonave a la otra ciudad y luego coger un vuelo de regreso a El Cairo. Nosotros, como lo que encontramos fue un vuelo a El Cairo, nos decidimos por hacer esta última opción.

El viaje en barco dura más o menos según el sentido en el que se recorra el Nilo (a contracorriente o a favor de la misma). Es decir, si vas de Luxor a Asuán son 5D/4N y si vas de Asuán a Luxor son 4D/3N.  Por lo que estuvimos leyendo, la primera opción te daba más tiempo para realizar las visitas, así que fue la que elegimos.

Nuestro itinerario quedó así:

  1. Pirámides de Giza, Memphis y Saqqara (tras aterrizar a horas intempestivas y dormir poco). Vuelo a Luxor.
  2. Dendera y Abydos. Noche en la motonave de camino a Luxor
  3. Luxor. Paseo en globo. Valle de los Reyes, Templos de Luxor, Karnak, Medinet Habu y Hatshepsut. Esclusa de Esná y navegación hasta Edfú.
  4. Templos de Edfú y Kom Ombo.
  5. Abu Simbel, isla Elefantina y poblado Nubio.
  6. Alta presa de Asuán y templo de Philae. Vuelo a El Cairo.
  7. El Cairo: museo de la Civilización Egipcia, museo Egipcio, ciudadela de Saladino, Bazar, plaza de Tahir…
  8. Vuelo (de madrugada realmente)

Conclusiones

Una vez hemos regresado del viaje, tenemos una idea más clara del país y de lo que haríamos si volviéramos. Es cierto que el viaje ha estado genial, nos han tratato como a reyes (mejor, como a faraones!) y que nos damos con un canto en los dientes de lo bien que nos ha salido todo para el tiempo con el que organizamos pero, de repetir, seguramente lo haríamos de otra manera.

Nuestra experiencia con la motonave ha sido regular. Es muy cómodo desplazarse en barco, no lo vamos a negar. Y la experiencia de navegar por el Nilo, con unos atardeceres tan espectaculares, nos gustó muchísimo… pero todo lo demás que implica el crucero noo tanto.  ¿Por qué?  Bueno, porque la sensación es de viajar en una burbuja, sin llegar a conocer la realidad del pais y, aunque sabemos y respetamos que haya turistas que prefieran eso, nosotros no es lo que buscamos cuando viajamos.

Para empezar, la comida del barco es internacional (salvo una noche que hacen un menú egipcio y que fue la que más disfrutamos con diferencia). El resto de los días es comida muy estándar -ojo, que estaba muy buena- pero, para nosotros, descubrir la gastronomia de la zona es parte del viaje y terminar comiendo unos macarrones con tomate en Egipto, pues.. como que no. Eso nosotros, que somos así y disfrutamos las cosas de esta manera, pero es cierto que uno es un mundo y tiene que saber cómo disfrutar su viaje.

Un criterio un poco más objetivo es que el barco navega «lento»: Lo que tardaría en hacerse por carretera unas 3-4 horas, lleva un día entero en el barco. ¿Qué consecuencias tiene? Pues que al final si restas el tiempo que pierdes en desplazarte, te queda menos tiempo para las visitas. Para nosotros lo peor fue el día que visitamos el templo de Edfú y Kom Ombo. El barco paró apenas unas horas en cada templo y te toca bajarte con todos los cruceros a la vez (y tuvimos suerte de que solo había 4, al 50% de capacidad) para ver los templos deprisa y corriendo. También la mañana de Luxor fue una locura porque tuvimos que hacerlo todo en solo medio día, aunque es verdad que empezamos a las 3 de la mañana… pero teníamos que llegar al barco a comer porque después zarpaba. Con todo, y por suerte, teníamos todas las visitas privadas con nuestro guía y podíamos apurar hasta que el resto de grupos se marchaban, para tener un ratito a solas en el templo. Los grupos grandes no tenían ni eso.

Total, que ha estado bien pero no creo que volviéramos a hacer el viaje así. Seguramente contrataríamos un conductor para desplazarnos a nuestro aire y sin imposiciones horarias. Idealmente, de hecho, nos gustaría movernos en transporte público, pero es cierto que se complica bastante la cosa y posiblemente requiera mucho más tiempo. Es cierto que el crucero es cómodo y lo tienen muy bien montado, pero la sensación de no estar viviendo de verdad el país es algo que detestamos.  De hecho, para nosotros los mejores días fueron los dos últimos, cuando pudimos callejear a nuestra bola, cámara en mano y charlando con la gente local.

Que no se malinterprete, tener un guía en los templos es una maravilla porque te ayuda a ver cosas que de otra manera no verías y te contextualiza lo que tienes delante. Es cierto que nosotros íbamos bastante preparados porque habíamos leído mucho, visto muchos documentales y leído muchos podcast, pero aún así hay cosas que se te escapan y se agradece tener a alguien que te las cuente. Lo que sucede es que al final no es solo un guía en el templo, es que te llevan, te traen, te acompañan en todo momento, se quedan a esperarte mientras haces fotos… y, aunque su intención es buena, a nosotros es algo que nos coarta un poco y nos dificulta mezclarnos con la realidad del país. Sencillamente, no somos ese tipo de viajero. La parte buena es que por fin tenemos un viaje que recomendar a nuestros amigos y familiares sin arriesgarnos a que a la vuelta nos dejen de hablar 😜