Diario de Egipto (4): Edfú y Kom Ombo

 

Hoy es uno de los días más flojos del crucero. Mucha navegación y poca visita, además de que las visitas las hacemos todos a la vez porque tenemos el tiempo que para el crucero en cada sitio, así que es el día que más aglomeraciones nos encontramos en los templos.

Con todo, tenemos suerte porque solo hay 4 cruceros en el Nilo. Según nos dice Omar, lo normal es que haya unos 40.  Y encima van al 50% de su capacidad habitual. Vamos, que no hay casi turistas… y aún así a nosotros nos resultan muchísimos.

Edfú

Empezamos el día visitando el templo de Edfú, dedicado al dios Horus. Tiene un estado de conservación excelente que se debe a que permaneció muchos años bajo la arena, de hecho solo se veía la parte alta y algunos fellahs -campesinos- vivían en los alrededores del templo o incluso habían construido viviendas en su tejado. No se empezó a desenterrar hasta 1860, vamos dos días como quien dice.

Es el segundo templo más grande de Egipto, superado únicamente por Karnak y es verdad que es impresionante, desde que entras ya impone el tamaño de sus muros… pero hay muchísima gente y todos los guías hablando a la vez, así que resulta complicado encontrar un hueco donde ponerse y poder escuchar en condiciones las explicaciones de Omar.

Todos los grupos se han juntado aquí a la vez y todos tienen exactamente el mismo tiempo para la visita. La gente se mete por todas partes para hacerse fotos y, sí, nos consta que es un poco hipócrita que nos quejemos de que la gente se haga fotos con el móvil porque nosotros somos los primeros que estamos haciendo fotos con la cámara 😅 pero sí que vemos una tendencia en ciertos turistas a hacer fotos sin ton ni son con el móvil, como si las regalaran, principalmente selfies, poniéndote en medio de las fotos de los demás incluso y sin tener ningún tipo de educación ni respeto por quienes también quieren hacer fotos en ese lugar.

Es verdad que nosotros hacemos muchas fotografías durante nuestros viajes, pero siempre son fotografías muy buscadas. No somos dados a disparar a todo lo que se mueve, más que nada porque eso sería un desgaste brutal para el sensor de la cámara y una ruina… pero sí que es cierto que a veces hacemos algunas fotos menos «especiales» con el móvil y terminan siendo fotos que se pierden en la inmensidad de la galería del teléfono, que no pasamos ni al ordenador, ni volvemos a ver y que terminamos por olvidar. En nuestro caso, como llevamos las cámaras, no pasan de ser 15 o 20 por viaje, pero por el ritmo que llevan otros turistas creemos que se pueden juntar con cientos de imágenes que acabarán en el limbo una vez que hayan seleccionado los dos o tres selfies en los que se vean mejor.

Tras visitar el templo regresamos al barco para continuar la navegación hasta el siguiente punto de la ruta, aunque nos da algo de tiempo a dar un pequeño paseo antes de partir.

Kom Ombo

Llegamos sobre las 4 de la tarde, ideal para ver el atardecer. Esta vez tenemos más suerte porque el resto de grupos se cansan antes de las explicaciones y terminan saliendo del templo justo cuando nosotros, apurando la hora de regresar al barco y aprovechando el atardecer, empezamos a hacer fotografías.

Este es un templo de la época ptolemaica, especial porque está consagrado al halcón y al cocodrilo. Horus y Sobek. Tiene dos entradas, dos pasillos y, en general, dos partes diferenciadas para dos tipos de culto.

El atardecer en este templo es una maravilla y nos da mucha pena no haber podido disfrutar de otros templos a esta hora, pero los horarios de barco lo impiden. Aunque tampoco las tendríamos todas con nosotros de ir por libre, ya que hay templos que cierran pronto porque por la noche tienen espectáculo nocturno, como es el caso de Philae.

La fiesta de la galabiya

Al regresar al barco iniciamos la navegación hasta Asuán, última parada del viaje y última noche para muchos pasajeros. Así que, para celebrar esto, hay fiesta oriental. Fiesta oriental viene a significar que por fin vamos a comer comida egipcia en el barco. Ya. Era Hora! (De verdad que no entendemos qué te puede llevar a querer comer comida que puedes encontrar en cualquier restaurante de tu ciudad cuando viajas a Egipto, pero se conoce que somos una anomalía porque, según nos dicen todos a los que preguntamos, de hecho reciben quejas cuando ponen comida demasiado egipcia).

En la cena tenemos un despliegue de platos deliciosos: falafeles, baba ganoush, hummus, koshari, panes de todo tipo y, por supuesto, los postres típicos, liderados por los baklavas y el kanafeh. Disfrutamos como enanos y acabamos con un importante dolor de tripa.

Después de la cena es la fiesta de la galabiya, que básicamente es una fiesta en la que los pasajeros del barco van disfrazados con galabiyas (que es la túnica típica que se lleva aquí), aunque todo muy en plan disfraz y con mucha motivada vestida de Cleopatra a lo Elizabeth Taylor.  A nosotros personalmente no nos gusta nada este rollo porque nos parece un poco absurdo viajar a un país a disfrazarte de la ropa tradicional de ese país con artículos comprados en las tiendas de souvenirs, cuando hay montones de mercados tradicionales donde venden la ropa original que, obviamente, ni es tan pintona ni tan bonita como la que venden a los turistas para que se disfracen.